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HAY DOS DENUNCIAS DE VIOLENCIA FAMILIAR POR HORA

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UN PROBLEMA QUE NO ENCUENTRA FRENO

Hay dos denuncias de violencia familiar por hora


En los últimos 12 años se cuadruplicaron las demandas ante la Cámara Civil porteña y en la provincia de Buenos Aires hay un 20 por ciento más de casos que en 2005. Las mujeres ya no callan, pero reaccionan después de los golpes. Falta prevención y asistencia a las víctimas.



Pablo Calvo.
Clarin  16/7/06





Claudia toma un café en el Gato Negro y se sumerge en su mar de recuerdos arremolinados. Tiene 29 años, baila, canta y trabaja como extra en publicidad. Una chalina bordó le abraza el pecho. Hace tres años le había escrito a Clarín, impactada por una nota sobre maltrato infantil. Para esa época, había recobrado la memoria de su infancia, que mantuvo borrada entre los 15 y los 24 años. Gritos, puñetazos, vejaciones, un diente roto. Eran las imágenes que la sacudían desde el pasado. Hoy, mientras cae la noche y suena el murmullo de la avenida Corrientes. Claudia decide que es el momento de contar su verdad: "Mi casa fue un infierno. Mi padre vivía golpeándonos. Abusó de mí cuando era niña y me dejó embarazada en la adolescencia. Me hicieron un aborto. Recién pude denunciarlo en la adultez, luego de salir del pozo de bulimia y alcoholismo en el que me arrojó. Son marcas para toda la vida, pero cuando decidí hacerle frente al problema, comencé a soñar con una reivindicación de mi dignidad".

Sus palabras brotan como los récords que ahora salen a la luz: en los primeros seis meses del año se radicaron 2.032 denuncias por violencia familiar en el área metropolitana y se atendieron 6.196 casos desde el Ministerio de Desarrollo Humano de la provincia de Buenos Aires. Si se combinan las dos cifras, el promedio es de casi dos ataques por hora en el hogar.

Las mujeres y los chicos son los más afectados, pero también los ancianos, las personas con discapacidad, hombres golpeados en situaciones de violencia cruzada y madres atacadas por sus hijos. Los datos del Poder Judicial señalan que en los últimos 12 años se cuadruplicó la cantidad de demandas por violencia familiar ante la Cámara Civil: de las 1.009 denuncias que se registraron en 1995, se llegó a 3.779 el año pasado y, al ritmo actual, se proyectan más de 4.000 para este año. El primer semestre de 2006, según esta medición, fue el más violento desde 1995.

Por otro lado, los más de seis mil casos atendidos por el Programa de Violencia Familiar de la provincia de Buenos Aires hablan de un incremento promedio del 20 por ciento de las cifras respecto del año pasado.

Son los indicadores más actualizados, pero "apenas muestra la punta del iceberg de una realidad mucho mayor", advierte Norberto Garrote, jefe del Servicio de Violencia Familiar del Hospital Pedro Elizalde. Es cierto, porque no relevan los casos del interior del país y la cifra global crece cuando se recorren las oficinas que escuchan a las víctimas:


La Dirección General de la Mujer porteña, por ejemplo, atendió el año pasado 12.739 llamadas por violencia familiar, y 1.707 por maltrato infanto-juvenil (línea gratuita 0800-666-68537). En los tres primeros meses de 2006, el Servicio de Asistencia a la Violencia Doméstica y Sexual atendió a 5.978 personas. Hubo derivaciones a los Centros Integrales de la Mujer y a casas de refugio y de reinserción a la vida social.


La guardia de abogados del Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes porteño recibió un 40 por ciento más de consultas por violencia familiar que el año pasado. Y el maltrato infantil, según los llamados a la línea 102, saltó de 445 casos en el 2003 a 2.162 dos años después.


El Cuerpo Interdisciplinario de Protección contra la Violencia Familiar, del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, encargado de elaborar los informes de riesgo que derivan en medidas de protección de las víctimas, recibe ahora unos 20 expedientes por día, una cantidad que hace 10 años se registraba en una semana. Además, son casos más complejos, porque "antes nos llegaban dos hojitas con el resumen de la situación, ahora vienen carpetas enteras, en muchos casos de violencia crónica, que se soluciona un día pero al tiempo vuelve a ocurrir", explicaron fuentes de ese equipo (4379-1719/1736).


A modo de ejemplo de lo que pasó en el interior entre enero y junio, se informó que los tribunales de Rosario recibieron 875 nuevas denuncias y que la Dirección de Atención a la Víctima de Catamarca atendió más de 500 consultas telefónicas.

"Apreciamos un incremento de organismos que hacen detección y promueven la denuncia, pero no se ha multiplicado del mismo modo la oferta de servicios asistenciales y psicoterapéuticos del fenómeno de la violencia. Ese sigue siendo el déficit", evalúa Garrote, uno de los principales expertos del país.

Claudia termina el café y cuenta que buscó ayuda en la Asociación Argentina de Prevención de la Violencia Familiar (4953-1268), donde consideran válido su testimonio, ratificado ante la Justicia. "Tengo tres hermanos que también sufrieron agresiones. A veces nos defendíamos unos a otros, pero el castigo, la revancha, era peor. Luego se tapó todo, todos preferían evitar el tema. A veces lo niegan", es la versión de la chica de la chalina bordó.

"La verdadera epidemia es la extrema naturalización del maltrato emocional —agrega la psicóloga Graciela Ferreira, presidenta de esa Asociación—, por ejemplo en las actitudes y verbalizaciones que utilizan los adultos para dirigirse a los chicos, sobre todo de los que se creen 'clase media educada'".

"La violencia es un fenómeno emocional. Como dicen las víctimas: 'El golpe pasa, pero la experiencia emocional de la humillación, la inferiorización, y el terror queda para siempre'. Luego, provoca una cadena sin fin de sufrimientos, porque el comportamiento violento se reproduce. El maltratado puede ser un potencial maltratador", explica Ferreira, en diálogo con Clarín.

Garrote aclara que puede haber un pequeño porcentaje de "denuncias mentirosas", por ejemplo en casos controvertidos de divorcio, donde un cónyuge quiere hacerle daño al otro, atribuyéndole comportamientos violentos hacia la pareja o hacia los hijos.

El abogado Osvaldo Ortemberg, dedicado hace 40 años a casos de familia, señala que "hoy, en la clase media, hay un grado muy intenso de violencia familiar, por ejemplo cuando no alcanza el dinero, cuando hay asimetrías en los ingresos, sobre todo en favor de la mujer, y porque se verifican desde hace un tiempo fuertes desequilibrios emocionales, tanto en hombres como en mujeres".

Ortemberg dice que hasta los clientes aumentaron su nivel de agresividad: "Hace 30 años, el abogado era tratado como un médico de familia, con mucho respeto, pero ahora no, la persona violenta quiere manejar todo y, a veces, le quita la confianza a su propio abogado". Sin embargo, descubre un aspecto positivo del registro que da cuenta del aumento de las denuncias: "No perdamos de vista que tiene que ver también con el avance de los derechos del niño y de la mujer". El debilitamiento de la "aceptación social" del hombre machista y golpeador forma parte de esa contracara. Un refuerzo de la idea: en 1995 fueron denunciados por agresión sólo 18 padres, mientras que en los primeros seis meses de este año ya van 623, otro récord.

Si bien la Justicia no puede resolver por sí sola el fenómeno de la violencia familiar —se acude a ella cuando el ataque ya se perpetró—, hay resortes que podrían funcionar mejor. Hace dos años, la Corte Suprema dispuso la creación de la Oficina de Violencia Doméstica, para atender casos durante las 24 horas, pero la idea aún no se concretó. "Está demorado, porque hay que nombrar empleados y falta presupuesto", señalaron fuentes judiciales.

La protección legal tampoco parece suficiente. El Ministerio del Interior estableció el programa "Las víctimas contra la violencia", que analizará las falencias de la legislación nacional y provincial sobre violencia familiar y buscará consensuar la propuesta de una nueva ley con distintos sectores de la sociedad.

¿Cuáles son esas falencias? Por ejemplo, que la Ley 24.417, la principal en materia de violencia familiar, no establece con precisión políticas estatales de prevención, consideran sus críticos.

Ante el hecho de violencia, la Justicia deriva a los involucrados a tratamientos que no se cumplen o no dan resultado, porque la agresión, tarde o temprano, se repite.

Lo que nunca hay que hacer, coinciden todos los especialistas consultados, es callar.

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Un refugio en la casa de Rubén Darío
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Hay un cuento de Rubén Darío, El Dios bueno, que comienza con aroma a chocolate. Lo disfrutan chicos de un hospicio, protegidos allí de la guerra. Rezan, charlan, juegan. De repente, un bombardeo se burla de la bandera blanca que servía de escudo. Cañonazos, granadas. La muerte se acerca a la camita de una nena llamada Lea, pero ella junta las manos y exclama: —¡Oh buen Dios! ¡No seas malo!

El poeta nicaragüense pasó por la Argentina y vivió en una quinta del partido bonaerense de Moreno, que hoy, como en el cuento, funciona como refugio de chicos y jóvenes con discapacidad mental. Fueron víctimas del maltrato familiar y son atendidos por la Fundación Villa Angela.

Pasa una chica sin nombre que espera desde hace seis meses una pericia judicial, para que las instituciones confirmen algo que ella ya sabe: que fue lastimada por un familiar, antes de quedar abandonada. Se sienta al borde de la granja un chico que tiene el 80 por ciento del cuerpo quemado. Reconstruye el vivero un joven que suele volver de sus salidas semanales con la ropa ensangrentada. En la Navidad, un cohete incendió el techo plástico que debía proteger a las plantas de la helada, como el bombardeo enfurecido del cuento.

Sobrevivieron helechos, ficus y lazos de amor, cuyo cuidado sirve de terapia a los chicos hospedados. Es que, detrás del cartel oxidado que avisa que allí vivió el poeta, funciona desde 1998 el Programa de Prevención contra el Abuso, Abandono y Maltrato de las Personas con Discapacidad, uno de los tantos esfuerzos que se hacen desde la sociedad, sin apoyo del Estado, para atender las consecuencias de la violencia familiar.

"Estas víctimas tienen una desventaja adicional: no se pueden defender, no tienen voz para denunciar, son víctimas silenciosas", explica Sandra Balbuena, la profesora de educación especial que está a cargo del hogar. (Ayudas al 4468-1702).



El shock en los chicos "testigos"

A veces, no es necesario tener moretones para sufrir en la piel la violencia familiar. Lo saben los chicos que son "testigos de violencia", una de las formas del maltrato emocional que no figura en las estadísticas de denuncias judiciales, pero que provoca consecuencias severas, según los especialistas consultados por Clarín.

La orden de guardar silencio o la idea equivocada de no querer "delatar" a los padres que se golpean, así como la retención de imágenes violentas de la infancia, pueden provocar en esos chicos daños psicológicos graves. Además, es una de las causas de las constantes huidas del hogar de los niños afectados por problemas de violencia y maltrato. También es muy común el comportamiento antisocial de esos chicos.

El mes pasado, un adolescente de 15 años se refugió en la iglesia San Miguel Arcángel, de Rosario, escapando de la violencia en su hogar. "Le preguntamos si quería volver a su casa, pero él se negó", contó el padre Segundo a la prensa local. Al parecer, era tanto testigo como víctima.

 

(en la foto:  TERAPIA. EN LA CASA DE RUBEN DARIO, JOVENES CUIDAN ANIMALES Y PLANTAS COMO FORMA DE RECUPERACION.)
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16/07/2006 11:53 Autor: mujerescomoyo. Enlace permanente. Tema: VIOLENCIA FAMILIAR Hay 1 comentario.

AL MENOS 36 PAÍSES MANTIENEN EN VIGOR LEYES DISCRIMINATORIAS CONTRA LAS MUJERES

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Todavía existen en el mundo leyes que discriminan a las mujeres por razón de su sexo, es decir, que tratan de forma diferente a los hombres y a las mujeres, y conceden a éstas menos derechos y en menor grado.
En Arabia Saudí las mujeres no pueden votar. En Camerún es el marido quien decide si la mujer trabaja o no.
En Sudán se permiten los matrimonios forzados.
En Chile el marido es el titular de la custodia conjunta de bienes.
En al menos 36 países aún están en vigor leyes que discriminan a las mujeres.
Para Amnistía Internacional es inaceptable que más de 25 años después de la adopción de la Convención para la Eliminación de Toda Forma de Discriminación contra la Mujer de Naciones Unidas (CEDAW, por sus siglas en inglés), y 10 años después de la celebración de la Conferencia de Beijing y la adopción de su Plataforma de acción, aún sigan existiendo leyes discriminatorias en todo el mundo.
La CEDAW adoptada en 1979, reconoce explícitamente que "las mujeres siguen siendo objeto de importantes discriminaciones" y subraya que esa discriminación "viola los principios de la igualdad de derechos y del respeto de la dignidad humana".
La CEDAW ha sido ratificada por 180 países, entre los que no se encuentran Estados Unidos, Qatar, Somalia o Sudán.
Pero muchos de los países que lo han ratificado, lo han hecho formulando declaraciones o reservas que excluyen o restringen su aplicación en su territorio.
Para Amnistía Internacional, la discriminación por razón de sexo es la causa subyacente de la violencia contra las mujeres, la violación de los derechos humanos más extendida e impune que existe en el mundo.
La discriminación está presente en la cultura y la religión, pero también en el marco jurídico del propio Estado sobre aspectos familiares, económicos, laborales y de otra índole.
En algunos casos, las leyes admiten directamente la violencia contra las mujeres.
En Nigeria, la violencia intrafamiliar está permitida por ley.
En otros, la amparan, por ejemplo, permitiendo los llamados "delitos en nombre del honor" o admitiendo que la cuestión del honor se acepte como atenuante.
En Líbano, según el Código Penal, un hombre que mata a su esposa o a otra mujer de su familia, puede conseguir que le reduzcan la condena si demuestra que cometió el delito en respuesta a una relación sexual socialmente inaceptable de la víctima.
Amnistía Internacional, en el marco de su campaña mundial No más violencia contra las mujeres, que lazó en marzo de 2004 insta a todos los gobiernos a que ratifiquen la CEDAW y el Protocolo Facultativo o, si es el caso, retiren las reservas que mantengan; y que adecuen la legislación nacional al marco internacional de protección de los derechos humanos, asegurando que se enmiendan o eliminan las leyes discriminatorias hacia las mujeres.

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Informa, Amnistia Internacional

30/06/2006 13:54 Autor: mujerescomoyo. Enlace permanente. Tema: VIOLENCIA FAMILIAR No hay comentarios. Comentar.

HOMBRES MALTRADORES, MUJERES GOLPEADAS

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Considerado un problema de derechos humanos y de salud pública, la violencia familiar está presente en una de cada cinco parejas en el mundo; historias de las que decidieron decir "basta"
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Fue en el Día de la Madre, en 2005. Darío quiso ahorcarla.
"Llegué a ponerle un pie en la cara. ¿Sabes cómo se llama eso? Eso se llama pi-so-te-ar-la. Todos los nervios, las broncas que tenía con los demás, me las agarraba con mi señora, con mis hijos. Hasta que ese día estuve a punto de ahorcarla y ella dijo BASTA."
Nancy hizo la denuncia. Llevaba trece años de casada y los mismos de silencio. El personal de la comisaría de su barrio la orientó en los pasos que debía seguir. Pero, a diferencia de lo que sucede en la mayoría de los casos, Nancy y Darío no se separaron.
"No puedo decirte por qué decidí seguir con él –dice ella–. Todavía no me lo pregunté. No es fácil. Me costó mucho aceptar lo que me pasaba, porque me decía a mí misma que no podía estar ocurriéndome. Yo no era ese tipo de persona que uno tiene en el imaginario."
La historia de Nancy y Darío, una pareja de clase media que vive de un comercio en Ezeiza y de las clases de gimnasia que ella da, es apenas un ejemplo de un flagelo presente en una de cada cinco parejas: la violencia.
Se sufre a puertas cerradas, con el silencio como el peor de los testigos y, en ocasiones, con la muerte como corolario visible de ese drama social en el que la mayoría de las víctimas son mujeres que se sienten "merecedoras" del maltrato.
"En casa siempre se contó una anécdota: decían que desde que nací necesité de los golpes para estar atenta. La partera tuvo que darme un buen chirlo para que reaccionara, y por eso siempre se bromeó: "Desde chiquita, Dorita necesitó de las tundas".
Dora, Dorita, es ama de casa. Trabaja como empleada doméstica. En toda su vida, vio el mar "sólo dos veces"; la segunda, después de separarse del hombre que la golpeaba.
La violencia familiar no distingue clases sociales ni nivel educativo. "La violencia no depende de lo económico ni de la formación, sino del aprendizaje cultural –explica Analía Vega, coordinadora de los equipos interdisciplinarios de la Dirección de Coordinación Política de Géneros–. Este es uno de los tantos mitos que sobreviven en este terreno. De la violencia hace uso un hombre sin educación y hasta un médico cirujano; un hombre sin trabajo y uno que tiene varias cuentas abiertas en un banco. Las estadísticas suelen incluir a mujeres de clase media o baja, que son las que acceden a la ayuda pública y dan a conocer sus historias. En otras escalas sociales, el problema es disimulado por medio de las consultas a servicios privados: médicos, abogados y psicólogos. "
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Yo, el golpeador
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Osvaldo tiene 31 años. No pestañea. Mira fijo a los ojos y confiesa: "Yo era un monstruo. Casi mato a la madre de mis hijos. La amenacé con un puñal, la golpeé, no la apuñalé pero sí le pegué con ese puñal en la cabeza. Y todo lo hice delante de mis hijos. Ahora quiero dar la cara. Doy la cara por todo lo que hice, por el hombre que fui".

Respira entrecortado. Con las manos apretadas entre sí, se despega de una silla blanca de plástico, de esas que se adhieren al cuerpo. El aire es caliente, agobiante, y por momentos asfixiante en este cuarto de la Comisaría de la Familia que funciona en Tristán Suárez. Hasta allí se acercó Osvaldo para pedir ayuda. Quería terminar con esa locura. "Sabía que si no paraba en ese momento no iba a tener otra oportunidad. ¿Hasta dónde iba a llegar la próxima vez?", se pregunta, a pesar de que conoce la respuesta.

La falta de datos oficiales en lo referido a registros de violencia familiar da cuenta de la debilidad del sistema público con relación a este tema. De todos modos, realizar un análisis de los casos y de los homicidios en ese marco resulta complejo. En parte, depende de la denuncia de las víctimas, aunque también es cierto que no existe una sistematización en la carga de datos. Fue por eso que el Ministerio del Interior decidió crear un programa oficial destinado a asistir a las víctimas de violencia familiar y abuso sexual.

"El proyecto destinado a la violencia familiar se ocupará exclusivamente de la redacción de una nueva ley acerca de este tema –explica Eva Giberti, coordinadora del programa–. Incluye la creación de una brigada móvil de la Policía Federal para asistencia, atención y acompañamiento de las víctimas." En abril pasado, la Corte Suprema de Justicia de la Nación dio a conocer la lista de magistrados y demás funcionarios judiciales que conformarán el grupo de trabajo que ayudará en la constitución de oficinas para la atención de este tipo de violencia.

Mientras tanto, las noticias policiales, que suelen hablar equivocadamente de "crímenes pasionales", echan luz cotidiana sobre casos de violencia que tienen como ejecutores, en un 42 por ciento de los casos, a las parejas de las víctimas.
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Mi padre, el golpeador
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"Yo veía a mi viejo golpear a mi mamá; crecí con eso. Crecí llorando al lado de mi vieja, tratando de consolarla. Hasta que un día dije basta, y lo enfrenté. Así recuerda Osvaldo su niñez en Tucumán. "Pero nunca me imaginé que yo iba a hacer lo mismo, que yo iba a golpear a mi mujer, a mis hijos. Vine a Buenos Aires dispuesto a salir adelante, a formar una familia, y la formé. Al tiempo estaba ejerciendo la violencia igual que él."

Se aprende, es cultural; eso dicen de la violencia. "Existen pautas culturales que venimos arrastrando, en un contexto patriarcal, que marcan diferencias muy notorias en la educación de niños y niñas", analiza el psicólogo y especialista en el área de violencia familiar Jorge Corsi. En este mismo contexto, el mundo de lo privado es el que les corresponde a las mujeres: "Se les asignan los roles de ama de casa, socializadora, reproductora de lo cotidiano –señala María Colombo, presidenta del Consejo Nacional de la Mujer–. En cambio, los hombres asumen el mundo de lo público, los roles de independencia, racionalidad y solvencia económica".
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Tener el control
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"Me embaracé pensando que al ver la panza iba a dejar de pegarme, que al saber que llevaba un hijo suyo iba a cambiar, que iba a ser como el chico que conocí en la facultad. Pero no. Perdí a mí bebe en el sexto mes. Fue después de una paliza que casi me cuesta la vida a mí también. Era su hijo, pero él estaba seguro de que no", cuenta Martina, licenciada en marketing. Hoy tiene 33 años (prefiere no dar a conocer su rostro), una nueva pareja y un pasado que le dejó como secuela la imposibilidad de embarazarse nuevamente. Hace un año inició los trámites de adopción.

Los embarazos suelen aumentar los niveles de violencia, por lo que es frecuente que a los hospitales lleguen mujeres con pérdidas y con golpes que suelen ser fatales para la madre y para la criatura. "Tengo fresca la imagen de una mujer con un embarazo de siete meses que llevaba estampada la zapatilla del hombre que la había pateado", cuenta Liliana Balacco, inspectora de la Dirección General de Coordinación Política de Género. Una de las características de los hombres con conducta violenta es el control y la dominación, por lo que el embarazo se convierte en una amenaza hacia ese control. "Por lo general, en el marco de la violencia familiar los golpes están dirigidos a la cabeza de la víctima –señala la licenciada Analía Vega, coordinadora de los equipos interdisciplinarios de la Dirección de Coordinación Política de Géneros–. Durante el embarazo, lo más frecuente es que vayan hacia la panza, los senos y los genitales." Un avasallamiento a la condición femenina.

Osvaldo, que estuvo nueve años con su mujer, dice ahora: "No sé si la amaba. Yo creía que sí, pero hoy no lo sé. Traje tres hijos al mundo sin saber qué era hacer el amor. Lo hacía por pura satisfacción, sin importarme si ella quería o no. ¿Cuidarme? Para qué. Era sólo satisfacción. Los embarazos siempre fueron momentos muy críticos: me irritaba fácilmente porque me ganaba la desconfianza. Yo estaba seguro de que ella me engañaba, de que ese hijo por venir no era mío. Vivía haciéndoselo sentir. Le hice perder un embarazo. Tuve mi momento de arrepentimiento, pero mis dudas siguieron por mucho tiempo comiéndome la cabeza".

Aun en el marco del matrimonio puede hablarse de abuso sexual. Aquellas relaciones obligadas en las que la mujer no elige ni el momento ni las condiciones son las violaciones perpetradas por su pareja. En muchos casos, las víctimas no sólo están expuestas al abuso psíquico y físico, sino también al riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual y embarazos no deseados. En Francia, por ejemplo, el 46,9 por ciento de las mujeres fueron violadas por su cónyuge o ex pareja.

"Me costó asumir que sufría violencia. Ya separados, él abusó de mí sexualmente –narra Marcia (32)–. El no podía entender cómo yo había bajado más de 20 kilos. Me decía: «Claro, ahora te cuidás, ahora te ponés linda». No dejaba de preguntarme si estaba con alguien, si salía con «algún macho». Lo que no sabe es que no yo adelgacé por una cuestión estética, sino porque estuve un mes sin comer, con una gran angustia. Me levantaba y lo único que hacía era llorar y fumar. Ni siquiera podía atender a mis hijos." Nunca volvió con él.

Osvaldo y Nancy están en otro plan. Desde aquel Día de la Madre de 2005 creen que su historia empezó a cambiar. Aquel episodio "no fue el primero, pero sí el último", dice ella, poniendo énfasis en cada palabra.

¿Qué fue lo que cambió? "Su compromiso", aclara Nancy.

Nidia no puede decir lo mismo. Ella, a su marido, nunca le escuchó pedir perdón. "Tenía la esperanza de que fuera a cambiar, pero no. Esta es la última vez que me pega", dice, con angustia, y muestra los moretones que marcan su rostro y sus brazos.

"No quiero hacerlo más y no lo voy a hacer más –asegura Darío–. Después de que mi señora hizo la denuncia hablamos mucho en casa, y lo seguimos haciendo con el psicólogo que trabaja en la comisaría. Empecé con los grupos de hombres con conductas violentas y ella, con el de mujeres maltratadas. Mi compromiso es real. Para mí fue muy importante que mis hijos se acercaran y me dijeran: «Papá, si estás enfermo nosotros te vamos a curar ». También me di cuenta de que mis hijos necesitaban ayuda, que ellos estaban sufriendo." 

La comunicación se convirtió para Nancy, Darío y sus chicos en uno de los pilares de la familia. Todo lo hablan, nada se oculta.

"Poné en el epígrafe que lo nuestro es una misión cumplida", dice Darío.

Nancy respira profundo. Piensa que todo irá mejor. Toma con sus manos las de esta cronista y expresa su deseo más profundo: "Esta vez, espero que no me falle la intuición".

Por Fabiana Scherer
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Femicidios 
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En todo el planeta y día a día hombres y mujeres son asesinados. Mientras los asesinatos contra hombres, más numerosos, por cierto, ocurren por motivos diversos, los de mujeres en su gran mayoría son crímenes sexistas y sexuados. Muchos casos son de violaciones seguidas de homicidio, de mujeres prostituidas asesinadas por organizaciones mafiosas que las explotan, etcétera, pero muchísimos más son cometidos en el marco de las relaciones de pareja.

En la Argentina, entre 1997 y 2003 fueron asesinadas 1284 mujeres en la provincia de Buenos Aires. En los casos en que se conoce al victimario, el 70% corresponde a quien fue su pareja, ex pareja, concubino, novio o amante. Uno de los argumentos que contribuyen a la impunidad de estos crímenes son las argumentaciones que tienden a disculpar y a representar a los agresores como "locos" o a concebir estas muertes como "crímenes pasionales". Estos crímenes deben ser comprendidos en el contexto más amplio de las relaciones de dominio y control masculino sobre las mujeres, propias de culturas patriarcales, con sus múltiples mecanismos de violentar y silenciar. Para dar cuenta del carácter sexista se habla de "femicidios, un concepto que quiere indicar el carácter social y generalizado de la violencia basada en la inequidad de género.

Por Silvia Chejter 

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Los niños como testigos
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Es interesante reparar en la trascendencia de la familia y admitir que, más allá del concepto idealizado que tenemos de ella, debemos aceptar que en su seno se desarrollan episodios violentos. Dichos acontecimientos se vinculan con el ejercicio de la fuerza en la interacción de sus miembros. La fuerza que se despliega no siempre es física; frecuentemente es psicológica. Sucede habitualmente que los más vulnerables son los niños, como víctimas que son de la violencia que sufren a manos de sus padres o como testigos de la que protagonizan éstos. Así podrán registrar carencias de estimulación y de afecto que establecerán un vinculo inseguro con las figuras paternas y afianzarán un modelo de sí mismo y de su relación con los demás marcadamente negativo. Aquel que recibe el rechazo y el desprecio por parte de sus progenitores se reconocerá a sí mismo indigno y merecedor de castigos. Las consecuencias pueden estar vinculadas con las secuelas físicas, si fue el castigo corporal el que primó, sin omitir la repercusión que en su salud mental provocará cualquier tipo de maltrato o abuso sufrido.
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Por Dr. Norberto R. Garrote 
Jefe de la Unidad de Violencia Familiar del Hospital General de Niños Dr. Pedro de Elizalde

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La Nacion  21/5/06

HOMBRES VIOLENTOS Y REHABILITACION GRUPAL

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CONDUCTAS : EXPERIENCIA EN LA CIUDAD DE BUENOS AIRES

Más de 600 hombres violentos ya hicieron rehabilitación grupal



Concurren a sesiones de terapia donde pueden analizar su comportamiento. Tras el reconocimiento de las causas, los especialistas intentan su recuperación. La mayoría llegan derivados por juzgados, la Policía, hospitales u otros organismos oficiales.



Georgina Elustondo.
clarin 29/12/05



Tantas veces prometió que era la última vez que no puede ni contarlas. Tantas veces juró cortarse las manos antes de volver a hacerlo que verlas ahí, nerviosas, frente a sus ojos, no hace más que volver a confirmarle la dimensión de su fracaso.

"El límite mío era la sangre. Cuando a ella le salía sangre después de una discusión me volvía loco de culpa. Juraba que nunca más y lo volvía a hacer". Julio se mira las manos con odio. Sus ojos, esquivos, no hacen más que contar una profunda bronca contra sí mismo, una bronca que descargó mil veces contra su mujer. "Ves cómo funciona —retoma, solito—. Dije discusión y no... Eran golpes".

La tragedia de Julio (que no se llama Julio y que se sienta frente a Clarín con la vergüenza impresa en su rostro) no es menor que la que ha arruinado la vida de su ex mujer: los golpes que recibió le mataron un hijo de cinco meses en su vientre y le quitaron para siempre el cuarenta por ciento de su visión. Lo confiesa él, y agrega: "Igual ella dice que le dolió menos el cuerpo que el corazón. No la veo hace más de un año y no sé si alguna vez podremos volver. Lo que aprendí en el grupo es que si no resuelvo esto voy a repetir la historia, con ella o con otra. O cambio o me pego un tiro".

Julio es uno de los 600 hombres violentos que, desde 1997, buscaron ayuda en los grupos de rehabilitación para golpeadores del Programa de Prevención y Asistencia a la Violencia Familiar de la Dirección General de la Mujer del Gobierno porteño.

"El programa surgió para dar una respuesta integral a la problemática de la violencia contra la mujer. El objetivo es ofrecer una alternativa de recuperación a los hombres y buscar nuevas maneras de luchar contra el silencio, el socio por excelencia de la violencia doméstica", dice Débora Tomasini, coordinadora general del servicio.

Más del 50% de los hombres que asiste el Programa llegan por derivación de la Justicia (32%), la Policía, los hospitales u otros organismos oficiales. El resto lo hace por propia voluntad (porcentaje que incluye a los que se suman por recomendación de los abogados cuando les hacen una denuncia por maltrato). "Los mejores resultados se observan en quienes llegan por propia decisión, pero el nivel de deserción es alto. Promedia el 50%", apunta Tomasini.

Carmen Storani, al frente de la DGM, destaca que "el eje de nuestro trabajo es rescatar a las víctimas mujeres" y que el hombre "bajo ningún punto de vista" es considerado una víctima. "Es el victimario, pero es importante recuperarlo para romper el círculo de la violencia, porque es probable que repita esos vínculos con otras personas. De todos modos, se les exige un fuerte compromiso con el tratamiento: tienen un espacio en tanto y en cuanto asuman su responsabilidad".

Tomasini explica que en materia de violencia doméstica no hay reglas, pero arriesga algunas generalizaciones sobre el perfil del hombre violento:


Tiende a desculpabilizarse y a depositar en el otro la responsabilidad de su furia, lo cual hace que no pueda reconocer que está en problemas.


Tiene tendencia a la justificación: trata de fundamentar su actitud en algún episodio disparador. Y distorsiona la realidad para no sentirse culpable.


Tiene una fuerte restricción emocional: por la imposibilidad de contactarse con sus sentimientos y, por lo tanto, de ponerlos en palabras, en lugar de hablar, actúa.


Tiene baja tolerancia a la frustración y es muy impulsivo.


Tiene baja autoestima. Es muy inseguro e intenta reafirmar su autoridad a través de la violencia. Si lo contradicen o lo cuestionan se siente jaqueado.


Es muy celoso, y vive con una gran ansiedad ese problema.

Un dato que rema contra los prejuicios habituales tiene que ver con el nivel socioeducativo de los agresores: "Muchos son de clase media, con estudios secundarios y hasta universitarios, propietarios y con inserción laboral. Pocos casos son marginales", apunta Tomasini, y suma otra información que también desmiente el imaginario popular sobre el hombre violento: "Menos del 5% tiene trastornos mentales severos, como psicosis o perversiones. La mayoría es muy consciente de lo que hacen".

De todos modos, aclara, "el agresor también padece. En general no tiene una previsión del daño que va a causar. Se arrepiente de verdad y, en ese momento, cree que su voluntad de no repetir la agresión le va a bastar para resolver el tema, y no es así. El hombre violento no se recupera sin ayuda profesional, porque es un rasgo de su personalidad", subraya.

La recuperación no es fácil. Y por eso los objetivos son acotados: "Lo primero es poner fin a la situación de riesgo y lograr estabilidad emocional. Una vez lograda esa mejoría se los deriva a una terapia individual", explica Storani. El abordaje grupal se mantiene hasta que el hombre logra tomar conciencia de sus dificultades para manejar sus impulsos y para expresar lo que siente, además de aprender a detectar cuáles son los síntomas previos a la irrupción de la violencia aguda para poder preverla y evitarla.

Los talleres, gratuitos y nocturnos, son semanales. Hay una entrevista de admisión previa a la derivación a uno de los grupos, donde suelen estar un promedio de ocho meses. "Venir al grupo es un paso importante —sostiene Tomasini—. Poder hablar y reconocer que uno tiene un problema es la puerta de entrada a la recuperación y a una vida distinta".


Dónde pedir ayuda



Dirección General de la Mujer: teléfonos 4954-8415 y 0800-66-68537

Programa Grupo de Autoayuda para Hombres Violentos: 4956-1768. Hipólito Yrigoyen 3202, Capital.



Prevenir desde el noviazgo




La violencia se repite y se transmite. Generación tras generación, en la mayoría de los casos, los vínculos violentos saltan de padres a hijos con preocupante insistencia: el 80% de los que asisten al programa vienen de familias violentas.

A partir de ese registro, la Dirección de la Mujer resolvió crear el programa Noviazgos Violentos, por el que ya pasaron 150 adolescentes de entre 13 y 21 años que han vivido situaciones de violencia física, emocional y sexual en sus relaciones de pareja. El objetivo es ayudarlos desde muy temprano para que puedan evitarlas y prevenir conductas más graves en el futuro.





La ley contempla las terapias




En nuestro país, la ley 24.417 de Protección contra la Violencia Familiar contempla intervenciones terapéuticas y le adjudica al juez la responsabilidad de "instar" a las partes a concurrir a tratamientos especializados para su recuperación. El problema es que la norma establece que el juez debe proponer (y no "imponer") estas alternativas, con lo cual no hay sanción ante el incumplimiento de la disposición judicial. El compromiso con el tratamiento queda supeditado a la decisión personal del agresor.

El tema de la rehabilitación de hombres violentos trepó posiciones en la agenda internacional luego de que la Organización Mundial de la Salud advirtiera, en 2001, que el problema de la violencia familiar no se resolvía con la atención de la víctima y recomendara tratar también a los golpeadores. Según sus datos, estos programas tienen resultados que no hay que desestimar al momento de encarar estrategias de prevención: entre el 50% y el 90% de los que terminan sus tratamientos permanecen "no violentos" durante períodos que van desde seis meses a tres años (el tema está muy bien reflejado en la película española Te doy mis ojos, estrenada en 2003).

En Argentina no abundan las opciones terapéuticas especializadas en la atención a hombres violentos. En la provincia de Buenos Aires sólo una Comisaría de la Mujer, la de Ezeiza, tiene grupos de reflexión sobre el tema, al que acuden entre 4 y 10 hombres por semana.

29/12/2005 11:14 Autor: mujerescomoyo. Enlace permanente. Tema: VIOLENCIA FAMILIAR No hay comentarios. Comentar.

LINEA DE CRISIS

mujeres_148944.jpgExisten muchos mitos comunes sobre la violencia doméstica que perpetúan una visión distorsionada de su naturaleza y sus causas. La siguiente lista porporciona un punto de partida: esperamos que lo inciten a examinar sus creencias y que le proporcione datos útiles.
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Mito # 1
La furia causa la violencia doméstica: aquellos que maltratan no sienten más furia que el resto de la humanidad. Utilizan la furia como excusa y justificación para su comportamiento. Todos sentimos furia pero no tenemos que expresarla abusando de otros.
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Mito # 2
Los abusadores "pierden el control" sobre su temperamento: la violencia no es pérdida de control, es el ejercicio del poder y del control de un compañero sobre el otro
Los abusadores generalmente son sólo violentos con sus compañeras o sus hijos. Se cercioran que otras personas no se enteren del abuso; ejercen el abuso a puerta cerrada y se aseguran de que nadie hable de ésto. Si cometen un asalto físico, los abusadores tratan de infligir heridas en partes del cuerpo que quedan cubiertas por la ropa, jalan el cabello o ahorcan - heridas que por lo general dejan marcas menos obvias. El 60% de las mujeres golpeadas estan en estado de embarazo y con frecuencia reciben golpes en el abdomen. Muchos asaltos duran horas. Muchos son planeados.
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Mito #3
La violencia doméstica sólo ocurre en familias de bajo nivel educativo, pertenecientes una minoria o con problemas: La violencia doméstica toca a todos los grupos demográficos - sin importar raza, etnicidad, nivel económico, clase, orientación sexual, ocupación o educación. Hay médicos, ministros, psicólogos, policías, abogados, jueces y otros profesionales que golpean a sus compañeras. Aproximadamente el 50 % de todas las parejas sufren de violencia doméstica en algún momento de sus vidas.
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Mito # 4
Si una mujer golpeada de veras desea huir, lo puede hacer: Cualquier mujer que considere dejar a su abusador corre riesgos. El 65% de las mujeres golpeados que son asesinadas, mueren en manos de sus abusadores cuando - o después - de que los dejan.
Las latinas enfrentan otros problemas. Los abusadores aislan a sus compañeras, les destruyen su historia de crédito, las saquen de sus trabajos, no les permiten estudiar y las amezan con hacerlas deportar. Las latinas generalmente sufren falta de acceso y oportunidades desiguales - el racismo y la falta de apoyo de instituciones tales como la policía, la iglesia y el sistema judicial - lo cual hace el dejar a un compañero una situación sumamente difícil.
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Mito #5
La violencia doméstica es problema de mujeres: Aunque es cierto que el 93% de las víctimas de violencia doméstica son mujeres, éste no es un problema sólo de mujeres:
El 7% de las víctimas son hombres
La violencia doméstica se presenta en relaciones homosexuales
La violencia doméstica es el indicador principal de delincuencia juvenil ( ver Asociación para la Paz)
Los hombres tienen un papel importante en apoyor a las mujeres, llamar a cuenta a otros hombres y enseñarle a los hombres jóvenes sobre relaciones respetuosas y no violentas.
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Mito # 6
Las drogas y el alcohol causan la violencia doméstica: Las drogas y el alcohol pueden aumentar el nivel de peligro y se encuentran presentes en por lo menos el 50% de los casos de violencia doméstica. Sin embargo, muchos alcohólicos y personas que usan drogas no maltratan, y muchos de aquellos que maltratan no consumen ni drogas ni alcohol. Alejar al atacante del alcohol no pondrá fin a la violencia.
Los abusadores que son alcohólicos o utiliizan drogas tienen que enfrenter diferentes problemas si desean ayuda - su adicción y su problema de abuso. Cada problema debe tratarse por separado.

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tomado de http://www.casadeesperanza.org
24/08/2005 16:02 Enlace permanente. Tema: VIOLENCIA FAMILIAR No hay comentarios. Comentar.

SEÑALES DE ADVERTENCIA

pc.jpgAunque tanto hombres como mujeres pueden ser abusadores, aproximadamente el 93 % de los abusadores son hombres. Los abusadores con frecuencia presentan una imagen de "buen proveedor" y suelen tener una baja autoestima. Es común que se nieguen a aceptar su responsabilidad por la violencia, e intentan racionalizar su causa o culpar a la víctima de ser la causante.
1. Celos: de las amistades, familiares, compañeros de trabajo... cualquier relación que no sea la del abusador con la persona abusada
2. Comportamiento violento: pelea en reuniones sociales, en la calle o en los bares
3. Comportamiento controlador: monopoliza el tiempo de la persona abusada; no le permite tomar decisiones sobre su ropa, su peinado, cómo invertir su dinero, o buscar un empleo
4. Abuso verbal: usa nombres hirientes y ofensivos; menosprecia a la victima tanto en público como en privado
5. Cambios de ánimo: una personalidad con altibajos. No se sabe que lo enojará de repente. Puede estar contento un minuto y furioso el siguiente
6. Aislamiento: de amigos, familia y vecinos. Muchas veces la victima teme que si saluda a una amistad, el victimario se pondrá celoso y furioso
7. Culpadores: el abusador culpa a la victima y/o a otros de sus problemas, por ejemplo de la pérdida del empleo
8. Expectativas irreales: el abusador se puede volver demasiado crítico. Puede tener expectativas de que la persona abusada sea el/la compañero/a, amante o amigo/a perfecto/a
9. Hipersensibilidad: el abusador se siente insultado y ofendido con gran facilidad
10. Historia familiar: el abusador puede haber visto violencia doméstica en su familia nuclear. Fue criado creyendo que la violencia doméstica es un comportamiento normal
11. Actitud machista hacia las mujeres: el abusador generalmente cree que cada género tiene un rol estricto. Cree que el trabajo de la mujer es cuidar del hogar y de él. En las relaciones entre parejas del mismo sexo, generalmente la persona con el carácter más fuerte es el que termina sometiendo a la de carácter más débil.
12. Amenazas de violencia: utiliza cualquier amenaza o fuerza física para controlarla - incluida la amenaza de suicidio
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tomado de http://www.ambientejoven.org
16/08/2005 15:39 Enlace permanente. Tema: VIOLENCIA FAMILIAR No hay comentarios. Comentar.

C.A.Bs.As.-A DONDE DIRIGIRSE

Im1agen1.gifDirección de la mujer (depende del Gobierno de la Ciudad):
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Carlos Pellegrini 211-7mo. piso
09/08/2005 14:23 Enlace permanente. Tema: VIOLENCIA FAMILIAR No hay comentarios. Comentar.

ERRORES MUY DIFUNDIDOS

nov04_fist.jpg“ La maltratada es culpable de las agresiones que sufre.
*
El marido violento no suele hacerse responsable por sus actos, que achaca a la provocación de su esposa. Hasta algunos amigos de la familia llegan a creer que se trata de una mujer difícil, y que no es raro que él pierda los estribos ocasionalmente. Pero este razonamiento defiende al atacante y acusa a la víctima, quien, en realidad, suele realizar grandes esfuerzos por calmarlo. En todo caso, no hay justificación alguna para tales abusos. La obra El golpeador: un perfil psicológico dice: “Los hombres a quienes los tribunales envían a [recibir] tratamiento por haber agredido a sus esposas son adictos a la violencia. Se valen de ella para librarse de la ira y la depresión; para asumir el control y resolver conflictos, y para reducir la tensión. [...] A menudo ni siquiera son capaces de reconocer su rol ni de tomar en serio el problema”.
*
tomado de http://www.watchtower.org
*

El alcohol lleva al hombre a golpearla.
*
Aunque es cierto que hay quienes se vuelven más violentos al beber, ¿es lógico culpar al alcohol? “El agresor se escuda en la borrachera para no asumir su error —señala K. J. Wilson en su libro When Violence Begins at Home (Cuando la violencia comienza en casa)—. [...] Por lo visto, en nuestra sociedad resulta más comprensible la brutalidad si el perpetrador está ebrio. Al considerar que su compañero es bebedor o alcohólico, la agredida evita verlo como maltratador.” Tal modo de razonar, señala Wilson, quizás le haga concebir vanas esperanzas de que “si él deja el alcohol, cesará la violencia”.
En la actualidad, buen número de estudiosos ve como dos problemas diferenciados la bebida y el maltrato. A fin de cuentas, la mayoría de los consumidores de sustancias adictivas no golpean a sus cónyuges. “La razón principal por la que se perpetúan las agresiones es por su eficacia para controlar, intimidar y subyugar a las mujeres —señalan los autores del libro When Men Batter Women (Cuando los hombres pegan a las mujeres)—. [...] Aunque el alcohol y las drogas forman parte de la vida del golpeador, sería erróneo concluir que son los desencadenantes de la violencia.”
El agresor conyugal es violento con todo el mundo.

Por el contrario, muchas veces es capaz de ser un magnífico amigo con los demás. Presenta dos personalidades totalmente diferentes, como el doctor Jekyll que se transforma en el cruel míster Hyde. De ahí que a los amigos de la familia les parezca inconcebible que sea violento. Lo cierto es que escoge la brutalidad como medio para dominar a su esposa.
*

A ellas no les importa recibir golpes.
*
Esta idea probablemente se deba a la incomprensión de las circunstancias desesperadas que dejan a la mujer sin salida. Cierto, tal vez pueda recurrir a amigos que la acojan una o dos semanas, pero ¿y luego? La idea de buscar trabajo, pagar un alquiler y al mismo tiempo cuidar de los hijos desalienta a cualquiera. Además, las leyes tal vez prohíban que se marche con los niños. Algunas esposas han intentado irse, pero sus maridos han averiguado su paradero y las han hecho volver, a la fuerza o con promesas melosas. Las amistades que no logran entender los factores implicados quizás crean que a la víctima no le importa sufrir.
01/08/2005 13:03 Enlace permanente. Tema: VIOLENCIA FAMILIAR No hay comentarios. Comentar.

AYUDA PARA LA MUJER MALTRATADA

Imnmjjagen1.jpgAyuda para la mujer maltratada

¿QUÉ ayuda puede darse a la mujer agredida? En primer lugar, hay que comprender sus circunstancias. Además de golpes, no es raro que sufra abusos verbales e intimidación, por lo que se siente inútil e indefensa.
Tomemos como ejemplo a Roxana, cuya historia se refirió en el primer artículo. A veces, su esposo emplea la lengua como arma. “Me aplica calificativos denigrantes —confiesa—. Me dice: ‘Ni siquiera acabaste la escuela. ¿Cómo ibas a cuidar tú de los niños sin mí? Eres una holgazana y una pésima madre. ¿Crees que te los dejarían si me abandonaras?’.”
También la controla fiscalizando hasta el último centavo. No le permite usar el automóvil y realiza varias llamadas durante el día para saber qué está haciendo. Además, Roxana ha aprendido a reservarse siempre la opinión, pues su marido se encoleriza cuando ella manifiesta su preferencia en algún particular.
Como vemos, el maltrato conyugal es un asunto complejo. Para apoyar a la víctima, debemos escucharla con actitud compasiva, pues por lo general no le resultará fácil hablar de lo que le pasa. El objetivo es fortalecerla para que lidie con la situación al paso que estime oportuno.

En algunos casos, la mujer quizá tenga que recurrir a las autoridades. A veces tiene que presentarse una crisis —como la intervención policial— para que el maltratador comprenda la gravedad de sus actos. Pero muy a menudo este pierde la motivación de cambiar tan pronto pasa el difícil trance.
¿Debería la víctima dejar al esposo? Nadie debe presionarla para que deje al esposo, pero tampoco para que siga a su lado cuando corra peligro su salud, su vida o su espiritualidad.
*
¿Hay esperanza para el golpeador?
*
¿Pueden modificar su conducta los hombres violentos? Algunos lo han hecho. Pero, por lo general, no cambiarán a menos que 1) admitan que obran mal, 2) deseen enmendarse y 3) pidan ayuda.
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tomado de http://www.watchtower.org
01/08/2005 12:57 Enlace permanente. Tema: VIOLENCIA FAMILIAR No hay comentarios. Comentar.

EL MACHISMO DOMINA AL MUNDO

!cid_002301c57d8f$0A.jpgEl vocablo machismo, que ha pasado del español a otros idiomas, designa la ideología de los hombres que se consideran superiores a las mujeres, actitud que se traduce en un comportamiento abusivo contra ellas. Pero este fenómeno no se limita en modo alguno al mundo hispano, como indican las siguientes noticias.
Egipto: Un estudio de tres meses de duración realizado en Alejandría indicó que la violencia doméstica es la causa principal de lesiones entre las mujeres, así como del 27,9% de sus consultas a los servicios de traumatología (Resumen analítico 5 de la cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer).
Tailandia: En el mayor suburbio de Bangkok, el 50% de las casadas padecen palizas frecuentes (Pacific Institute for Women’s Health).
Hong Kong: “El número de mujeres que denuncian los abusos sufridos a manos de sus compañeros ha aumentado en más de un cuarenta por ciento durante el año pasado” (South China Morning Post, 21 de julio de 2000).
Japón: La cantidad de mujeres que acudieron a un centro de acogida pasó de 4.843 en 1995 a 6.340 en 1998. “Un tercio de ellas dijo que habían solicitado ayuda en vista del comportamiento violento de sus maridos.” (The Japan Times, 10 de septiembre de 2000.)
Gran Bretaña: “Cada seis segundos se viola, golpea o apuñala a alguien en un hogar británico”. Según un informe de Scotland Yard, “la policía recibe 1.300 llamadas diarias de víctimas de la violencia doméstica: más de 570.000 cada año. En el 81% de los casos se trata de mujeres agredidas por varones” (The Times, 25 de octubre de 2000).
Perú: El 70% de los delitos denunciados son obra de maridos que golpean a sus mujeres (Pacific Institute for Women’s Health).
Rusia: “En un año, 14.500 rusas murieron a manos del esposo, y 56.400 quedaron incapacitadas o malheridas en ataques domésticos” (The Guardian).
China: “Es un nuevo problema que se extiende con rapidez, sobre todo en las zonas urbanas —señala la profesora Chen Yiyun, directora del Centro Familiar Jinglun—. [...] La presión de los vecinos ya no pone coto a la violencia en el hogar” (The Guardian).
Nicaragua: “Se disparan los ataques contra la mujer en Nicaragua. Según un estudio, el 52% de las ciudadanas sufrieron el año pasado alguna agresión a manos de los hombres con quienes conviven” (BBC News).

*
desconozco autor
30/07/2005 10:20 Enlace permanente. Tema: VIOLENCIA FAMILIAR No hay comentarios. Comentar.

ESTA VEZ QUIZAS CAMBIE....

LOCURA.jpgROXANA* es una atractiva señora llena de vitalidad que vive en América del Sur con su marido, un respetado cirujano, y sus cuatro hijos. “Mi esposo —señala— es un encanto con las mujeres y goza de las simpatías de los hombres.” Pero tiene su lado oculto, que desconocen hasta los amigos más íntimos del matrimonio: “En casa es un monstruo dominado por los celos”.
La ansiedad se trasluce en su rostro mientras prosigue con el relato: “Todo comenzó cuando llevábamos casados unas pocas semanas. Nos visitaron mis hermanos y mi madre, y disfrutamos mucho hablando y riéndonos juntos. Pero cuando se fueron, me arrojó con furia al sofá. Yo no podía creerlo”.
Por desgracia, la pesadilla apenas comenzaba, pues sufrió golpes durante años. Los abusos suelen seguir el mismo patrón: él la ataca, se deshace en disculpas, promete no hacerlo más, mejora por un tiempo y luego vuelve a las andadas. “Siempre me digo: ‘Esta vez quizás cambie’ —añade Roxana—. Aun si me voy de casa, acabo regresando a su lado.”
Ella teme que la violencia vaya a más. “Ha amenazado con matarnos a mí y a los niños y también con suicidarse —agrega—. En una ocasión llegó a ponerme unas tijeras al cuello. En otra me intimidó con una pistola, me apuntó a la oreja y apretó el gatillo. Menos mal que no tenía balas, pero casi me muero del susto.”
*
La tradición del silencio
*
Al igual que Roxana, millones de mujeres de todo el mundo sufren a manos de hombres violentos. A menudo guardan silencio sobre el suplicio que padecen. Piensan que será inútil denunciar el abuso. A fin de cuentas, más de un maltratador ha negado las acusaciones con frases como “Mi esposa es muy nerviosa” o “Es algo exagerada”.
Es deplorable que buen número de mujeres vivan aterradas ante la posibilidad de que las ataquen en el lugar donde deberían sentirse más seguras: su propio hogar. Por desgracia, se suele compadecer más al agresor que a la víctima. Hay personas que se resisten a creer que un hombre que proyecta una imagen de perfecto ciudadano golpee a su cónyuge. Así ocurrió cuando una señora llamada Anita mencionó que su marido, muy respetado en la localidad, la atacaba. Ella relata: “Un amigo nuestro me dijo: ‘¿Cómo te atreves a acusar a un hombre tan bueno?’. Otro señaló que me lo habría buscado. Aun cuando fueron patentes sus agresiones, hubo amistades mías que comenzaron a evitarme. Creían que debería haber soportado la situación, pues ‘así son los hombres’.
Como indica esta experiencia, muchos no logran comprender la triste realidad del maltrato conyugal. ¿Qué lleva a un hombre a tratar con tanta crueldad a la mujer que dice amar?
*
tomado de www.watchtower.org
22/07/2005 17:24 Enlace permanente. Tema: VIOLENCIA FAMILIAR No hay comentarios. Comentar.

¿QUE PUEDE HACER SI USTED ES UNA MUJER MALTRATADA?

series_wht.jpgCuando comience un episodio de violencia, no espere a que empeore: alguien puede terminar herido o muerto. Trate de alejarse cuanto antes.
*
Busque refugio seguro en la casa de algún familiar, amigo o vecino.
*
Haga la denuncia lo más rápido posible. Si le impiden salir, abra puertas y ventanas y grite, pida auxilio y llame a los vecinos. No se calle, no oculte. El hombre violento se acobarda ante los testigos de su delito.
*
No tome tranquilizantes ni pastillas para dormir, ni drogas ni alcohol. Necesita estar lúcida y alerta para pensar, actuar y protejerse.
*
Cuente su problema a la mayor cantidad de personas posible dentro y fuera de la familia. No escuche a quienes dicen que usted es la culpable o que debe tener paciencia y perdonar.
*
Es usted la que necesita ayuda y apoyo.
*
Si usted teme un próximo ataque, esté preparada:
*
Sepa que nadie puede sacarle a sus hijos si usted decide realizar una denuncia, un juicio, o salir de la casa para protejerse de un marido violento.
*
Tenga listo y escondido en lugar seguro un bolso con ropa suya y de sus hijos.
*
Guarde en lugar seguro, en lo posible fuera de la casa, documentos importantes suyos y de sus hijos.
*
Trate de juntar la mayor cantidad posible de dinero y guárdelo en lugar seguro.
*
Considere si hay objetos de valor o documentos que hay que poner a salvo.
*
Saque fotocopias de papeles importantes (escrituras, recibos de sueldo, datos bancarios, resúmenes de tarjetas de crédito, inversiones, etc.).
*
Tome nota de todo lo que pueda resultar importante si se inicia un juicio (direcciones, teléfonos, número de patente, etc.), ya que usted es dueña de la mitad de todos los bienes y ganancias que existan desde el momento de su matrimonio, aunque le hayan hecho creer lo contrario.
*
Si usted está siendo maltratada (insultos, humillaciones, golpes, empujones, etc.), es víctima de un delito y puede estar corriendo un gran peligro.
Es necesario que se proteja y que sus hijos se encuentren seguros.

*
Gonzalo Carbajal
16/07/2005 21:30 Enlace permanente. Tema: VIOLENCIA FAMILIAR No hay comentarios. Comentar.

MUJERES MALTRATADAS: ¿A QUE OBEDECE ESTA ERA DE FURIA?

kids.jpgSEGÚN algunos expertos, la mujer corre más riesgo de morir a manos de su pareja que a manos de cualquier otro agresor. Con objeto de poner coto al maltrato conyugal, se han llevado a cabo numerosos estudios: ¿Qué clase de hombres atacan a sus esposas? ¿Qué infancia tuvieron? ¿Fueron violentos durante el noviazgo? ¿Cómo responden al tratamiento médico?
Los especialistas en el tema han descubierto que no existe un único tipo de maltratador, sino toda una gama. En un extremo se encuentra el que recurre a la violencia de forma esporádica, sin tener armas ni antecedentes de abuso conyugal; en su caso, el episodio violento es de carácter aislado y parece estar motivado por factores externos. En el otro extremo se halla quien ha convertido los golpes en un fenómeno crónico, continuo, y da pocas muestras de remordimiento, o ninguna.
No obstante, la existencia de varias categorías de agresores no significa que algunas modalidades de abuso no revistan gravedad. Todo maltrato físico puede causar lesiones e incluso la muerte. Por consiguiente, el hecho de que la violencia de un individuo sea menos frecuente o intensa que la de otro no constituye una excusa. No existen palizas “aceptables”. Ahora bien, ¿qué puede inducir a un marido a atentar contra la integridad física de la persona que se comprometió a amar toda la vida?
*
Un problema familiar
*
Como cabría esperar, muchos agresores vivieron en su propia familia el abuso. “La mayoría [...] se crió en ‘campos de batalla’ domésticos —señala Michael Groetsch, quien pasó más de veinte años estudiando el abuso conyugal—. Desde su más tierna infancia crecieron en ambientes hostiles donde la violencia era ‘normal’.” Según una especialista en el tema, el varón que se desarrolle en tal medio “puede asimilar muy tempranamente el desprecio que su padre siente por las mujeres. El niño aprende que un hombre debe tener siempre controladas a las mujeres, y que la forma de conseguirlo es asustarlas, hacerles daño y humillarlas. Al mismo tiempo, aprende que la única forma segura de conseguir la aprobación del padre es conducirse como él se conduce”.
La Biblia indica con claridad que, para bien o para mal, la conducta paterna incide significativamente en el hijo (Proverbios 22:6; Colosenses 3:21). Aunque el ambiente familiar no excusa nunca al agresor, tal vez ayude a explicar las raíces de su personalidad violenta.
La violencia doméstica deja graves secuelas en los niños
*
La influencia cultural
*
Hay países donde resulta aceptable, e incluso normal, agredir a las mujeres. “En muchas sociedades es una convicción profundamente arraigada que el esposo tiene derecho a golpear o intimidar físicamente a su esposa”, señala un informe de la ONU.
Hasta en naciones donde se consideran intolerables tales agresiones, muchos varones recurren a la violencia. En algunos casos es pasmosa la irracionalidad de su forma de pensar. Según el semanario sudafricano Weekly Mail and Guardian, un estudio realizado en la península de El Cabo reveló que la mayoría de quienes afirmaban no maltratar a sus esposas creían que era permisible darles un golpe y que esa acción no era violenta.
Es patente que este criterio tan distorsionado suele adquirirse en la niñez. Por ejemplo, un estudio realizado en Gran Bretaña indicó que el 75% de los varones de 11 y 12 años consideran apropiado que un hombre golpee a una mujer si esta le provoca.
*
Indicadores de riesgo
*
Según un estudio dirigido por Richard J. Gelles en la Universidad de Rhode Island (EE. UU.), los siguientes factores constituyen indicadores de riesgo de que el hombre abuse física y emocionalmente de su compañera:
Ha cometido antes alguna agresión doméstica.
Está desempleado.
Consume drogas al menos una vez al año.
Vio al padre golpear a la madre cuando vivía con ellos.
Cohabita sin haberse casado.
Percibe un salario bajo.
No ha finalizado los estudios de secundaria.
Tiene entre 18 y 30 años.
Él (o su mujer) maltrata a los hijos.
Se encuentra por debajo del umbral de la pobreza.
Proviene de una cultura diferente a la de su pareja.
*
“Quien ataca a su esposa es tan delincuente como quien golpea a un extraño.” (When Men Batter Women [Cuando los hombres pegan a las mujeres].)
*
Comportamiento inexcusable
*
Los factores que acaban de exponerse ayudan a entender el abuso conyugal, pero de ningún modo lo disculpan. En pocas palabras, golpear al cónyuge es un grave pecado a los ojos de Dios, quien señala en la Biblia que “los esposos deben estar amando a sus esposas como a sus propios cuerpos. El que ama a su esposa, a sí mismo se ama, porque nadie jamás ha odiado a su propia carne; antes bien, la alimenta y la acaricia, como también el Cristo hace con la congregación” (Efesios 5:28, 29).
Las Escrituras predijeron hace siglos que en “los últimos días” de este sistema muchos hombres serían “despiadados, implacables” e “inhumanos” (2 Timoteo 3:1-3, Biblia del Peregrino). La epidemia de abusos conyugales constituye una indicación más de que vivimos precisamente en el período del que habla esta profecía. Sin embargo, ¿cómo podemos ayudar a la víctima? ¿Hay esperanza de que el agresor modifique su conducta?
*
desconozco autor
16/07/2005 21:23 Enlace permanente. Tema: VIOLENCIA FAMILIAR No hay comentarios. Comentar.

¿A QUE OBEDECE ESTA ERA DE FURIA?

jekyl-hyde.jpgSEGÚN algunos expertos, la mujer corre más riesgo de morir a manos de su pareja que a manos de cualquier otro agresor.
*
Con objeto de poner coto al maltrato conyugal, se han llevado a cabo numerosos estudios: ¿Qué clase de hombres atacan a sus esposas? ¿Qué infancia tuvieron? ¿Fueron violentos durante el noviazgo? ¿Cómo responden al tratamiento médico?
*
Los especialistas en el tema han descubierto que no existe un único tipo de maltratador, sino toda una gama. En un extremo se encuentra el que recurre a la violencia de forma esporádica, sin tener armas ni antecedentes de abuso conyugal; en su caso, el episodio violento es de carácter aislado y parece estar motivado por factores externos. En el otro extremo se halla quien ha convertido los golpes en un fenómeno crónico, continuo, y da pocas muestras de remordimiento, o ninguna.
No obstante, la existencia de varias categorías de agresores no significa que algunas modalidades de abuso no revistan gravedad. Todo maltrato físico puede causar lesiones e incluso la muerte. Por consiguiente, el hecho de que la violencia de un individuo sea menos frecuente o intensa que la de otro no constituye una excusa. No existen palizas “aceptables”.
*
Ahora bien, ¿qué puede inducir a un marido a atentar contra la integridad física de la persona que se comprometió a amar toda la vida?
*
Un problema familiar
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Como cabría esperar, muchos agresores vivieron en su propia familia el abuso. “La mayoría se crió en ‘campos de batalla’ domésticos —señala Michael Groetsch, quien pasó más de veinte años estudiando el abuso conyugal—. Desde su más tierna infancia crecieron en ambientes hostiles donde la violencia era ‘normal’. Según una especialista en el tema, el varón que se desarrolle en tal medio “puede asimilar muy tempranamente el desprecio que su padre siente por las mujeres. El niño aprende que un hombre debe tener siempre controladas a las mujeres, y que la forma de conseguirlo es asustarlas, hacerles daño y humillarlas. Al mismo tiempo, aprende que la única forma segura de conseguir la aprobación del padre es conducirse como él se conduce”.
*
La Biblia indica con claridad que, para bien o para mal, la conducta paterna incide significativamente en el hijo (Proverbios 22:6; Colosenses 3:21). Aunque el ambiente familiar no excusa nunca al agresor, tal vez ayude a explicar las raíces de su personalidad violenta.
*
La violencia doméstica deja graves secuelas en los niños
*
La influencia cultural
*
Hay países donde resulta aceptable, e incluso normal, agredir a las mujeres. “En muchas sociedades es una convicción profundamente arraigada que el esposo tiene derecho a golpear o intimidar físicamente a su esposa”, señala un informe de la ONU.
Hasta en naciones donde se consideran intolerables tales agresiones, muchos varones recurren a la violencia. En algunos casos es pasmosa la irracionalidad de su forma de pensar. Según el semanario sudafricano Weekly Mail and Guardian, un estudio realizado en la península de El Cabo reveló que la mayoría de quienes afirmaban no maltratar a sus esposas creían que era permisible darles un golpe y que esa acción no era violenta.
Es patente que este criterio tan distorsionado suele adquirirse en la niñez. Por ejemplo, un estudio realizado en Gran Bretaña indicó que el 75% de los varones de 11 y 12 años consideran apropiado que un hombre golpee a una mujer si esta le provoca.
*
Indicadores de riesgo
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Según un estudio dirigido por Richard J. Gelles en la Universidad de Rhode Island (EE. UU.), los siguientes factores constituyen indicadores de riesgo de que el hombre abuse física y emocionalmente de su compañera:
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Ha cometido antes alguna agresión doméstica.
Está desempleado.
Consume drogas al menos una vez al año.
Vio al padre golpear a la madre cuando vivía con ellos.
Cohabita sin haberse casado.
Percibe un salario bajo.
No ha finalizado los estudios de secundaria.
Tiene entre 18 y 30 años.
Él (o su mujer) maltrata a los hijos.
Se encuentra por debajo del umbral de la pobreza.
Proviene de una cultura diferente a la de su pareja.
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“Quien ataca a su esposa es tan delincuente como quien golpea a un extraño.” (When Men Batter Women [Cuando los hombres pegan a las mujeres].)
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Comportamiento inexcusable
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Los factores que acaban de exponerse ayudan a entender el abuso conyugal, pero de ningún modo lo disculpan. En pocas palabras, golpear al cónyuge es un grave pecado a los ojos de Dios, quien señala en la Biblia que “los esposos deben estar amando a sus esposas como a sus propios cuerpos. El que ama a su esposa, a sí mismo se ama, porque nadie jamás ha odiado a su propia carne; antes bien, la alimenta y la acaricia, como también el Cristo hace con la congregación” (Efesios 5:28, 29).
Las Escrituras predijeron hace siglos que en “los últimos días” de este sistema muchos hombres serían “despiadados, implacables” e “inhumanos” (2 Timoteo 3:1-3, Biblia del Peregrino). La epidemia de abusos conyugales constituye una indicación más de que vivimos precisamente en el período del que habla esta profecía. Sin embargo, ¿cómo podemos ayudar a la víctima? ¿Hay esperanza de que el agresor modifique su conducta?
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tomado de http://www.watchtower.org


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