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UN PROBLEMA QUE NO ENCUENTRA FRENO
Hay dos denuncias de violencia familiar por hora
En los últimos 12 años se cuadruplicaron las demandas ante la Cámara Civil porteña y en la provincia de Buenos Aires hay un 20 por ciento más de casos que en 2005. Las mujeres ya no callan, pero reaccionan después de los golpes. Falta prevención y asistencia a las víctimas.
Pablo Calvo.
Clarin 16/7/06
Claudia toma un café en el Gato Negro y se sumerge en su mar de recuerdos arremolinados. Tiene 29 años, baila, canta y trabaja como extra en publicidad. Una chalina bordó le abraza el pecho. Hace tres años le había escrito a Clarín, impactada por una nota sobre maltrato infantil. Para esa época, había recobrado la memoria de su infancia, que mantuvo borrada entre los 15 y los 24 años. Gritos, puñetazos, vejaciones, un diente roto. Eran las imágenes que la sacudían desde el pasado. Hoy, mientras cae la noche y suena el murmullo de la avenida Corrientes. Claudia decide que es el momento de contar su verdad: "Mi casa fue un infierno. Mi padre vivía golpeándonos. Abusó de mí cuando era niña y me dejó embarazada en la adolescencia. Me hicieron un aborto. Recién pude denunciarlo en la adultez, luego de salir del pozo de bulimia y alcoholismo en el que me arrojó. Son marcas para toda la vida, pero cuando decidí hacerle frente al problema, comencé a soñar con una reivindicación de mi dignidad".
Sus palabras brotan como los récords que ahora salen a la luz: en los primeros seis meses del año se radicaron 2.032 denuncias por violencia familiar en el área metropolitana y se atendieron 6.196 casos desde el Ministerio de Desarrollo Humano de la provincia de Buenos Aires. Si se combinan las dos cifras, el promedio es de casi dos ataques por hora en el hogar.
Las mujeres y los chicos son los más afectados, pero también los ancianos, las personas con discapacidad, hombres golpeados en situaciones de violencia cruzada y madres atacadas por sus hijos. Los datos del Poder Judicial señalan que en los últimos 12 años se cuadruplicó la cantidad de demandas por violencia familiar ante la Cámara Civil: de las 1.009 denuncias que se registraron en 1995, se llegó a 3.779 el año pasado y, al ritmo actual, se proyectan más de 4.000 para este año. El primer semestre de 2006, según esta medición, fue el más violento desde 1995.
Por otro lado, los más de seis mil casos atendidos por el Programa de Violencia Familiar de la provincia de Buenos Aires hablan de un incremento promedio del 20 por ciento de las cifras respecto del año pasado.
Son los indicadores más actualizados, pero "apenas muestra la punta del iceberg de una realidad mucho mayor", advierte Norberto Garrote, jefe del Servicio de Violencia Familiar del Hospital Pedro Elizalde. Es cierto, porque no relevan los casos del interior del país y la cifra global crece cuando se recorren las oficinas que escuchan a las víctimas:
La Dirección General de la Mujer porteña, por ejemplo, atendió el año pasado 12.739 llamadas por violencia familiar, y 1.707 por maltrato infanto-juvenil (línea gratuita 0800-666-68537). En los tres primeros meses de 2006, el Servicio de Asistencia a la Violencia Doméstica y Sexual atendió a 5.978 personas. Hubo derivaciones a los Centros Integrales de la Mujer y a casas de refugio y de reinserción a la vida social.
La guardia de abogados del Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes porteño recibió un 40 por ciento más de consultas por violencia familiar que el año pasado. Y el maltrato infantil, según los llamados a la línea 102, saltó de 445 casos en el 2003 a 2.162 dos años después.
El Cuerpo Interdisciplinario de Protección contra la Violencia Familiar, del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, encargado de elaborar los informes de riesgo que derivan en medidas de protección de las víctimas, recibe ahora unos 20 expedientes por día, una cantidad que hace 10 años se registraba en una semana. Además, son casos más complejos, porque "antes nos llegaban dos hojitas con el resumen de la situación, ahora vienen carpetas enteras, en muchos casos de violencia crónica, que se soluciona un día pero al tiempo vuelve a ocurrir", explicaron fuentes de ese equipo (4379-1719/1736).
A modo de ejemplo de lo que pasó en el interior entre enero y junio, se informó que los tribunales de Rosario recibieron 875 nuevas denuncias y que la Dirección de Atención a la Víctima de Catamarca atendió más de 500 consultas telefónicas.
"Apreciamos un incremento de organismos que hacen detección y promueven la denuncia, pero no se ha multiplicado del mismo modo la oferta de servicios asistenciales y psicoterapéuticos del fenómeno de la violencia. Ese sigue siendo el déficit", evalúa Garrote, uno de los principales expertos del país.
Claudia termina el café y cuenta que buscó ayuda en la Asociación Argentina de Prevención de la Violencia Familiar (4953-1268), donde consideran válido su testimonio, ratificado ante la Justicia. "Tengo tres hermanos que también sufrieron agresiones. A veces nos defendíamos unos a otros, pero el castigo, la revancha, era peor. Luego se tapó todo, todos preferían evitar el tema. A veces lo niegan", es la versión de la chica de la chalina bordó.
"La verdadera epidemia es la extrema naturalización del maltrato emocional —agrega la psicóloga Graciela Ferreira, presidenta de esa Asociación—, por ejemplo en las actitudes y verbalizaciones que utilizan los adultos para dirigirse a los chicos, sobre todo de los que se creen 'clase media educada'".
"La violencia es un fenómeno emocional. Como dicen las víctimas: 'El golpe pasa, pero la experiencia emocional de la humillación, la inferiorización, y el terror queda para siempre'. Luego, provoca una cadena sin fin de sufrimientos, porque el comportamiento violento se reproduce. El maltratado puede ser un potencial maltratador", explica Ferreira, en diálogo con Clarín.
Garrote aclara que puede haber un pequeño porcentaje de "denuncias mentirosas", por ejemplo en casos controvertidos de divorcio, donde un cónyuge quiere hacerle daño al otro, atribuyéndole comportamientos violentos hacia la pareja o hacia los hijos.
El abogado Osvaldo Ortemberg, dedicado hace 40 años a casos de familia, señala que "hoy, en la clase media, hay un grado muy intenso de violencia familiar, por ejemplo cuando no alcanza el dinero, cuando hay asimetrías en los ingresos, sobre todo en favor de la mujer, y porque se verifican desde hace un tiempo fuertes desequilibrios emocionales, tanto en hombres como en mujeres".
Ortemberg dice que hasta los clientes aumentaron su nivel de agresividad: "Hace 30 años, el abogado era tratado como un médico de familia, con mucho respeto, pero ahora no, la persona violenta quiere manejar todo y, a veces, le quita la confianza a su propio abogado". Sin embargo, descubre un aspecto positivo del registro que da cuenta del aumento de las denuncias: "No perdamos de vista que tiene que ver también con el avance de los derechos del niño y de la mujer". El debilitamiento de la "aceptación social" del hombre machista y golpeador forma parte de esa contracara. Un refuerzo de la idea: en 1995 fueron denunciados por agresión sólo 18 padres, mientras que en los primeros seis meses de este año ya van 623, otro récord.
Si bien la Justicia no puede resolver por sí sola el fenómeno de la violencia familiar —se acude a ella cuando el ataque ya se perpetró—, hay resortes que podrían funcionar mejor. Hace dos años, la Corte Suprema dispuso la creación de la Oficina de Violencia Doméstica, para atender casos durante las 24 horas, pero la idea aún no se concretó. "Está demorado, porque hay que nombrar empleados y falta presupuesto", señalaron fuentes judiciales.
La protección legal tampoco parece suficiente. El Ministerio del Interior estableció el programa "Las víctimas contra la violencia", que analizará las falencias de la legislación nacional y provincial sobre violencia familiar y buscará consensuar la propuesta de una nueva ley con distintos sectores de la sociedad.
¿Cuáles son esas falencias? Por ejemplo, que la Ley 24.417, la principal en materia de violencia familiar, no establece con precisión políticas estatales de prevención, consideran sus críticos.
Ante el hecho de violencia, la Justicia deriva a los involucrados a tratamientos que no se cumplen o no dan resultado, porque la agresión, tarde o temprano, se repite.
Lo que nunca hay que hacer, coinciden todos los especialistas consultados, es callar.
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Un refugio en la casa de Rubén Darío
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Hay un cuento de Rubén Darío, El Dios bueno, que comienza con aroma a chocolate. Lo disfrutan chicos de un hospicio, protegidos allí de la guerra. Rezan, charlan, juegan. De repente, un bombardeo se burla de la bandera blanca que servía de escudo. Cañonazos, granadas. La muerte se acerca a la camita de una nena llamada Lea, pero ella junta las manos y exclama: —¡Oh buen Dios! ¡No seas malo!
El poeta nicaragüense pasó por la Argentina y vivió en una quinta del partido bonaerense de Moreno, que hoy, como en el cuento, funciona como refugio de chicos y jóvenes con discapacidad mental. Fueron víctimas del maltrato familiar y son atendidos por la Fundación Villa Angela.
Pasa una chica sin nombre que espera desde hace seis meses una pericia judicial, para que las instituciones confirmen algo que ella ya sabe: que fue lastimada por un familiar, antes de quedar abandonada. Se sienta al borde de la granja un chico que tiene el 80 por ciento del cuerpo quemado. Reconstruye el vivero un joven que suele volver de sus salidas semanales con la ropa ensangrentada. En la Navidad, un cohete incendió el techo plástico que debía proteger a las plantas de la helada, como el bombardeo enfurecido del cuento.
Sobrevivieron helechos, ficus y lazos de amor, cuyo cuidado sirve de terapia a los chicos hospedados. Es que, detrás del cartel oxidado que avisa que allí vivió el poeta, funciona desde 1998 el Programa de Prevención contra el Abuso, Abandono y Maltrato de las Personas con Discapacidad, uno de los tantos esfuerzos que se hacen desde la sociedad, sin apoyo del Estado, para atender las consecuencias de la violencia familiar.
"Estas víctimas tienen una desventaja adicional: no se pueden defender, no tienen voz para denunciar, son víctimas silenciosas", explica Sandra Balbuena, la profesora de educación especial que está a cargo del hogar. (Ayudas al 4468-1702).
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El shock en los chicos "testigos"
A veces, no es necesario tener moretones para sufrir en la piel la violencia familiar. Lo saben los chicos que son "testigos de violencia", una de las formas del maltrato emocional que no figura en las estadísticas de denuncias judiciales, pero que provoca consecuencias severas, según los especialistas consultados por Clarín.
La orden de guardar silencio o la idea equivocada de no querer "delatar" a los padres que se golpean, así como la retención de imágenes violentas de la infancia, pueden provocar en esos chicos daños psicológicos graves. Además, es una de las causas de las constantes huidas del hogar de los niños afectados por problemas de violencia y maltrato. También es muy común el comportamiento antisocial de esos chicos.
El mes pasado, un adolescente de 15 años se refugió en la iglesia San Miguel Arcángel, de Rosario, escapando de la violencia en su hogar. "Le preguntamos si quería volver a su casa, pero él se negó", contó el padre Segundo a la prensa local. Al parecer, era tanto testigo como víctima.
(en la foto: TERAPIA. EN LA CASA DE RUBEN DARIO, JOVENES CUIDAN ANIMALES Y PLANTAS COMO FORMA DE RECUPERACION.)
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Todavía existen en el mundo leyes que discriminan a las mujeres por razón de su sexo, es decir, que tratan de forma diferente a los hombres y a las mujeres, y conceden a éstas menos derechos y en menor grado.
En Arabia Saudí las mujeres no pueden votar. En Camerún es el marido quien decide si la mujer trabaja o no.
En Sudán se permiten los matrimonios forzados.
En Chile el marido es el titular de la custodia conjunta de bienes.
En al menos 36 países aún están en vigor leyes que discriminan a las mujeres.
Para Amnistía Internacional es inaceptable que más de 25 años después de la adopción de la Convención para la Eliminación de Toda Forma de Discriminación contra la Mujer de Naciones Unidas (CEDAW, por sus siglas en inglés), y 10 años después de la celebración de la Conferencia de Beijing y la adopción de su Plataforma de acción, aún sigan existiendo leyes discriminatorias en todo el mundo.
La CEDAW adoptada en 1979, reconoce explícitamente que "las mujeres siguen siendo objeto de importantes discriminaciones" y subraya que esa discriminación "viola los principios de la igualdad de derechos y del respeto de la dignidad humana".
La CEDAW ha sido ratificada por 180 países, entre los que no se encuentran Estados Unidos, Qatar, Somalia o Sudán.
Pero muchos de los países que lo han ratificado, lo han hecho formulando declaraciones o reservas que excluyen o restringen su aplicación en su territorio.
Para Amnistía Internacional, la discriminación por razón de sexo es la causa subyacente de la violencia contra las mujeres, la violación de los derechos humanos más extendida e impune que existe en el mundo.
La discriminación está presente en la cultura y la religión, pero también en el marco jurídico del propio Estado sobre aspectos familiares, económicos, laborales y de otra índole.
En algunos casos, las leyes admiten directamente la violencia contra las mujeres.
En Nigeria, la violencia intrafamiliar está permitida por ley.
En otros, la amparan, por ejemplo, permitiendo los llamados "delitos en nombre del honor" o admitiendo que la cuestión del honor se acepte como atenuante.
En Líbano, según el Código Penal, un hombre que mata a su esposa o a otra mujer de su familia, puede conseguir que le reduzcan la condena si demuestra que cometió el delito en respuesta a una relación sexual socialmente inaceptable de la víctima.
Amnistía Internacional, en el marco de su campaña mundial No más violencia contra las mujeres, que lazó en marzo de 2004 insta a todos los gobiernos a que ratifiquen la CEDAW y el Protocolo Facultativo o, si es el caso, retiren las reservas que mantengan; y que adecuen la legislación nacional al marco internacional de protección de los derechos humanos, asegurando que se enmiendan o eliminan las leyes discriminatorias hacia las mujeres.
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Informa, Amnistia Internacional

Femicidios
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En todo el planeta y día a día hombres y mujeres son asesinados. Mientras los asesinatos contra hombres, más numerosos, por cierto, ocurren por motivos diversos, los de mujeres en su gran mayoría son crímenes sexistas y sexuados. Muchos casos son de violaciones seguidas de homicidio, de mujeres prostituidas asesinadas por organizaciones mafiosas que las explotan, etcétera, pero muchísimos más son cometidos en el marco de las relaciones de pareja.
En la Argentina, entre 1997 y 2003 fueron asesinadas 1284 mujeres en la provincia de Buenos Aires. En los casos en que se conoce al victimario, el 70% corresponde a quien fue su pareja, ex pareja, concubino, novio o amante. Uno de los argumentos que contribuyen a la impunidad de estos crímenes son las argumentaciones que tienden a disculpar y a representar a los agresores como "locos" o a concebir estas muertes como "crímenes pasionales". Estos crímenes deben ser comprendidos en el contexto más amplio de las relaciones de dominio y control masculino sobre las mujeres, propias de culturas patriarcales, con sus múltiples mecanismos de violentar y silenciar. Para dar cuenta del carácter sexista se habla de "femicidios, un concepto que quiere indicar el carácter social y generalizado de la violencia basada en la inequidad de género.
Por Silvia Chejter
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Existen muchos mitos comunes sobre la violencia doméstica que perpetúan una visión distorsionada de su naturaleza y sus causas. La siguiente lista porporciona un punto de partida: esperamos que lo inciten a examinar sus creencias y que le proporcione datos útiles.
Aunque tanto hombres como mujeres pueden ser abusadores, aproximadamente el 93 % de los abusadores son hombres. Los abusadores con frecuencia presentan una imagen de "buen proveedor" y suelen tener una baja autoestima. Es común que se nieguen a aceptar su responsabilidad por la violencia, e intentan racionalizar su causa o culpar a la víctima de ser la causante.
Dirección de la mujer (depende del Gobierno de la Ciudad):
“ La maltratada es culpable de las agresiones que sufre.
Ayuda para la mujer maltratada
El vocablo machismo, que ha pasado del español a otros idiomas, designa la ideología de los hombres que se consideran superiores a las mujeres, actitud que se traduce en un comportamiento abusivo contra ellas. Pero este fenómeno no se limita en modo alguno al mundo hispano, como indican las siguientes noticias.
ROXANA* es una atractiva señora llena de vitalidad que vive en América del Sur con su marido, un respetado cirujano, y sus cuatro hijos. “Mi esposo —señala— es un encanto con las mujeres y goza de las simpatías de los hombres.” Pero tiene su lado oculto, que desconocen hasta los amigos más íntimos del matrimonio: “En casa es un monstruo dominado por los celos”.
Cuando comience un episodio de violencia, no espere a que empeore: alguien puede terminar herido o muerto. Trate de alejarse cuanto antes.
SEGÚN algunos expertos, la mujer corre más riesgo de morir a manos de su pareja que a manos de cualquier otro agresor. Con objeto de poner coto al maltrato conyugal, se han llevado a cabo numerosos estudios: ¿Qué clase de hombres atacan a sus esposas? ¿Qué infancia tuvieron? ¿Fueron violentos durante el noviazgo? ¿Cómo responden al tratamiento médico?
SEGÚN algunos expertos, la mujer corre más riesgo de morir a manos de su pareja que a manos de cualquier otro agresor. Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/