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Se muestran los artículos pertenecientes al tema SER MAMA.

COMPAGINAR SER MADRE CON NIÑOS PEQUEÑOS Y HOBBIES

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Muchas veces el estado de ánimo de una madre está condicionado por sus momentos de aislamiento o de expansión. Realizar actividades que les gusten, además de sus obligaciones diarias, es mucho más importante de lo que en un principio parece. Ello afectará positivamente a toda la familia. 



  1. Tiempo libre para una madre

Son muchas las madres cuyo trabajo es exclusivamente el del hogar y la familia. Son mujeres entregadas a las tareas domésticas y al cuidado de sus hijos. La mayoría de ellas no tienen quien les ayude y, en ocasiones, se encuentran con un exceso de trabajo que es continuo y no cesa hasta que acaba el día.

El trabajo que realizan no se ajusta a ningún horario. Comienzan su jornada cuando se levantan y terminan cuando se van a la cama. Apenas tienen tiempo para descansar pues los niños pequeños y, sobre todo, los bebés, demandan mucha atención.

En el caso de que también trabajen fuera de sus casas, es necesario que cuenten con ayuda en las tareas domésticas y en el cuidado de los pequeños. Compatibilizar un horario laboral con niños pequeños es imposible si no tienen ayuda.

Por lo general, aunque parezca lo contrario, las madres que trabajan fuera del hogar tienen más disponibilidad de tiempo libre para practicar algún hobby, que quienes se dedican exclusivamente al cuidado de sus pequeños. Esto se debe normalmente a que cuentan con alguien que les echa una mano en los quehaceres diarios y en el cuidado de sus hijos.

Todas las madres ansían un poco de tiempo libre al día. Para conseguirlo, es fundamental que tengan una buena organización tanto en las labores de la casa como en el horario de comidas y de sueño de los hijos. De ello dependerá su tiempo de descanso y de ocio. Si todas las noches los pequeños se acuestan temprano, dispondrán de un par de horas libres para conversar con su marido, ver la televisión o leer un libro. Pero sobre todo podrán relajarse de las obligaciones diarias.

A lo largo del día, deberían disponer también de un poco de tiempo para ellas, para estar solas, bien para descansar o para evadirse realizando actividades que les gusten: deporte, manualidades, baile, leer, etc. La maternidad, aunque es algo maravilloso, absorbe mucho tiempo y si las madres no ponen empeño y no se organizan, no podrán realizar aquellas actividades que tanto desean.




  2. Practicar un entretenimiento

Los hobbies son una necesidad para la mayoría de las personas. Les libera de las rutinas y les permite encontrarse mejor con ellas mismas. Supone una liberación de cargas diarias, un momento de expansión y un poco de respiro a lo largo del día.

Los hobbies aportan grandes beneficios a toda la familia. La razón de que una madre esté relajada y tranquila a veces se debe al desarrollo de actividades que le gustan, además les hacen liberar tensiones. Es muy frustrante para muchas mujeres tener hijos y dejar de hacer todo aquello que tanto les divertía.

Este deseo de realizar algún hobby no se puede considerar como un capricho. Para la mayoría de las madres es una necesidad y una ayuda muy importante para estar más relajadas, con mejor humor, despejadas y alegres. Y por tanto, un beneficio para toda la familia y para mantener una mayor estabilidad emocional.

Ser madre no debe significar renunciar a las aficiones o hobbies que tanto nos gustan. Si somos realistas y no tenemos ayuda en las tareas del hogar ni con los hijos, será más complicado, pero con una buena organización y con un marido responsable en sus labores de padre será más fácil. Para conseguirlo, no debe ser en detrimento o perjuicio de los demás.




  3. La colaboración de la pareja

Pareja. Su colaboración es esencial para descargar de estrés a la madre.
 
Cuando tienen hijos, algunas mujeres tienen que renunciar hasta lo que entonces había sido su vida. Sus relaciones sociales se limitan considerablemente por tener que ajustarse al horario del recién nacido. Sus aficiones también tienen que abandonarlas por no disponer de tiempo para ellas.

Aunque la maternidad es la experiencia más gratificante para cualquier mujer, implica muchas renuncias personales.

La colaboración de la pareja es imprescindible.

Deben explicarle a su pareja lo importante que es para ellas sentirse sola un rato para practicar su hobby y así salir de la rutina cotidiana. Esto favorecerá su equilibrio emocional y logrará reponer fuerzas en la agotadora tarea de criar a un hijo.

Deben explicarle también que para ello necesitan contar con su ayuda y su colaboración.




  4. Cómo pueden realizar sus hobbies

Cuando a una persona le gusta realizar un tipo de hobby, es muy frustrante no poder practicarlo por circunstancias ajenas a su voluntad. En el caso de madres con niños pequeños, el problema principal radica en dejar a los niños con alguien el tiempo suficiente para realizar esa afición.

Debido a los grandes beneficios que aporta practicar un hobby, es aconsejable hacer todo lo posible para disponer de un poco de tiempo al día para realizarlo.

A continuación ofrecemos una serie de sugerencias:

- Es fundamental disponer de tiempo para ello. La única forma de hacerlo si no tienes ayuda en casa y tus hijos no tienen edad de ir a la guardería, es organizándote bien en las tareas domésticas. Como probablemente, no podrás llevar a tu pequeño contigo, cuenta con tus padres, hermanos o alguna persona de confianza. Pero sobre todo, háblalo con tu marido y que él te facilite ese rato al día para que tú puedas descansar de la casa y de los niños.

- Haz que tu marido ejerza su paternidad de forma responsable, encargándose él también del cuidado de los niños y asumiendo que tú necesitas salir de casa para realizar actividades que te gustan y te benefician.

- Puede ocurrir que realmente no tengas con quien dejar a tu pequeño para practicar tu hobby y que tu marido tenga un horario laboral imposible de compatibilizar con tu tiempo libre. No obstante, eso no significa que tengas que renunciar a hacer aquello que tanto te gusta. Tan sólo tendrás que esperar un poco de tiempo hasta que tu bebé crezca y puedas llevarlo a una guardería o colegio. Entonces, podrás retomar tu afición.


Dª. Trinidad Aparicio Pérez

06/02/2008 13:12 Autor: mujerescomoyo. Enlace permanente. Tema: SER MAMA No hay comentarios. Comentar.

LAS MADRES QUE SOMOS

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Nuestras madres nos hacían el Toddy. Y nos untaban las tostadas con mucha mermelada para que almacenáramos energía. Esa parte era encantadora, pero también es cierto que cuando los platos ya estaban lavados, las camas hechas, el marido y los hijos alimentados, ellas rumiaban su insatisfacción
por los rincones, y algo se les iba incrustando en el rictus a medida que envejecían. Fueron ellas, si mal no recuerdo, las que más énfasis pusieron en que estudiáramos. Tener una carrera era la utopía de aquellas amas de casa atornilladas al televisor y viviendo aventuras delegadas en las actrices que se salían precisamente de madre cuando el flechazo las unía inevitablemente a un pobre, a un rico, a un hombre que no era el indicado.  Ellas vivieron la vida indicada, encerradas y abnegadas, pero no nos
inculcaron la abnegación, la cualidad que durante siglos fue la virtud por excelencia de la buena mujer.
Las que somos jefas de hogar no tenemos alternativa y nuestros hijos lo saben. No salimos a la calle de la mañana a la noche para cumplir un sueño, ni para tomarnos revancha de nada, ni para realizarnos, como torpemente se describía en el pasado a la coherencia entre pensamiento y acto. En el mundo
masculino, a eso se le llama tener suerte: hacer encajar lo útil con lo agradable, vivir vocacionalmente, disfrutar del trabajo y la familia. En el mundo femenino, la presunta “realización” implicaba hacer de una misma una obra distinta de lo esperable, “realizarse” era incorporar las fantasías a la trama esquiva de la realidad, que sólo nos tenía reservados, en el mejor de los casos, un par de buenos partidos para elegir el que más nos gustara. Nuestros hijos crecieron con madres apuradas que no memorizan el nombre de la profesora de matemáticas. No les cosimos a mano sus disfraces de damas antiguas ni de tamborcitos de Tacuarí, no los esperamos a la vuelta del colegio con bizcochuelos humeantes, ni cumplimos tan rigurosamente como era esperable con el tratamiento odontológico de flúor. Nos ven ir al gimnasio y comprarnos lencería de encaje y de alguna manera vaga pero contundente saben que, además de ser sus madres, somos mujeres ávidas que no quieren perderse su porción de fiesta. Somos deseantes. Y no lo toleran. Los chicos ahora reclaman un poco de aquella abnegación de la que fuimos
tristes testigos. Nosotras hubiésemos mandado a nuestras propias madres a trabajar, a perderse en el mundo, a desentenderse un rato de nosotras, a gestionar sus ideas y sus sueños, a encariñarse con ellas mismas para evitarles aquel rictus, ese enojo de quien no sabe a quién culpar por su abulia y por la pobreza del paisaje que se ve desde la única ventana disponible.
Los chicos ahora nos tiran de la soga para que volvamos temprano y la cena esté lista, y no haya delivery y sí un flan casero, de tanto en tanto. Reclaman presencia, reclaman atención, reclaman calor de hogar y milanesas crocantes, acaso para poder evocarnos a través de olores y sabores, y no a
través de simples paseos por el shopping o llamadas al celular para que sepan que estamos pendientes de ellos, aunque estemos tironeadas y en plena reunión importantísima.
Y una no sabe cómo fue que los equilibrios se fueron al demonio, y nuestras vidas no sólo son muy diferentes de las de nuestras madres sino, casi podría decirse, su contracara. Los adolescentes son expertos en reproches, son escultores de reproches, los perfeccionan, los afilan, los elevan a la
categoría de manifiestos. Hoy nos están pidiendo que aflojemos el ritmo y les sigamos contando cuentos, como cuando eran chicos. Quieren que estemos disponibles para contarles que mamá los ama, que mamá los mima, aunque su agenda de esta semana esté muy complicada, aunque lleguemos a casa demasiado reventadas como para ayudarlos con las tareas. Estos chicos son chicos que
nunca sintieron sobre sus espaldas el peso de un interés único, aplastante, exclusivo: nos vieron insomnes al lado de sus camas cuando tenían mucha fiebre, pero también nos vieron vestirnos, maquillarnos, darles un beso y avisarles que los llamaríamos cada dos horas, desde el trabajo. Esa angustia finita y filosa que sentimos las madres trabajadoras cuando nos tironean el afuera y el adentro, no les alcanza, no la saben, la ignoran. ¿Cómo tramitarán, en sus propias vidas, estos reproches que nos hacen? ¿Qué harán con lo que dicen que les falta? ¿Buscarán la manera de ser madres pendientes de la hora de la merienda, o llegará el momento en el que comprenderán que la maternidad nos ilumina el camino, pero el camino no termina en ella?

Por Sandra Russo

03/08/2006 12:28 Autor: mujerescomoyo. Enlace permanente. Tema: SER MAMA No hay comentarios. Comentar.

LAS MADRES QUE SOMOS


Nuestras madres nos hacían el Toddy. Y nos untaban las tostadas con mucha mermelada para que almacenáramos energía. Esa parte era encantadora, pero también es cierto que cuando los platos ya estaban lavados, las camas hechas, el marido y los hijos alimentados, ellas rumiaban su insatisfacción
por los rincones, y algo se les iba incrustando en el rictus a medida que envejecían. Fueron ellas, si mal no recuerdo, las que más énfasis pusieron en que estudiáramos. Tener una carrera era la utopía de aquellas amas de casa atornilladas al televisor y viviendo aventuras delegadas en las actrices que se salían precisamente de madre cuando el flechazo las unía inevitablemente a un pobre, a un rico, a un hombre que no era el indicado.  Ellas vivieron la vida indicada, encerradas y abnegadas, pero no nos
inculcaron la abnegación, la cualidad que durante siglos fue la virtud por excelencia de la buena mujer.
Las que somos jefas de hogar no tenemos alternativa y nuestros hijos lo saben. No salimos a la calle de la mañana a la noche para cumplir un sueño, ni para tomarnos revancha de nada, ni para realizarnos, como torpemente se describía en el pasado a la coherencia entre pensamiento y acto. En el mundo
masculino, a eso se le llama tener suerte: hacer encajar lo útil con lo agradable, vivir vocacionalmente, disfrutar del trabajo y la familia. En el mundo femenino, la presunta “realización” implicaba hacer de una misma una obra distinta de lo esperable, “realizarse” era incorporar las fantasías a la trama esquiva de la realidad, que sólo nos tenía reservados, en el mejor de los casos, un par de buenos partidos para elegir el que más nos gustara. Nuestros hijos crecieron con madres apuradas que no memorizan el nombre de la profesora de matemáticas. No les cosimos a mano sus disfraces de damas antiguas ni de tamborcitos de Tacuarí, no los esperamos a la vuelta del colegio con bizcochuelos humeantes, ni cumplimos tan rigurosamente como era esperable con el tratamiento odontológico de flúor. Nos ven ir al gimnasio y comprarnos lencería de encaje y de alguna manera vaga pero contundente saben que, además de ser sus madres, somos mujeres ávidas que no quieren perderse su porción de fiesta. Somos deseantes. Y no lo toleran. Los chicos ahora reclaman un poco de aquella abnegación de la que fuimos
tristes testigos. Nosotras hubiésemos mandado a nuestras propias madres a trabajar, a perderse en el mundo, a desentenderse un rato de nosotras, a gestionar sus ideas y sus sueños, a encariñarse con ellas mismas para evitarles aquel rictus, ese enojo de quien no sabe a quién culpar por su abulia y por la pobreza del paisaje que se ve desde la única ventana disponible.
Los chicos ahora nos tiran de la soga para que volvamos temprano y la cena esté lista, y no haya delivery y sí un flan casero, de tanto en tanto. Reclaman presencia, reclaman atención, reclaman calor de hogar y milanesas crocantes, acaso para poder evocarnos a través de olores y sabores, y no a
través de simples paseos por el shopping o llamadas al celular para que sepan que estamos pendientes de ellos, aunque estemos tironeadas y en plena reunión importantísima.
Y una no sabe cómo fue que los equilibrios se fueron al demonio, y nuestras vidas no sólo son muy diferentes de las de nuestras madres sino, casi podría decirse, su contracara. Los adolescentes son expertos en reproches, son escultores de reproches, los perfeccionan, los afilan, los elevan a la
categoría de manifiestos. Hoy nos están pidiendo que aflojemos el ritmo y les sigamos contando cuentos, como cuando eran chicos. Quieren que estemos disponibles para contarles que mamá los ama, que mamá los mima, aunque su agenda de esta semana esté muy complicada, aunque lleguemos a casa demasiado reventadas como para ayudarlos con las tareas. Estos chicos son chicos que
nunca sintieron sobre sus espaldas el peso de un interés único, aplastante, exclusivo: nos vieron insomnes al lado de sus camas cuando tenían mucha fiebre, pero también nos vieron vestirnos, maquillarnos, darles un beso y avisarles que los llamaríamos cada dos horas, desde el trabajo. Esa angustia finita y filosa que sentimos las madres trabajadoras cuando nos tironean el afuera y el adentro, no les alcanza, no la saben, la ignoran. ¿Cómo tramitarán, en sus propias vidas, estos reproches que nos hacen? ¿Qué harán con lo que dicen que les falta? ¿Buscarán la manera de ser madres pendientes de la hora de la merienda, o llegará el momento en el que comprenderán que la maternidad nos ilumina el camino, pero el camino no termina en ella?

Por Sandra Russo

03/08/2006 12:27 Autor: mujerescomoyo. Enlace permanente. Tema: SER MAMA No hay comentarios. Comentar.

ALGUIEN DIJO

tenerezza.jpgAlguien dijo que un niño se lleva en el vientre durante nueve meses.
**** Ese alguien no sabe que un hijo se lleva en el corazón toda la vida.

Alguien dijo que toma una seis semanas volver a la normalidad después de dar a luz.
**** Ese alguien no sabe que después de dar a luz la normalidad no existe.

Alguien dijo que se aprende a ser madre por instinto.
**** Ese alguien nunca fue de compras con un niño de tres años.

Alguien dijo que de "buenos" padres salen hijos "buenos."
**** Ese alguien piensa que un hijo viene con instrucciones y garantía.

Alguien dijo que las "buenas" madres nunca gritan.
**** Ese alguien nunca vio a su hijo romper con una pelota la ventana del vecino.

Alguien dijo que no se necesita una buena educación para ser madre.
**** Ese alguien nunca ayudó con una tarea de matemática de cuarto grado.

Alguien dijo que no se puede amar al cuarto hijo como al primero.
**** Ese alguien no tuvo cuatro hijos.

Alguien dijo que se pueden encontrar en los libros las respuestas a todas las preguntas sobre como criar hijos.
**** Ese alguien no tuvo un hijo que se metió un frijol en la nariz.

Alguien dijo que lo más difícil de ser madre es el parto.
**** Ese alguien nunca dejó a su hijo en la escuela el primer día de kindergarten.

Alguien dijo que una madre puede hacer su labor con los ojos cerrados y una mano atada a a espalda.
**** Ese alguien nunca organizó la fiesta de cumpleaños de su hija.

Alguien dijo que una madre puede dejar de preocuparse cuando los hijos se casan.
**** Ese alguien no sabe que el matrimonio agrega yernos y nueras al corazón de una madre.

Alguien dijo que el trabajo de una madre termina cuando el último hijo se va del hogar.
**** Ese alguien no tiene nietos.

Alguien dijo que una madre sabe que su hijo la ama, así que no hay necesidad de decírselo.
**** Ese alguien no es madre.

Alguien dijo que una madre no necesita de la comprensión y del "te quiero " del hijo..
**** Ese alguién no es un hijo.
*

Desconozco autor
17/07/2005 15:01 Enlace permanente. Tema: SER MAMA Hay 1 comentario.

SER MAMA ES UNA TAREA COMPLICADA

115139.jpgSer mamá es una tarea complicada, pero los hijos, a pesar de ser mayores, la hacemos más difícil. Piensa en esto:

Ella nos enseña a sentirnos valiosos e inteligentes, y lo hace tan bien, que después nos creemos mucho más inteligentes que ella.

Todo lo que tiene nuestra madre es parcialmente nuestro, todo lo que tenemos los hijos es totalmente propio.

La mamá es para muchos la responsable de todo lo que no funciona en nuestra vida.

Ella, como tal, nos debe perdonar aun las ofensas más graves. Nosotros, como hijos, la resentiremos y la juzgaremos durante años, aun por pequeñeces.

Los hijos podemos opinar con todo el derecho sobre lo que hace, deja de hacer o debería hacer, pero le exigimos con firmeza que
respete nuestra privacidad y autonomía.

Es común que tengamos al alcance de la mano la lista de lo que, a nuestro juicio, hizo mal o dejó de hacer por nosotros, pero pocas veces recordamos concretamente todo lo que nos dio, ayudó y benefició.

Con frecuencia le reprochamos no haber expresado su afecto por nosotros en la manera que esperábamos y usamos esto como pretexto para no demostrarle lo que sentimos de una forma que ella realmente perciba. (Tiene que ser ella la culpable.)

Los defectos los heredamos de ella y las cualidades las tenemos a pesar de ella.

Ella se quitó el pan de la boca para darnos la mejor educación posible y ahora nos sentimos más refinados que ella.

Queremos que nuestra madre sea una muy buena abuela, que esté pendiente de sus nietos, pero que no se meta con la
educación de nuestros hijos.

Nos gusta que nuestra madre se sienta agradecida con nosotros porque decidimos, sin consultarle, lo que consideramos
mejor para su vida. (Probablemente es lo más conveniente para nosotros.)

Agradecidos con mamá, en el día de la madre, de afán le compramos una tarjeta barata, un regalo cómodo y la invitamos a
comer nuestra comida favorita.

Y en unos años nos quejaremos de lo desagradecidos y duros que son nuestros hijos con nosotros.
*
desconozco autor
17/07/2005 14:56 Enlace permanente. Tema: SER MAMA No hay comentarios. Comentar.

NO PONER LIMITES ES ABANDONO

rtson.jpgNo poner límites es una especie de abandono por parte de los adultos
*
Entrevista con Catherine Dolto, pediatra, terapeuta infantil y docente de "haptonomía"
*
La hija de la célebre psicoanalista francesa Françoise Dolto estuvo en Buenos Aires
*
La especialista practica una terapia psicológica que emplea el contacto físico
La semana última presentó dos libros y dio dos seminarios en el Liceo Franco Argentino
*
Ser hija de la psicoanalista que cambió la idea que muchos padres del siglo XX tenían de sus hijos no debe ser fácil. Sin embargo, la sencillez y dulzura de Catherine, hija menor de Françoise Dolto -que de ella se trata- hablan muy bien de su madre.
La semana última, Catherine Dolto -miembro de un comité de Unicef, Caballero de la Legión de Honor y Comandante de la Orden de Mérito del gobierno francés- estuvo en Buenos Aires invitada por la Fundación Creavida y la embajada de Francia, para dar dos seminarios y presentar sus libros "Haptonomía pre y post-natal, por una ética de la seguridad afectiva", e "Infancias" (Libros del Zorzal, 2005), cuyo prólogo le pertenece y donde su madre revive los primeros años de su vida.
Catherine estudió actuación y sociología antes de convertirse en pediatra y, luego, dedicarse a la haptonomía, una psicoterapia basada en la afectividad creada por Franz Veldman.
-Doctora Dolto, ¿qué es la haptonomía?
-Es una ciencia que aborda al ser humano sin separarlo en cuerpo y espíritu, y que se aprende y se transmite por la experiencia. Ese es el límite de la transmisión universitaria, porque hay que comenzar por un largo desaprendizaje de todo lo que uno ha aprendido en la facultad de medicina, que considera al paciente como un objeto.
-¿Qué tipo de patologías o estados psicológicos trata?
-Es particularmente útil para las personas que han vivido pruebas muy precoces, antes de hablar. Cuando hay una profunda inseguridad afectiva, la situación psicoanalítica, muy distante, es imposible. Allí el trabajo haptonómico ayuda. Por eso tengo pacientes que son muy buenos psicoanalistas, pero llegan a mi consultorio diciendo: "Me quedan síntomas y sé que no son alcanzables con el psicoanálisis".
-¿El contacto físico puede curar?
-Bueno, uno puede estar en contacto con alguien sin tocarlo. Pero para tener, verdaderamente, una confirmación afectiva, un sentimiento de seguridad, es necesario el contacto. En la haptonomía, siempre hay un contacto y también está la palabra. Ocurre que cuando uno está en un cierto tipo de contacto, las palabras resuenan en nuestro interior de manera diferente.
-¿Qué opinaba su madre de esta terapia? ¿Discutían madre e hija?
-Sí, claro. Antes de su muerte, yo trabajaba sobre todo en la vida prenatal y los bebes. Eso la apasionó totalmente. Organizamos un pequeño curso para ella, para que pudiera ver por sí misma. Lo raro es que yo ya era docente de haptonomía y ella hacía preguntas más pertinentes que yo... (Se ríe.) En cuanto a la terapia de los adultos, estaba muy interesada, aunque tenía menos experiencia. La haptonomía no está en guerra con el psicoanálisis? Pienso que si Freud estuviera vivo se hubiera abierto a cosas nuevas.
-Siendo hija de Françoise Dolto, tanto usted como sus dos hermanos deben haber sido absolutamente sanos desde el punto de vista psicológico...
(Vuelve a reírse con ganas.) -Mi mamá jamás, jamás funcionaba con nosotros como psicoanalista. Siempre decía: "Cuando no estoy en mi consultorio, soy como la portera". Una vez, cuando yo tenía 18 años, le dije: "Mamá, quiero que me ayudes a interpretar un sueño". Entonces ella me contestó que no quería, que yo no era su paciente. Pero yo insistí e insistí. Después de tres semanas accedió y me dijo algo que yo le ocultaba cuidadosamente desde hacía meses. Como me puse colorada, enseguida me tranquilizó: "Pero también puede ser otra cosa totalmente distinta".
-¿Por qué considera tan importante la vida prenatal?
-La vida prenatal puede dejar huellas muy profundas, buenas y malas. Cuando un niño ha vivido un sentimiento de seguridad antes de nacer y también en los primeros años de su vida, tiene dentro de sí una seguridad increíble. Cuando un chico tiene como primera experiencia la separación, una vivencia difícil, violenta, puede ocurrir que repita a lo largo de su vida la misma receta.
-¿Ocurre lo mismo con el parto?
-El nacimiento y el parto son dos cosas diferentes. La madre puede tener un parto maravilloso, y el niño un nacimiento terrible. Es mi caso: creo que me interesó tanto el nacimiento porque casi muero al nacer sin que mis padres lo supieran. Nací en el campo; el obstetra fue genial y me reubicó, pero lo hizo bromeando, y sólo él y yo lo supimos. Guardé huellas de angustia de muerte a pesar de once años de psicoanálisis, pero en dos sesiones de haptonomía desaparecieron.
-¿No es el parto siempre una situación violenta?
-No. Es una experiencia fuerte, intensa, pero no necesariamente violenta. No hay que olvidar que la cabeza del bebe está adormecida por endorfinas, y el cerebro tiene ondas lentas, ondas de sueño. Lo que es violento es toda separación de un pequeño y su madre, y sobre todo si su padre no puede ocuparse. A veces es necesario, pero hay que hablarle al bebe. Incluso los bebes más pequeños necesitan que les hablemos. Porque si no, están abandonados.
-Hay quienes piensan que las madres actuales son poco espontáneas con sus hijos. ¿Usted coincide?
-Sí, es terrible. Uno se olvida de que los padres tienen una gran sabiduría. Sin embargo, la labor muy técnica del embarazo y el parto se transformó en un acontecimiento más médico que natural. La tarea de nuestra generación y de la que viene es devolverles al embarazo y al nacimiento su importancia para evitar que en nombre de la seguridad médica hagamos cosas patogénicas.
-¿Hay que rescatar las prácticas tradicionales?
-No todo lo tradicional está bien, porque en muchas poblaciones lo que rodeaba al nacimiento era muy violento. Algunos teorizan que era para seleccionar seres agresivos en las sociedades guerreras. No lo sé, pero puedo decir que los occidentales somos el producto de una selección negativa que dura desde hace siglos, por la que sólo los más rudos, los menos sensibles quedaron vivos. Por ejemplo, el hecho de confiar los chicos a nodrizas era de una extrema violencia que generaba una agresividad residual. Después vinieron los progresos técnicos que permitieron salvar muchas vidas. Pero ahora habría que preguntarse si está bien salvar bebes de 500 gramos? Tenemos que preguntarnos qué se podrá hacer con todos estos progresos técnicos para que se preserve lo humano dentro del ser humano, y no el mamífero, el primate, que siempre sabe sobrevivir muy bien.
-En la educación de los chicos, ¿está a favor o en contra de la permisividad de los padres?
-Sucedió algo terrible y es que el discurso de los psicoanalistas se entendió mal. Françoise Dolto dijo que no hay que culpabilizar, sino dirigirse al chico como un ser humano responsable, pero todo lo que quedó fue lo primero. También dijo que el hijo debe estar en la periferia de la pareja, no en el centro. Sin embargo, por diversas condiciones sociales, el niño se transformó en un objeto raro alrededor del cual uno se centra, que da sentido a la vida, en lugar de ser periférico. Por otro lado, nunca en la historia de la humanidad se vieron en tan poco tiempo tantos cambios. Lo que recibimos de nuestros padres, y que ellos a su vez recibieron de los suyos, no nos sirve para nada. Ahora tenemos que preparar a los chicos para una vida que no conocemos. Antes estaba instalada una educación dirigista, que trataba a los chicos como si fueran pequeños primates. Y de allí se pasó a una especie de abandono del niño, porque no decir que no es una especie de abandono por parte de los adultos. Eso produjo una catástrofe de gran perversión y ahora se quiere volver al rigor. Pero el ser humano es un mamífero muy particular, de modo que no tiene que educarse como un animal ni abandonado a sí mismo. Actualmente, somos el único mamífero que no les da a sus pequeños los códigos para vivir en sociedad. Como si el hecho de nacer de un hombre y una mujer fuera suficiente para hacer de nosotros un ser humano. No... la humanización se construye. Pensamos que es suficiente amar, pero no lo es. Hay que amar... bien.
*
Por Nora Bär
*
Copyright S. A. LA NACION 2005. Todos los derechos reservados.
5 de Abril de 2005
21/04/2005 22:28 Enlace permanente. Tema: SER MAMA Hay 1 comentario.

HUERFANOS DE NUESTROS HIJOS

hare.jpgHay un periodo cuando los padres quedamos huérfanos de nuestros hijos. Es que los niños crecen independientemente de nosotros, como árboles murmurantes y pájaros imprudentes. Crecen sin pedir permiso a la vida. Crecen con una estridencia alegre y, a veces, con alardeada arrogancia. Pero no crecen todos los días, crecen de repente.

Un día se sientan cerca de ti y con una naturalidad increíble te dicen cualquier cosa que te indica que esa criatura de pañales, ¡ya creció! ¿Cuándo creció que no lo percibiste? ¿Dónde quedaron las fiestas infantiles, el juego en la arena, los cumpleaños con payasos?

El niño crece en un ritual de obediencia orgánica y desobediencia civil. Ahora estas allí, en la puerta de la discoteca esperando no sólo que no crezca, sino que aparezca. Allí están muchos padres al volante esperando que salgan. Y allí están nuestros hijos, entre hamburguesas y gaseosas. Con el uniforme de su generación y sus incómodas y pesadas mochilas en los hombros. Allá estamos nosotros, con los cabellos canos. Y esos son nuestros hijos, los que amamos a pesar de los golpes de los vientos, de las escasas cosechas de paz, de las malas noticias y la dictadura de las horas. Ellos crecieron amaestrados, observando y aprendiendo con nuestros errores y nuestros aciertos. Principalmente con los errores que esperamos no se repitan.

Hay un periodo en que los padres vamos quedando huérfanos de los hijos. Ya no los buscaremos más en las puertas de las discotecas y del cine. Pasó el tiempo del piano, el fútbol, el ballet, la natación. Salieron del asiento de atrás y pasaron al volante de sus propias vidas.

Deberíamos haber ido más junto a su cama, al anochecer, para oír su alma respirando conversaciones y confidencias entre las sábanas de la infancia, y a los adolescentes, cubrecamas de aquellas piezas con calcomanías, afiches, agendas coloridas y discos ensordecedores. Pero crecieron sin que agotáramos con ellos todo nuestro afecto. Al principio fueron al campo, la playa, navidades, pascuas, piscinas y amigos. Sí, había peleas en el auto por la ventana, los pedidos de la música de moda. Después llegó el tiempo en que viajar con los padres comenzó a ser un esfuerzo, un sufrimiento, no podían dejar a sus amigos y primeros enamorados. Quedamos los padres exiliados de los hijos. Teníamos la soledad que siempre deseamos, y nos llegó el momento en que sólo miramos de lejos, oramos mucho (en ese momento se nos había olvidado) para que escojan bien en la búsqueda de la felicidad y conquisten el mun do del modo menos complejo posible.

El secreto es esperar. En cualquier momento nos darán nietos. El nieto es la hora del cariño ocioso y la picardía no ejercida en los propios hijos. Por eso, los abuelos son tan desmesurados y distribuyen tan incontrolable cariño. Los nietos son la última oportunidad de reeditar nuestro afecto. Así es. Los seres humanos sólo aprendemos a ser hijos después de ser padres; sólo aprendemos a ser padres después de ser abuelos. En fin, pareciera que sólo aprendemos a vivir después de que la vida se nos va pasando...
*
desconozco autor
21/04/2005 22:24 Enlace permanente. Tema: SER MAMA No hay comentarios. Comentar.

LOS EXTREMOS SE TOCAN

extrremos.jpgSomos las primeras generaciones de padres decididos a no repetir con los hijos los errores de nuestros progenitores. Y en el esfuerzo de abolir los abusos del pasado, somos los más dedicados y comprensivos pero a la vez los más débiles e inseguros que ha dado la historia. Lo grave es que estamos lidiando con unos niños más "igualados", beligerantes y poderosos que nunca.

Parece que en nuestro intento por ser los padres que quisimos tener, pasamos de un extremo al otro. Así, somos los últimos hijos regañados por los padres y los primeros padres a quienes los hijos nos regañan; los últimos que le tuvimos miedo a los padres y los primeros que le tememos a los hijos; los últimos que crecimos bajo el mando de los padres y los primeros que vivimos bajo el yugo de los hijos. Y lo que es peor, los últimos que respetamos a nuestros padres, y los primeros que aceptamos que nuestros hijos nos irrespeten.

En la medida que el permisivismo reemplazó al autoritarismo, los términos de las relaciones familiares han cambiado en forma radical, para bien y para mal.

En efecto, antes se consideraban buenos padres a aquellos cuyos hijos se comportaban bien, obedecían sus órdenes y los trataban con el debido respeto; y buenos hijos a los niños que eran formales y veneraban a sus padres. Pero en la medida en que las fronteras jerárquicas entre adultos y niños se han ido desvaneciendo, hoy los buenos padres son aquellos que logran que sus hijos los amen, aunque poco los respeten. Y son los hijos quienes ahora esperan respeto de sus padres, entendiendo por tal que les respeten sus ideas, sus gustos, sus apetencias y su forma de actuar y de vivir. Y que además les patrocinen lo que necesitan para tal fin. Como quien dice los roles se invirtieron, y ahora son los papás quienes tienen que complacer a sus hijos para ganárselos, y no a la inversa, como en el pasado.
Esto explica el esfuerzo que hacen hoy tantos papás y mamás por ser los mejores amigos y parecerles "chéveres" a sus hijos.

Se ha dicho que los extremos se tocan. Y si el autoritarismo del pasado llenó a los hijos de temor hacia sus padres, la debilidad del presente los llena de miedo y menosprecio al vernos tan débiles y perdidos como ellos.

Los hijos necesitan percibir que durante la niñez estamos a la cabeza de sus vidas como líderes capaces de sujetarlos cuando no se pueden contener y de guiarlos mientras no saben para dónde van.

Si bien el autoritarismo aplasta, el permisivismo ahoga.

Sólo una actitud firme y respetuosa les permitirá confiar en nuestra idoneidad para gobernar sus vidas mientras sean menores, porque vamos adelante liderándolos y no atrás cargándolos y rendidos a su voluntad. Es así como evitaremos que las nuevas generaciones se ahoguen en el descontrol y hastío en el que se está hundiendo una sociedad que parece ir a la deriva,
sin parámetros ni destino.
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Ángela Marulanda
Autora y Educadora Familiar
08/03/2005 23:01 Enlace permanente. Tema: SER MAMA No hay comentarios. Comentar.

USTEDES ME ENTIENDEN....

ustedes.jpgParto vertical. Parto horizontal. Parto en el aire, en el agua, en la cama, en el campo. Parto de a uno, de a dos, en familia, por cesárea, parto de urgencia. Parto.

¡Ay! Cada vez que me acuerdo... Ustedes comprenderán. Cada vez que me acuerdo pienso en Einstein. ¿Ustedes comprenden?

Seguro que no.

Me explico: nueve meses de panza que crece. Nueve meses de ansiedad que se acumula. Nueve meses considerando opciones, tratando de elegir la que es más conveniente. Y de pronto, patea, se retuerce, empuja, empuja, suda, gime, gime...

Pedís por Dios que termine pronto. Pedís por Dios -y por todos los santos- que asome su cabeza, su hombro, su cuerpito. Pedís por todos los dioses del cielo que emita el primer llanto y muestre, al fin, su sexo abierto al mundo. Es nena. Es una nena sanita y redonda. Es una nena. Es igual a vos. Es tu calco. Mirá...

¿Ustedes entienden?

Por estos días cumple 19 años. Alta, redonda, decidida, mujer.

Y yo -¡qué ridícula!- me acuerdo de Einstein.

El tiempo es relativo, creo que decía, ¿no?

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Alejandra Herren
08/03/2005 23:00 Enlace permanente. Tema: SER MAMA No hay comentarios. Comentar.

CAI EN IDEALIZAR LA MATERNIDAD

Babyblanketbydawn.gifMATERNIDAD Y FEMINIDAD EN EL LEGADO
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En una conferencia inédita hasta hoy, la psicoanalista Marie Langer rectificó formulaciones de su famoso libro “Maternidad y sexo”, y volvió a reflexionar sobre la condición femenina.
Cuando escribí Maternidad y sexo, en 1951, sucumbí a la idealización de la maternidad. Es verdad que aclaro allí, muy formalmente, que se puede ser mujer sin tener hijos, pero fue sólo un gesto de cortesía para con las mujeres que no los tienen. Aprendí de Juliet Mitchell que, en ese entonces, no estaba sola; éramos muchas las que idealizábamos tanto la maternidad como la lactancia. Y, después, Elizabeth Badinter se refirió a eso con mucha lucidez. Era la época en que todo parecía remitirse al vínculo madre-hijo, lo que, generalmente, desembocaba en terapia familiar, donde todos –o nadie– tienen la culpa. Pero, en ese momento, se culpaba a las madres. Juliet Mitchell se pregunta por qué tantas madres son culpables de tantas cosas y da una respuesta tal vez un poco mecanicista y economicista, pero convincente. Había terminado la guerra; volvieron los hombres del frente, las mujeres no mostraban mucha disposición a perder sus logros y volver al hogar: entonces se les impuso el abandono de sus puestos de trabajo diciendo: “Si no vuelve al hogar, señora, si no se dedica tres o cuatro años a cada niño, su hijo puede volverse delincuente, drogadicto, esquizofrénico”. Y se exageraba mucho insistiéndoles a las madres para que resignaran sus propias ambiciones, sus posibilidades, sus capacidades, para entregárselas al niño, al futuro del niño, a la crianza del niño. Entonces: ¿se trata de teorías o se trata de ideologías? ¿Es todo cuestión de modas? ¿Son sólo causas económicas las que están en juego?
Es bien sabido por ejemplo que, antes de la Segunda Guerra Mundial, tanto Hitler como Mussolini pusieron el énfasis en la mujer en cuanto madre, ama de casa. Las tres “K” de Hitler: Kinder, Kuche, Kirche (niño, cocina, iglesia).
Pero después, a medida que la guerra progresó y faltaron los hombres, las mujeres dejamos de lado a los niños y los enviamos a las guarderías, cosa que hasta entonces había sido considerada una conducta desnaturalizada. Y las mujeres se incorporaron al trabajo extra-hogareño y fueron al frente. A partir de allí encontramos a las mujeres en cualquier actividad. Después, cuando vino la época de crisis, las mujeres “tuvieron” que regresar al hogar, a formar parte del ejército de reserva laboral del cual hablaba Marx.
Es muy difícil definir cuál es la disposición biológica a tener un hijo, porque lo biológico viene de un lado y, del otro, lo social y lo cultural. Sí. Es seguro que las mujeres somos diferentes de los hombres; es absurdo jugar al unisex. Tenemos un aparato biológico capaz de procrear hijos y tenemos una situación social que influye en nuestros deseos, en nuestras posibilidades y en nuestras ideologías. También tenemos un cerebro que no difiere del hombre, aunque sea un poquito más liviano. Tenemos un cerebro más liviano, pero no somos más livianas que los hombres. Conozco hombres que son mucho más livianos que algunas mujeres. Y, aunque sea muy difícil de discernir, lo importante en mi profesión de analista es enfocar estrictamente cada caso y ver si la renuncia al hijo para la autorrealización es necesaria. No necesaria: si es útil o si es inútil.
Y aquí quisiera tomar en cuenta no solamente lo consciente sino también los factores inconscientes. Sabemos que tenemos un deseo consciente y que tenemos, también, un deseo inconsciente. Pongamos el caso de la decisión consciente de tener un hijo y no poder quedar embarazada, aunque la anatomía lo permita. Pongamos el caso de asumir la alternativa de no tener un hijo porque estudio tal carrera, porque arruinaría mi desempeño laboral. Detrás de esta decisión, aparentemente tan lineal, tan fácil, hay una larga problemática que no queda resuelta. Desde que somos conflictivos como seres humanos, desde que somos ambivalentes como seres humanos, no hay decisiones limpias, cortantes, sino que siempre, tras una decisión, queda algo de la otra. Y después está ese otro problema tan conocido: el “drama de la mujer que trabaja”. No me refiero a las mujeres que trabajan por necesidad económica, no me refiero a las obreras que juegan su propia supervivencia en el trabajo o a aquellas que indefectiblemente tienen que aportar algo a la casa. Hablo de las mujeres de clase media que trabajan porque les gratifica su trabajo, porque no quieren delegar en el esposo o en sus hijos su propio mantenimiento. Aludo a las mujeres que, si les viene bien ganar dinero, su vida no depende de eso. Bueno, esas mujeres están constantemente en conflicto con las exigencias del esposo, las exigencias de los niños y las exigencias del trabajo. Se sienten sobrecargadas, y lo están. Tienen la permanente sensación de no cumplir nada bien y de estar siempre en falta y tironeadas.
Y me refiero también al inconsciente. Supongamos que tenga un marido muy comprensivo, de todas formas ella sentirá que no hace las cosas tan bien para él como las hizo su madre con su padre, y su suegra con su marido. Después vendrán los niños, muy bien, pero, al fin, los niños algún problema tendrán. Entonces cree –le hicieron creer, y el psicoanálisis de posguerra con Winnicott, Spitz, Dolto, Raskovsky ayudó mucho a eso– que si el niño tiene algún problema, la culpa es suya porque trabaja y no se dedica al famoso vínculo madre-hijo toda la vida. Y en el trabajo, ¿quién no fracasa a veces en el trabajo?, ¿quién no va a veces con desgano? Pero para las mujeres, la mala conciencia nos hace sostener la convicción de que eso nos pasa porque hacemos demasiadas cosas; porque hacemos más cosas de las que deberíamos. Y ahí aparece un conflicto con el ideal del yo, con el modelo ideal de madre y de mujer, como una supone que debería ser. Y, también, con el superyó de la mujer. El superyó que, como dice Freud, viene siempre de las generaciones pasadas: las sagradas obligaciones.
En cambio, los hombres de hoy, si bien están en crisis porque tienen que adaptarse a convivir con mujeres más independientes, no tienen tantas exigencias. Sus modelos ideales, los estereotipos masculinos no cambiaron tanto, aunque a veces puedan sentirse mal si la mujer gana más que ellos o si no pueden mantener el hogar como querrían. Sí, pienso que las mujeres estamos más confundidas que los hombres en cuanto a qué es lo que deberíamos hacer o lo que no deberíamos hacer. Por ejemplo: ¿qué les pasa a las mujeres que, habiéndose realizado en la maternidad o no, les ganan a los hombres? Analíticamente, clásicamente (lamentablemente, muchos analistas lo dicen), las mujeres que pretenden trabajar, estudiar, ganar dinero, son acusadas de envidiar los privilegios que tienen los hombres, cuando no de querer castrarlos: la famosa envidia fálica. Eso no es cierto. ¿Queremos realmente castrar al hombre, o admiramos y reclamamos para nosotras el lugar de privilegio que los hombres ocupan en nuestra sociedad patriarcal? Melanie Klein dice que la envidia fálica es secundaria y Lacan dice que estamos castrados, tanto hombres como mujeres, así que viene a ser casi lo mismo. Yo no lo sé. Sin embargo, algo de eso hay en nuestro inconsciente y –no tengo dudas– los analistas deberíamos interpretarlo, pero no reforzarlo superyoicamente.
Freud dice que cuando uno se enamora, reviste narcisísticamente con todas sus cualidades al objeto de su amor. Eso pasa tanto con el hombre como con la mujer, pero yo diría que a las mujeres nos pasa un poco más. Las mujeres tenemos la necesidad de transformar a nuestros hombres en seres importantes; tenemos la necesidad de idealizarlos; de creernos y hacerles creer que son geniales. Las mujeres delegamos mucho más en ellos de lo que ellos delegan en nosotras. Los cuidamos y, dado que somos madres y hemos criado hijos varones, nos damos primero a la tarea de armarlos como figuras omnipotentes, para después protegerlos y evitar que se derrumben. Y esto es así hasta que nos cansamos y nos divorciamos. Entonces, “los hacemos pedacitos”. ¿Por qué es tan fácil “hacerlos pedacitos”? No es por culpa de ellos. Se debe a que los hemos idealizado tanto, a que los hemos amado y armado tanto, que es difícil, después, no ceder a nuestra ira guiadas por el resentimiento; es difícil, después, rebelarnos a nuestro propio superyó. Porque, aunque seamos feministas, aunque declamemos nuestra convicción de que la mujer vale tanto como el hombre, en el inconsciente no la tenemos tanto.
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Marie Langer
(Página 12)

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Fragmento de una conferencia pronunciada en Madrid, en 1984, por invitación de Hernán Kesselman. Texto establecido por Juan Carlos Volnovich
07/03/2005 22:04 Enlace permanente. Tema: SER MAMA No hay comentarios. Comentar.

NOS HAN HECHO CREER QUE LA MATERNIDAD ES UN ROL VITALICIO

vitalicio.gifA partir de los 50 es necesario desprenderse de ciertos estereotipos —como la relación incondicional con los hijos— para producir cambios que benefician tanto a las mujeres como a su entorno afectivo.
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Hace tiempo, el escritor Norman Mailer dijo, hablando específicamente sobre hombres, que "debían crecer o pagar más por seguir siendo los mismos". Hablemos ahora de mujeres: si no crecen, si no cambian, ¿los costos que pagan también son altos?

—Hombres y mujeres pagamos costos altos cuando insistimos en mantener esquemas de funcionamiento que nos tienen atrapados y que en el fondo son muy insatisfactorios. En la edad media de la vida (de los 50 a los 60 años) hay muchas cosas que cambian para unos y otras. Pero las mujeres arrastramos ciertos condicionamientos de género que nos hacen más difícil producir cambios saludables.

¿A qué se refiere?
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—La vida es cambio permanente, eso no es ninguna novedad. Pero para poder enfrentar los cambios, es necesario hacer desprendimientos; si uno no suelta lo anterior, es imposible tomar lo que sigue. Insisto en que es difícil a veces para las mujeres hacer ciertos cambios porque seguimos muy condicionadas por algunos roles, imágenes y prejuicios que tenemos incorporados.

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¿De qué tendríamos que desprendernos para hacer cambios saludables?

—Hay cambios que se nos imponen. Frente a ellos, hay dos grandes actitudes: o uno se somete o se convierte en protagonista de los cambios.

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Prefiero la segunda opción. ¿Cómo se hace?

—Hay que montarse en los cambios, aliarse con ellos y manejar las riendas en los aspectos en que se pueda. La edad media de la vida suele coincidir con que los hijos han crecido y, como corresponde para hijos que han hecho un buen desarrollo, levantan vuelo y hacen su propia vida. Se producen entonces muchos espacios vacíos, que estuvieron anteriormente demasiado ocupados con la crianza. Uno de los obstáculos que veo para poder protagonizar cambios es que las mujeres en general hemos crecido en una sociedad en la que nos han hecho creer que la maternidad se ejerce como un rol vitalicio. Eso es terriblemente perjudicial.

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¿Por qué?

—Aclaremos algo: cuando una es madre, lo es de por vida. Pero eso no significa que una tenga que seguir funcionando en un rol maternal de por vida. Porque tanto el rol materno como el paterno están destinados a criar la prole para que pueda adquirir recursos propios, para que aprenda a conectarse afectivamente con el mundo y para que aprenda a tener buenos intercambios sociales. ¿Cuánto lleva eso? Digamos, como mucho, veinte años. Porque como madre y como padre, podemos enseñar cosas hasta los diez, quince años. Luego, para bien y para mal, ya les transmitimos todo lo que pudimos. Seguir con el rol materno vitalicio es seguir sosteniendo una situación de dependencia a ambas puntas.

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¿Usted está segura de que eso perjudica a las madres y también a los hijos?

—Claro, porque también esperamos que cuando los hijos crezcan, sigan funcionando como pequeños que cubren ciertos espacios. Cuando los hijos son grandes se convierten en hombres y en mujeres. Y las madres tenemos que aprender a desprendernos de los hijos niños y niñas que tuvimos para conectarnos con esos hombres y mujeres que son los hijos adultos. Eso nos hace también desprendernos de una actitud incondicional a ultranza para establecer un vínculo de más reciprocidad adulta.

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Pero para muchas mujeres —aun para las que tienen desarrollo profesional—, ese rol central en la casa, con los hijos alrededor, es primordial.
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—Precisamente, otra necesidad para hacer cambios saludables es desprendernos del protagonismo basado en ser el centro del escenario alrededor de la prole.
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¿Usted habla de poder ser protagonista de una obra en otro escenario, con otro argumento?
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—Es que una obra baja de cartel y todos los actores quedan en libertad para hacer otras obras y jugar otros papeles.
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¿Y eso no da miedo?
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—¡Seguro que hay riesgos y miedos! Porque cuando los hijos se van, quedamos a solas con la pareja. Esto nos lleva a otro desprendimiento necesario, que es el de la imagen ilusoria que teníamos de la pareja para establecer otro vínculo, en donde podamos aceptar al otro como es y respetarnos a nosotras como somos. Esto suele ser más difícil para las mujeres que para los varones porque las mujeres hemos sido educadas como satélites del deseo ajeno. Es decir, para aprender a descifrar los deseos de los otros y tratar de satisfacerlos. Tenemos poca práctica en descubrir nuestros propios deseos y cuando los descubrimos, tenemos dificultades para legitimarlos. Una vez, una mujer me dijo una frase genial por lo reveladora: "Es tanto lo incorporado como obvio, que a una se le confunde con el deseo propio. Terminamos deseando aquello que los otros quieren que hagamos".

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¿Los hombres saben acompañar los cimbronazos de la mediana edad de las mujeres?
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—A los hombres también les afecta cuando los hijos crecen y se van, pero no quedan prisioneros de ese escenario. Sienten que hay un vacío y tratan de ver cómo lo pueden reacomodar. Y generalmente lo hacen bastante bien; sobre todo porque las mujeres se ocupan de llenarles los espacios. Pero los hijos no eran el eje central de sus vidas ni lo que definía su identidad. Por eso es que no pueden acompañar mucho a las mujeres porque no entienden realmente qué les pasa. Y tienen motivos para no entender. Porque ellos siguen teniendo su mundo interno organizado, con intereses múltiples.

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Parece mucha la energía que se necesita para impulsar los desprendimientos que usted pide. ¿La etapa de los 50 a los 60 es la más difícil para las mujeres?
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—Por lo que estoy viendo, todas las etapas son hoy difíciles para las mujeres. A los veinte cuesta, a los treinta cuesta, a los cuarenta cuesta... La diferencia que yo marcaría es que, de los cincuenta en adelante, se toma conciencia de la finitud del tiempo. Antes de eso, intelectualmente lo sabemos, pero en el fondo no lo creemos. Y además, realmente, una se da cuenta de cuántos condicionamientos han influido en nuestras vidas, y advertimos que ya no estamos tan dispuestas a seguir subordinándonos a ellos. Pero no siempre tenemos los recursos para enfrentarlos.

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¿Por qué el escenario sería también complicado para las mujeres más jóvenes? ¿No tienen una imagen menos rígida del rol materno?
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—Hoy hay mujeres de treinta y tantos que no han tenido hijos y que piensan que les gustaría tenerlos, pero que hasta ahora no han sido madres porque se han permitido el seguir siendo libres. No como la mayoría de las que ahora tenemos sesenta años, que ni lo pensábamos: a determinada edad había que tener hijos y una los tenía. Creo que los teníamos de inconscientes y después nos poníamos contentas de haberlos tenido. Hicimos lo mejor que pudimos; a veces bien, a veces mal. Muchas de las jóvenes actuales han hecho uso de las libertades que las predecesoras les habilitamos. Al llegar a los treinta y pico, las mujeres hoy toman conciencia de la enorme energía que significa parir un hijo y criarlo. No sólo de lo complicado que es, sino de cuántas libertades quita, y cuántas cosas se pierden y cambian. La ambivalencia es mucho mayor y todas son conscientes de esto. Por eso los debates internos y con la pareja las sensibilizan tanto.
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La clave sería entonces poder descubrir, en cada etapa de la vida, qué decisión nos resultará menos costosa, ¿no cree?
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—Todo es costoso. Hay un error en creer que hay cosas menos costosas que otras. Lo que cada persona tiene que evaluar es qué es lo menos oneroso para ella: tener hijos, decidir no tenerlos, seguir adelante con una pareja, ponerle fin, buscar éxito en el trabajo, preferir un desempeño menos exigente... En lugar de "costoso", le propongo otro adjetivo: "laborioso", quizá menos cruento. Es más laborioso tratar de resolver los conflictos de la vida, de la misma manera que es más laboriosa la democracia. La guerra es mucho menos laboriosa, pero son muchos más los que pierden que los que ganan. Piense en otra imagen: la de un malabarista. Es saludable estar haciendo malabares en varios escenarios a la vez. Uno intenta no perderse nada de la vida y no congelarse en un solo rol protagónico
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CLARA CORIA, PSICOLOGA
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Analía Roffo.
para Clarin, 27/2/05
27/02/2005 10:11 Enlace permanente. Tema: SER MAMA No hay comentarios. Comentar.

MADRE E HIJO

madreehijo.jpgLas madres de este mundo merecen el mayor respeto debido a que tienen el mayor poder y la mayor responsabilidad: hacer surgir y nutrir vida nueva. La prosperidad de cada familia, cada sociedad o nación, aun del mundo entero, en última instancia, descansa sobre sus hombros.

Deseo felicitar a todas las madres que luchan por criar a sus niños: su precioso trabajo está creando el más grande valor posible. Espero que sientan un gran orgullo por lo que están haciendo.

La influencia de una madre sobre su hijo es como el aire a su alrededor, invisible, pero suprema en su poder e importancia. Aun sin palabras, la visión que una madre tiene de la vida será comunicada de forma natural al niño, influenciándolo. A través del contacto con sus madres, los niños aprenden a enfrentar las circunstancias difíciles, desarrollan la habilidad de distinguir el bien del mal y el coraje de defender lo que creen correcto.
Los niños observan todo lo que sus madres hacen. Si un niño oye a su madre decir una mentira, sin poder discernir sobre ello, ésa sería su primera lección de cómo convertirse en un hábil mentiroso. Por otro lado, si su madre tiene una actitud vivaz y positiva, aunque nunca obtengan riquezas materiales o estatus social, los niños heredarán el más valioso de todos los tesoros: una fuerza espiritual que nunca será quebrantada. Esta fortaleza interior es lo que determina si un niño llevará una vida dichosa o infeliz.

En términos generales, mientras más difíciles se pongan las circunstancias de su familia, más fuerza demuestra la madre. Si la madre es fuerte, su familia será invencible, independientemente de las tribulaciones que enfrenten.
*
En la famosa novela de John Steinbeck Las uvas de la ira, que trata de una familia que viaja al oeste atravesando los Estados Unidos de América en busca de trabajo durante la Gran Depresión de los años 1930, el autor describe la indestructible fuerza de Ma, la madre de la familia.
El padre pregunta acerca de irse al oeste: "¿Podemos, Ma?" Y ella contesta firmemente_
"No es "¿Podemos?" – sino "¿lo haremos?" En cuanto a "podemos", "no podemos hacer nada", ni ir a California ni nada; pero en cuanto a "lo haremos", bueno, haremos lo que haremos."
La tierra de sus sueños resulta estar superpoblada de familias desesperadas por trabajo, y la familia sufre una serie de tragedias. Steinbeck describe la negativa de Ma a rendirse, de la siguiente manera: "Sus ojos castaños parecían haber vivenciado toda la tragedia posible y haber superado el dolor y el sufrimiento como escalones hacia una elevada calma y una comprensión sobrehumana."
Ella dejaba relucir el brillo de su alma, como el sol en lo alto sobre oscuras nubes de agonía. "Y ya que ni el viejo Tom ni los niños podían conocer el dolor o el temor a menos que ella lo evidenciara, siempre los negó dentro de sí misma." De manera que se conquistó primero a sí misma, y nunca demostró impaciencia ni quejas.

Cuando el sol se oscurece, igual ocurre con el mundo entero. Pero cuando el sol sonríe, el mundo entero suspira aliviado. Una madre es verdaderamente como el sol, calentando a todos, a menudo sufriendo por otros, considerando esas acciones como una dicha.

Sin embargo, no siento que sea siempre correcto alabar la desinteresada lluvia de amor sobreprotector de una madre sobre su hijo. Algunas madres, debido a su fuerte y ciego amor, son demasiado indulgentes con los deseos de sus hijos y terminan malcriándolos. Lo que originalmente debió ser para la felicidad del niño en realidad lo hará desdichado luego, él tendrá que luchar para adaptarse cuando comience a interactuar con otras personas y tenga que comprender que no es el centro del mundo.
Algunas veces la gentileza debe ir aparejada con la disciplina si es que una madre va a enseñarle a su hijo cómo ser realmente humano.
*
Una antigua historia china relata cómo la madre de un poderoso general reprende a su hijo quien acaba de llegar a casa triunfante de una batalla. Ella se niega a dejarlo entrar en su casa. Por medio de un mensajero lo regaña diciendo: "¿Qué has hecho? Tus soldados fueron pobremente alimentados mientras tu comías cenas lujosas. Enviaste gente a morir mientras te sentabas cómodamente en tu silla de general. Puede que hayas ganado la batalla, pero tu liderazgo es falso. Tú no eres mi hijo. No te dejaré entrar en mi casa." Afortunadamente él escucha las poderosas palabras de su madre y se convierte en un líder más fuerte y sabio preocupado por su gente.

Sin importar cuán ocupada pueda estar una mujer con su trabajo, tareas domésticas y la crianza, nunca debería ser negligente con su propio crecimiento como ser humano. Los niños buscan en los padres un ejemplo, personas que ellos puedan respetar y admirar. En consecuencia, el propio desarrollo interior de una madre es un proceso de toda la vida que nunca debe olvidarse. Las madres efectivas no son aquellas que obtienen satisfacción de haber sacrificado sus vidas por sus hijos. Las madres efectivas son aquellas que se pulen y mejoran a sí mismas continuamente.
A una mujer que ha perdido la conciencia de sí misma como individuo y que no tiene ningún deseo de crecer se le puede agradecer por todo lo que ha hecho, pero su habilidad de inspirar respeto a sus hijos será limitada. La forma de vivir de una madre — su carácter — es el tesoro más precioso que puede darle a sus hijos.
Toda madre tiene recursos de amor y un valiente corazón, pero lo que cuenta es cuán amplia es su visión. Sólo una madre que posea un amor por la justicia y un deseo por la paz tendrá el suficiente coraje y confianza para tratar a todos con afecto, y ser capaz de criar niños con un fuerte espíritu, creatividad y amplitud mental.

Cuando las madres extienden su amor maternal, no sólo a sus propios hijos sino también a toda la sociedad, y se unen a otras madres para señalar las equivocaciones en la sociedad, yo creo que ellas pueden comenzar a cambiar nuestro mundo.
*
SALUDO A LAS MADRES

Madre
Tú eres sublime,
Noble, indomable.
Tú eres gentil
Y aun así más fuerte que nadie.
Siempre sonriendo,
Tú puedes ser comprometedora o
Intimidante.
Y aunque
Puedas aparecer como un niño
Eres una perceptiva estudiante de la vida
Con un doctorado
En vida diaria.
A través del sufrimiento, de la dicha o la tristeza,
Siempre creas un ambiente
De tranquilidad y comodidad.
Eres un médico brillante
Al curar las heridas del corazón.
Tu propio corazón
Es más profundo que el océano,
Con tus ojos abiertos, observadores de la verdad,
Tu sonrisa cálida y familiar.
Forjas lazos de alegría
Con cuantos te encuentras,
Te comprometes en la compasiva
Lucha por los derechos humanos, por la paz,
Siempre avanzando
Un paso más hacia un mundo mejor.
Nadie puede igualarte ni sobrepasarte —
Ni el famoso
Ni el políticamente poderoso.
Con total despreocupación
Ante la falta de riquezas,
Tú sonríes, serena e imperturbable.
Preparas tu simple comida,
Riendo, alabándote a ti misma,
"¡Mejor que el mejor restaurante!"
Celebras la estrechez hogareña como
"¡Más eficiente y fácil de limpiar!"
Cuando la gente calumnia, tú sabes
Quién es un mentiroso
Quién es un hipócrita
Quién está motivado por la envidia.
Tus poderes de percepción
No tienen rival en
Ningún procurador de justicia.
Nunca sucumbes al poder del autoritarismo
O de las mentiras maliciosas,
Tú eres una madre
De la verdad y la justicia.
A ti, mi gratitud.
A ti, mi más
Profundo respeto.
*
Daisaku Ikeda
20/02/2005 10:16 Enlace permanente. Tema: SER MAMA No hay comentarios. Comentar.

RELACIONES ENTRE MADRES E HIJAS: la gran herida

relaciones.jpgSi algo hemos descubierto las mujeres después de muchos esfuerzos es que ya no podemos esperar que la solución nos llegue desde afuera, como el beso de la Bella Durmiente. Algo tenemos que hacer por nuestra cuenta para avanzar hacia nuestra verdadera identidad, ese núcleo puramente femenino que está allá, en lo profundo de nosotras, y que desconocemos.
Pensadoras muy inteligentes se han dedicado a descubrir qué hacer y han llegado a la conclusión de que es preciso sanar varias heridas; varias llagas abiertas que nos duelen demasiado como para poder poner nuestra atención en la tarea absorbente de crecer y desarrollarnos. La jungiana Connie Zweig, por ejemplo, en la introducción a la espléndida antología “Ser Mujer” enumera las siguientes sanaciones necesarias:

- sanar nuestra relación con las mujeres y lo femenino;
- sanar nuestra relación con los hombres y lo masculino;
- sanar nuestra relación con los ritmos, los instintos, y los deseos;
- sanar nuestra relación con los arquetipos de la Diosa, es decir, lo Femenino Arquetípico.

En todas las fisuras sin curar, el flujo de nuestra energía se detiene y retrocede. No es posible ser plenamente mujer sin estar bien relacionada con el propio género; sin haber depurado las adulteradas relaciones con el hombre; sin responder a nuestros propios procesos femeninos corporales y sin contar con una deidad femenina que nos sirva de modelo y nos presente pautas de realización.
Muchas mujeres creen que el primer paso del programa es ocuparnos del problema más urgente que sufrimos bajo el patriarcado: la mala relación con nuestra madre.
“Hay un vacío que actualmente sienten las mujeres”, dice la terapeuta Eleanor Hall en su libro “La Luna y la Virgen”. “Cada vez que existe tal vacío, tal brecha o herida, la sanación ha de buscarse en la sangre de la herida misma (...). De modo que el vacío femenino no puede ser sanado por la conjunción con el varón, sino más bien por una conjunción interna, por la integración de sus propias partes, por una remembranza o reintegración de cuerpo madre/hija.
En otras palabras, si no estamos enteras no hallaremos verdadera –ni duradera- satisfacción en la relación con el hombre. Y estar enteras significa que no esté roto en nosotras el ciclo de las edades femeninas: la joven, la madura y la anciana, que en otro sentido equivale a nuestra fluida vinculación hacia atrás con nuestra madre y hacia delante con nuestra hija, cuando la tenemos.
*
Esa vinculación entre tres personas físicas es aún más importante porque se refleja en nuestro interior y allí se reproduce. O sea que si no estamos en buena relación con nuestra hija, por ejemplo, no encontraremos dentro de nosotras las fuente de renovación de nuestra juventud (no podremos eventualmente “convertirnos en nuestra propia hija para iniciar nuevas etapas con la frescura necesaria). Y si no estamos en buena relación con nuestra madre, nos negaremos eventualmente a asumir nuestra edad realmente madura y sabia.
Lo Femenino Arquetípico siempre ha sido imaginado triple, tanto en la mitología como en la antiquísima religión de la Gran Madre Universal que la arqueología revela. La Doncella, la mujer Plena y la Anciana Sabia han sido veneradas universalmente y, tras su exilio de cinco mil años, siguen allí, dentro de la psique femenina, para ordenar nuestra trayectoria natural y mostrar las cualidades e cada una de esas etapas. Si se rompe el ciclo, no hay renovación posible y la mujer pierde sus fuerzas al avanzar a ciegas, sin saber dónde está, engañada siempre por las instrucciones malintencionadas del sistema cultural. Una falsa ideología que le dice, por ejemplo, que no ha de querer llegar a la etapa de la Anciana y ha de gastar sus energías en el esfuerzo inútil de detener el tiempo.
La mala relación con nuestras madres forma parte importante de un esquema represivo que quiere una mujer despotenciada y débil, tan temerosa del futuro que no piense demasiado en reclamar sus derechos a crecer. También, según Mary Daly, es una forma de desviar nuestras búsquedas. Dice en “Gin-Ecología”:
“Cegadas y des-alentadas por estas ataduras mentales, las hijas sienten enojo por la impotencia de sus madres ante el dominio patriarcal. Y sin embargo, el tirón hacia la madre siempre está presente: la hija la busca por doquiera. Deméter y Perséfone se buscan una a otra en todos los sitios equivocados, en rostros extraños y, lo más trágico de todo, en el varón (...). Las hijas buscan la madre perdida en sustitutos masculinos, volviéndose hacia ellos en busca de la divina chispa de estímulo que ellos no poseen ni pueden dar, ya que es la legítima herencia de nuestro propio género”.
Reconocer y admitir nuestro enojo por la impotencia de nuestras madres puede ser el punto de partida, el gesto inicial que empiece a desatar el nudo del problema. Si no experimentamos hasta ahora una profunda compasión por su frustración como mujeres, por su dolor de seres con límites demasiado establecidos entre los que a veces estallan, a veces de deforman y otras veces de dejan morir, conviene que reexaminemos nuestro enfoque y tratemos de ver el verdadero cuadro.
Es el cuadro conmovedor de las madres patriarcales atrapadas entre prescripciones inflexibles y socavadas por hurtos indebidos: de su dignidad, de su autoridad legítima o del respeto que se debe a la Dadora de la Vida. Madres aplacadas apenas por un “día” anual de homenaje, cuando el resto de los días deben sobrevivir en un clima contrario a la vida y por ende a la maternalidad profunda, que no en vano reemplaza su nombre con conceptos patriarcales, patrísticos o patrióticos.
La hija debe entender a la madre y sus falencias, sin que por eso sea necesario repetir los errores o excesos en que la “madre patriarcal” puede caer. Lo que se necesita es comprender que la progenitora terrible o lastimosa de esta cultura misógina no está expresando verdaderamente (le es imposible hacerlo) al gran arquetipo materno universal: esa tendencia femenina a dar vida, nutrir y proteger, dejar ir y volver a recibir, y sobre todo fomentar el desarrollo de su criatura sin identificarse con ella, ni exigirle conductas que compensen sus propios fracasos. Si la madre patriarcal casi nunca puede cumplir ese programa, es porque sus circuitos mentales han sido saturados desde hace miles de años con contenidos negativos acerca de su propio valor personal, con órdenes y contraórdenes conflictivas, con conceptos que han erosionado su autoestima. Y es muy raro que en la edad madura una mujer pueda evadirse de todo eso para dar a su hija el ejemplo necesario.
De la madre-niña a la madre mutiladora, de la madre que abandona a la que se sume en depresión cuando es abandonada, el rol materno vive tal vez su peor momento en este inicio de siglo decisivo para la historia patriarcal. Solo una profunda reconexión de la Doncella con la Mujer Plena (y luego de esta con la fase sabia de la Anciana) podrá recomponer las cosas. Según Jan Raymond y Mary Daly, nuestro básico “Derecho de Hijas” es el derecho de recuperar ese vínculo fundamental perdido, que a su vez nos permitirá recordar nuestro yo auténtico: esa identidad centradora que necesitamos para aceptarnos a nosotras mismas y para tener el coraje de estar solas cuando así lo decidimos.
*
Ethel Morgan
20/02/2005 10:02 Enlace permanente. Tema: SER MAMA No hay comentarios. Comentar.

ENSEÑARAS

ensenaras.jpgEnseñarás a volar,
pero no volarán tu vuelo.
Enseñarás a soñar,
pero no soñarán tu sueño.
Enseñarás a vivir,
pero no vivirán tu vida.

Sin embargo...
en cada vuelo,
en cada vida,
en cada sueño,
perdurará siempre la huella
del camino enseñado.
*

Madre Teresa de Calcuta
20/02/2005 10:03 Enlace permanente. Tema: SER MAMA No hay comentarios. Comentar.

ESE OLOR A MAMÁ

eseolor.gif-"Mamita, cómo hueles de rico". (Eso me dice mi pequeña de seis años con quien estoy acostada conversando).

-"Pero mi amor, a qué puedo oler si no uso lociones, ni perfumes, ni cremas? Con seguridad no huelo a nada".

-"Te equivocas, mamita, hueles rico, "HUELES A MAMÁ", me contesta sonriente.

Esta respuesta me llena de emoción y me hace pensar: Es una respuesta linda, llena de amor y de ternura.

HUELES A MAMÁ, yo nunca había pensado en ese olor, no lo había llamado así, nunca supe definirlo, pero ahora sé que mi madre huele dulcemente a mamá.
HUELES A MAMÁ, cuando estás llena de ternura, de amor de cariño. de comprensión.
HUELES A MAMÁ , cuando juegas con tus hijos sin importarte qué pasó con tu arreglo. Cuando con ellos vuelves a ser niña y compartes el yoyo, la pelota y la muñeca.
HUELES A MAMÁ, cuando con ellos cantas y cuentas cuentos. Cuando escuchas sus quejas y oyes sus problemas.
HUELES A MAMÁ, cuando encuentras palabras adecuadas en sus momentos tristes.
HUELES A MAMÁ, cuando les dedicas todo tu tiempo cuando están enfermos.
HUELES A MAMÁ, cuando les permites invitar a sus amigos, sin preocuparte cómo te dejan la casa.
HUELES A MAMÁ, cuando soportas sus chanzas pesadas, cuando les hablas de su deporte favorito así tú no entiendas nada.
HUELES A MAMÁ, cuando les reprendes a tiempo e impones una disciplina dulce pero firme.
HUELES A MAMÁ, cuando sabes decir SÍ y cuando sabes decir NO.
HUELES A MAMÁ, cuando te afanas y preocupas por sus estudios.
HUELES A MAMÁ, cuando procuras mejorar y aprender a ser mamá las veinticuatro horas del día.

Mi niña me dijo que yo olía a mamá y me siento muy feliz. Ojalá todas las mujeres tuviéramos siempre ese hermoso y dulce " OLOR A MAMÁ ".
*
desconozco autor"
20/02/2005 10:03 Enlace permanente. Tema: SER MAMA No hay comentarios. Comentar.

DE PROFESION: MAMA

deprofesion.jpgUn día fui a sacar el registro de conducir y la oficial que tomaba los datos, me pregunto cual era mi ocupación. No supe como etiquetar mi trabajo de "madre" y que responder.
Al percatarse de esto la oficial que tomaba los datos le dijo "A lo que me refiero es a si trabaja usted o es simplemente una?" Claro que tengo un trabajo, le conteste, soy una mama".
A lo que la oficial respondió, "No ponemos mamá como opción, vamos a ponerle ama de casa." Fue la respuesta enfática de la oficial.
Había olvidado por completo esta historia hasta que un día me paso exactamente lo mismo, solo que esta vez, en la oficina del estatal.
La funcionaria era obviamente una mujer de carrera, eficiente, de mucha postura y tenia un titulo muy despampanante que decía "Interrogadora Oficial".
"¿Cual es su ocupación?", me pregunto ella.
¿Que me hizo contestarle esto?, no lo sé, pero las palabras simplemente salieron de mi boca:
"Soy una Investigadora Asociada en el campo del Desarrollo Infantil y Relaciones Humanas."
La funcionaria se detuvo, el bolígrafo quedo congelado en el aire y me miro como si no hubiese escuchado bien. Repetí el titulo lentamente, poniendo énfasis en las palabras mas importantes. Luego, observe asombrada como mi pomposo anuncio era escrito en tinta negra en el cuestionario oficial.
"Me permite preguntarle", dijo la funcionaria, con un aire de interés,"¿que es exactamente lo que hace usted en este campo de investigación?".
Con una voz muy calmada y pausada me escuche contestarle: "Tengo un programa continuo de investigación (¿que madre no lo tiene?) En el laboratorio y en el campo (normalmente me hubiera referido a lo anterior como adentro y afuera).
Estoy trabajando para mi maestría (la familia completa) y ya tengo cuatro créditos (todas mis hijas). Por supuesto que el trabajo es uno de los que mayor demanda tiene en el! campo de humanidades (¿alguna madre esta en desacuerdo?) y usualmente trabajo 14 horas diarias (en realidad son mas, como 24).Pero el trabajo tiene muchos mas retos que cualquier trabajo
sencillo y, las remuneraciones mas que económicas están ligadas al área de la satisfacción personal.
Se podía sentir una creciente nota de respeto en la voz de la funcionaria mientras completaba el formulario.Una vez terminado el proceso, se levanto de la silla y personalmente me acompaño a la puerta.
Al llegar a casa, e mocionada por mi nueva carrera profesional, salieron a recibirme tres de mis asociadas al laboratorio, de 13, 7 y 3 anos de edad.
Arriba podía escuchar a nuestro nuevo modelo experimental, en el programa de desarrollo infantil (de 6 meses de edad), probando un nuevo programa de patrón en vocalizacion.
Me sentí triunfante! Le había ganado a la burocracia! Había entrado en los registros oficiales como una persona más distinguida e indispensable para la humanidad que solo "una madre más".

La maternidad!..., que carrera mas gloriosa, especialmente, cuando tiene un titulo en la puerta.

Envíale esto a otra madre que conozcas ya sea, que se quede en casa o a una madre que tenga una profesión. Todas deben llevar este titulo.


Las diferentes imágenes de una madre a los:

4 ANOS DE EDAD... Mi mama puede hacer cualquier cosa

8 ANOS DE EDAD.... Mi mama sabe mucho! Un montón!

12 ANOS DE EDAD... Mi mama no sabe absolutamente todo

14 ANOS DE EDAD... Naturalmente, mama tampoco sabe eso.

16 ANOS DE EDAD... Mi mama?, es tan anticuada!

18 ANOS DE EDAD... La vieja?, esta totalmente fuera de época

25 ANOS DE EDAD ... Bueno, puede ser que sepa algo al respecto

35 ANOS DE EDAD ... Antes de decidir, porque no pedimos la opinión de mama?

45 ANOS DE EDAD... Me pregunto que habría pensado mi mama sobre este
problema?

65 ANOS DE EDAD... Ojala pudiera conversarlo con mi mama.
*
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Celina Cortés
20/02/2005 16:45 Enlace permanente. Tema: SER MAMA No hay comentarios. Comentar.

DE UNA MADRE PARA SU HIJA

deunamadreasuhija.jpgEstábamos sentándonos a comer cuando mi hija casualmente menciona que ella y su esposo están pensando en "empezar una familia."

"Nosotros estamos haciendo una encuesta", dice ella, en broma. ¿Crees que debería tener un bebé?"
"Cambiará tu vida," digo, cuidadosamente manteniendo mi tono neutral.

"Yo sé," dice, "no más fiestas los fines de semana, no más vacaciones espontáneas...."

Pero eso no es en lo absoluto lo que yo quise decir.
Miro a mi hija, intentando decidir que decirle...
Quiero que sepa lo que ella nunca aprenderá en clases de parto. Quiero decirle que las heridas físicas por dar a luz un niño sanarán, pero que el volverse madre la dejarán con una herida emocional tan profunda por la cual ella será vulnerable para siempre.
Pienso en advertirle que ella nunca leerá de nuevo un periódico sin preguntarse"? y si eso le hubiera pasado a mi niño?". Que cada accidente de aviación, cada incendio en una casa la obsesionará. Que cuando vea fotos de niños hambrientos, se preguntará si algo podría ser peor que vivir la muerte de tu niño.

Yo la miro cuidadosamente, sus uñas finamente pintadas y el traje elegante y pienso que no importa cuan sofisticado ella sea, el convertirse en madre la reducirán al nivel primitivo de una osa que protege su cachorro.

Que una llamada urgente de "¡Mamá"! le hará dejar caer un souffle o su mejor cristal sin vacilar por un momento.
Siento que debo advertirla que no importa cuántos años ella haya invertido en su carrera, ésta se descarrilará profesionalmente a causa de su maternidad.

Ella podrá hacer los arreglos para dejar al niño en casa al cuidado de una niñera, pero un día irá en camino de una reunión de negocios importante y recordará el dulce olor de su bebe, y tendrá que usar cada gramo de su disciplina para no correr a casa, sólo para asegurarse que su bebé está bien.

Yo quiero que mi hija sepa que las decisiones cotidianas ya no serán rutina.

Que el deseo de un niño de cinco años de ir al baño de hombres y no al de mujeres en McDonald se volverá un dilema mayor. Que justo allí, en medio del ruido de bandejas y niños gritando, los problemas de independencia e identidad de sexo serán sopesados contra la perspectiva de que haya un abusador de niños acechando en ese baño.

No importa cuán decisiva pueda ser ella en su trabajo, se criticará a si misma constantemente en su papel de madre. Mirando a mi hija tan atractiva quiero asegurarle que en el futuro ella perderá los kilos de más del embarazo, pero nunca se sentirá igual sobre ella misma. Que su vida, ahora tan importante, será de menos valor para ella una vez que tenga un niño.

Que ella renunciaría a ésta en un momento por salvar sus hijos, pero que también empezará a desear más años - no para lograr sus propios sueños - sino para ver a sus hijos lograr los suyos.
Yo quiero que ella sepa que una cicatriz de cesárea o las estrías se convertirán en insignias de honor. La relación de mi hija con su marido cambiará, pero no de la manera que ella piensa.

Deseo que ella pudiera entender cuánto más uno puede amar a un hombre que tiene cuidado para empolvar a su bebé o que nunca duda para jugar con su niño. Yo pienso que ella debería saber que se sentirá de nuevo completamente enamorada de él por razones que ahora encontraría muy poco románticas.
Yo deseo que mi hija pudiera darse cuenta del lazo que ella sentirá con mujeres a lo largo de historia que han intentado detener guerras, discriminación y borrachos al volante.
Espero que ella entienda por qué yo puedo pensar racionalmente sobre la mayoría de los problemas, pero ponerme como loca cuando discuto sobre la amenaza que supone una guerra nuclear en el futuro de mis hijos.

Yo quiero describir a mi hija la euforia de ver a su niño cuando aprenda a montar una bicicleta. Quiero capturar para ella las carcajadas de un bebé que está tocando la piel suave de un perro o un gato por primera vez.
Quiero que saboree la dicha que es tan real, que de hecho duele.

La mirada interrogativa de mi hija me hace caer en cuenta de las lágrimas que se han formado en mis ojos.

"Nunca te arrepentirás de ello," digo finalmente.

Entonces alcanzo por sobre la mesa la mano de mi hija y la aprieto y ofrezco una oración silenciosa por ella, y por mí, y por todas las mujeres que tropezaron en su camino hacia la más maravillosa de todas las profesiones.

Este regalo bendito de Dios... el hecho de ser madre.
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Desconozco autor"
20/02/2005 10:17 Enlace permanente. Tema: SER MAMA No hay comentarios. Comentar.

SER MADRE

sermadre2.jpgEs aprender a hacer todo con una sola mano.
Es comer tanto puré de zapallo y zanahoria como una nunca comió en su vida. O despertarse sobresaltada el domingo de mañana, mirar el reloj e intentar levantarse a toda velocidad para llevar a los niños a la escuela, sin darse cuenta de que es un día feriado.
Ser madre es dormir con un solo ojo hasta escuchar el sonido de la llave de la puerta que anuncia que el hijo adolescente está de vuelta en casa. Y adjudicarse la porción de torta más desarmada y el huevo frito que peor salió. Usar el buzo que la princesa de la casa desechó por pasado de moda. Y reciclar el tapado de hace años para poder renovar las camperas de los pequeños.

Ser madre es aprender otra vez la regla de tres y la acentuación de las palabras graves. Volver a armar rompecabezas y conocer de memoria a todos los héroes de los dibujitos. Es planchar, freír milanesas y resolver cuentas de dividir, todo al mismo tiempo. Ser madre es darse el gustazo de recibir el primer beso con babas que aprendió a dar el bebé. Correr junto a un hijo hasta quedar exhausta porque está aprendiendo a andar en bicicleta sin rueditas. Y reservar el placer de verlo dormir como un oso. Ser madre es intentar tejer por primera vez para hacer una batita amarillo patito. Y conocer a los hijos tanto hasta adivinar lo que piensan.

SER MADRE ES.....SABER QUE UNA NUNCA MÁS ESTARÁ SOLA.
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desconozco autor
20/02/2005 10:05 Enlace permanente. Tema: SER MAMA No hay comentarios. Comentar.

LAS MAMAS

lasmamas.jpgLas mamás no somos abnegadas amantes del sacrificio, aguerridas y guerreras que todo lo podemos.
Las mamás lloramos abrazadas a las almohadas cuando nadie nos ve, pedimos la epidural en el parto y puteamos en 17 idiomas cuando tenemos que poner el despertador a las 2 de la mañana
para ir a buscarlos a una fiesta.
Cuando les decimos que no se peleen con ese compañerito que les dice enanos o cuatro ojos
y les damos toda clase de explicaciones conciliatorias, en realidad querríamos tener el cogote del fucker pequeño verdugo entre nuestras manos.
Y también pensamos que la vieja de geografía es un mal bicho cuando les baja la nota porque no saben cuantos metros mide el Aconcagua, que al final a quien carajo le importa, pero no lo podemos decir.
No es que nos encante pasarnos horas en la cocina tratando de que el pescado no tenga gusto a pescado y disimulando las verduras en toda clase de brebajes, en lugar de tirar un Paty a la plancha, es que tenemos miedo de que no crezcan como deben.
No es que nos preocupe realmente que se pongan o no un saquito, es que tenemos miedo de que se enfermen.
No es que los queramos más cuando se bañan, es que no queremos que nadie les diga roñosos.
No lo hacemos por ustedes. Lo hacemos por nosotras.
Porque ser una mamá no tiene que ver con embarazos, pañales y sonrisas de aspirinetas.
Tiene que ver con querer a alguien más que a una misma.
Con ser capaz de cualquier cosa con tal de que ustedes no sufran. NADA, nunca jamás.

Ustedes nos hacen felices ...
... cuando les encantan nuestras milanesas,
... cuando nos consideran sabias
por contestar las preguntas de los concursos de la tele.
... cuando vienen llorando a gritos porque se rasparon la rodilla y nos dan la posibilidad de darles consuelo con curitas.

Ustedes nos hacen mejores.
Nos dan ganas y fuerzas.
Nos comeríamos un gurka crudo antes de que les toque un dedito del pie.
Nos lavamos la cara y salimos del baño con una sonrisa de oreja a oreja para hacerles saber que la vida es buena, aunque nos vaya como el reverendo culo.
Cantamos las canciones de Chiquititas, vemos Gran Hermano, escuhamos a Los Piojos, compramos Nopucid y repasamos 500 veces la tabla del 2, arreglamos el carburador para llevar a los pibes al fútbol y armamos 24 bolsitas con anillitos y pulseritas, y tratamos de que la torta parezca un Pikachu y nos buscamos otro trabajo y sacamos créditos y nos compramos libros y vamos al psiquiatra y a los videos, y negociamos con los maestros y los acreedores, y recortamos figuritas y nos ponemos lindas, y nos enojamos y nos reímos y nos salimos de quicio y nos convertimos en la bruja y la princesa de todos los cuentos ...

Verlos felices, es lo que nos hace felices.
Por eso Todo.
Ojalá pudiéramos pegar el mundo con cinta scotch (como el velador que cayó en combate en la última guerra de pijamas party), para que fuera un lugar mejor para ustedes.

Todo lo que hago, lo hago por Ustedes, porque no sé que haría sin Ustedes, y no lo quiero ni pensar.
Gracias por ser su mamá.
Gracias por hacerme importante.
Gracias porque esas cosas que hacen en el colegio con corchitos y escarbadientes, me van a servir para justificar casi todo.
Junto con los abrazos, los besos, las lágrimas, los dientes de leche, las cartitas, el Amoxidal de tantas noches sin dormir,
los boletines y las fotos de la primaria, son mis mejores medallas...
Gracias porque LOS AMO.
Y ese es el amor que me hace grande.
Lo demás es marketing.

MAMÁ
*
desconozco autor
20/02/2005 10:05 Enlace permanente. Tema: SER MAMA No hay comentarios. Comentar.

LAS IRROMPIBLES

las irrompibles.gifTodas las noches, cuando las madres se acuestan, el Ángel de la Guarda escucha un gran estruendo y comenta, con una sonrisa: son otra vez las madres, pidiendo por sus hijos.
Como el tiempo es relativo, y cuando aquí es noche, es de día del otro lado del planeta, el ángel vive todo el tiempo rodeado de un enorme bullicio.
Y es que, creo que no debe haber mamá en el mundo, que se abandone al sueño, sin pedir por sus niños, grandes o pequeños, recién nacidos o viejos. Se pide con tanto afán.
"Dios mío, Ángel de la Guarda, libralos de todo mal, protégelos de los peligros, de la enfermedad, guía sus pasos, acompáñalos en sus decisiones, aléjalos de las malas horas."
Se pide con tanto amor por los hijos, con tanta devoción, como si quisiéramos abrirle paso a nuestras voces, como si al rezar con fervor nos garantizaran el resultado, y es una ilusión, porque la madre sabe en su interior, que de su voluntad no depende.
Puede ser que, después de una larga lista de peticiones, al final de la oración, si es que antes no es vencida por el sueño después de las labores de un día cualquiera, la madre, si es que se acuerda, pida algo para ella misma.
Generalmente eso que piden es valor, fuerza y sabiduría. Y no es porque ellas quieran ser las más sabias, las más valientes o las más poderosas. Pero es que, la madre intuye, intuir es otro de sus dones, percibe que algún día necesitará de esa fortaleza, de ese coraje y de esos conocimientos.
Saben que, en algún momento, durante ese trabajo vitalicio que comienza en las profundidades del ser, se esperará de ellas que sean irrompibles.
En su simpleza, comprenden que se les confiará la fuerza y ellas temerán derrumbarse.
El mundo las supone invencibles y ellas tendrán la duda de ser vencidas.
Se dará por entendido que, ante la adversidad, se muestren erguidas y serenas.
Y ellas tendrán terror de doblarse y gritar sin medida.
La madre pide para sí al final de su larga oración, porque en la sapiencia que posee desde la más humilde hasta la más letrada, se sabe débil, se conoce vulnerable y humana.
Entiende que, según sean los designios, tal vez un día, habrá de ejercer la tarea más dura, la que requiere de mayor temple: mostrar la piel de acero, cuando sólo hay lágrimas por dentro.
Expresar coherencia, cuando la cabeza es un hervidero. Sacar coraje, cuando en el fondo nos morimos de miedo.
Aún no es hora y sin embargo ya dije mi oración.
Es tarde, algunos hijos salieron.
Cuando los hijos salen, las madres sólo tenemos un deseo: que ellos regresen bien. Y en la mañana, si hemos tenido la fortuna de que se encuentren seguros en sus camas, durmiendo sus alegrías de juventud, con los sueños intactos debajo de sus ojos, no existe madre más contenta.
En las mañanas felices, las madres también rezan.
A las madres irrompibles, las que amanecieron alegres, y a las que despertaron queriendo no hacerlo, pero que no tienen más remedio que estar de pie y mostrar si acaso una sonrisa por los que están y nos quieren.
A esas mujeres, de fibras recias tejidas con ternuras, con rostro sereno pero, a veces, con unas tremendas ganas de llorar; mi oración, mis respetos, porque es infinita su grandeza.
*
Desconozco autor
19/02/2005 11:00 Enlace permanente. Tema: SER MAMA No hay comentarios. Comentar.

ALGO SOBRE SER MAMÁ

algosobresermama.jpgMi esposo llegó hoy a la casa y me vió sentada en el sofá con nuestro pequeño en una rodilla y amamantando a nuestro bebé del otro lado.
Estaba tratando de voltear las páginas de un libro con la mano que no sostenía al bebe, mientras atendía a ver si oía el sonido de la alarma de la cocina que me indicaría si las costillas de cerdo estaban ya en el punto entre "bien cocidas" o "al perro le toca la entrada del menú de hoy".
Mi esposo me miró inocentemente, y preguntó:
"Y bien, ¿hiciste algo el día de hoy?"
Es bueno que la mayoría de mis apéndices estaban ocupados pues así no pude saltar sobre él y estrangularlo hasta matarlo. Probablemente esto fue lo mejor, ya que asumo que hacer una pregunta estúpida no justifica el asesinato en este país.
Dejame retroceder un poco y explicarte lo que me llevo a este punto en mi vida.
No siempre estuve al borde de la locura. Al contrario, hace apenas cuatro años, yo tenía un buen trabajo, un ingreso estable, y un vehículo en el cual NO cabia más que un equipo profesional de deportes, además de mí.
Yo veía shows de televisión cuyos anfitriones no eran marionetas.Me iba a dormir después de las nueve de la noche y prefería el sexo a quedarme dormida.
Me reía de las personas que viajaban en un remolque con tres niños gritando y un perro babeando y le llamaban a esto "vacaciones". Pues bien, me he convertido en una de esas personas!.?Qué me sucedió?. La prueba de embarazo resultó positiva. He cambiado mi lencería de "Victoria's Secrets" por pantaletas de algodón y unos buenos brassieres de maternidad.
Adiós, Luis Miguel. Hola, Cri-Cri y las Ardillitas.
Mi idea de privacidad ahora, es poder ir al baño sin que un niño de dos años este afuera golpeando la puerta mientras un bebé esté descolgando todo el papel de baño desde mi regazo.
Y finalmente entendí que el término: "Mamá que se queda en casa", no se refiere a una madre que ya no trabaja fuera de casa, sino más bien a una que parece que nunca tiene la oportunidad de asomar la nariz por la puerta.
Asi que heme aquí sentada, con mis niños cargados, tratando de contestar a mi amado esposo.
¿QUE SI HICE "ALGO" HOY?. Bueno, pues creo que si, pese a que parece que no mucho fue logrado.
Compartí el desayuno en la cama con un apuesto joven. Por supuesto, el desayuno consistió de un platito de avena y de migajas de galleta halladas entre las sábanas. El apuesto joven mide noventa centímetros y solo se excita cuando ve dinosaurios color púrpura, camioncitos de juguete y papitas a la francesa.
También me fui a dar un paseo relajante por el bosque. Por supuesto, tuve que buscar ranas y lagartijas y que detenerme a soplar algunos"dientes de león" en el camino.
Lave también exitosamente una carga de ropa, moví la ropa de la lavadora a la secadora y la carga que estaba en la secadora fue pasada a la canasta.
La ropa de la canasta esta ahora extendida en la cama, esperando mi decisión a la hora de ir a la cama, de guardar esa ropa o de simplemente moverla a mi tocador.
Leí dos o tres clásicos, por supuesto, Dickens y Shakespeare no son los autores pues ahora estamos en los trabajos de Andersen, Grimm y otros autores de cuentos de hadas. Creo que no estaré en la sección de adultos de mi librería en mucho tiempo.
En los ratos libres, barrí, sacudí, limpie, organice y reacomode.
Alivie golpes con besos y enjuague las lágrimas.
Regañé,alabé, abracé,y puse a prueba mi paciencia, todo ello antes de la tarde.
¿QUE SI HICE "ALGO" HOY?
Ya lo creo!. Ahora ya entiendo lo que la gente quiere decir cuando se menciona que la paternidad es el trabajo mas difícil de su vida.
En mi VAP (Vida Antes de los Pañales), yo enseñaba a mentes jóvenes como dividir fracciones y escribir complejas oraciones; pero ahora soy incapaz de enseñar a un testarudo de dos años como usar el baño.
Alguna vez fuí capaz de manejar por complicadas calles urbanas mientras hablaba en mi celular y buscaba al mismo tiempo una buena estación de radio; ahora no puedo hacer que las rueditas de mi carreola vayan en la dirección que necesito.
Soy graduada universitaria, he escrito artículos en el periódico, he ganado premios, pero no encuentro como quitar las manchas de zanahoria de mi alfombra.
Antes debatía sobre polìtica con mis amigos, ahora hablamos de las ventajas de pañales deshechables contra pañales de tela.
Y cuando deje de usar oraciones de más de cinco palabras?.
Asi que en respuesta a la pregunta de mi esposo: "Si hice algo hoy, de hecho, he dado un paso más hacia uno de los mayores logros en la vida".
No, no cure el SIDA ni contribuí a pactar la paz mundial, pero si sostuve un milagro en mis brazos. Dos, de hecho. Mis niños son mi mayor logro y la oportunidad de criarlos es mi mayor reto. No sé si mis hijos crecerán para convertirse en grandes líderes o en neurocirujanos de nivel internacional.
Francamente, no me importa, siempre y cuando crezcan para ser buenas personas.
Ellos son mis mayores alegrías, pese a que muchas veces por la noche me quedo dormida llorando de frustración.
El punto es que hoy pude ver a mis hijos dar otro paso en el gran viaje de la vida y tuve la oportunidad de mostrarles algunas de las partes del camino.
Asi como la paternidad es todo un reto, es compensatoria en la misma medida.
Porque estamos usando todos nuestros conocimientos, nuestro talento y nuestras habilidades para formar a una nueva persona.
Es esta persona y esta gente, la que a su vez,usará sus dones para construir nuestro futuro. Asi que cada canción de cuna que yo canto, cada columpio que empujo, cada manita que sostengo es ALGO, y... ¡iLo hice hoy!!
*
Desconozco autor
19/02/2005 11:01 Enlace permanente. Tema: SER MAMA No hay comentarios. Comentar.

ANTES DE SER MAMA

antesdesermama.gifANTES DE SER MAMÁ...

Yo comía mi comida caliente.
Mi ropa lucía planchada y limpia todo el día.
Podía sostener largas y tranquilas conversaciones telefónicas.

ANTES DE SER MAMÁ...
Me dormía tarde, tan tarde como quería y jamás me preocupaban las desveladas.
Cepillaba y cuidaba mi pelo, lucía uñas largas y hermosas. Mi casa estaba limpia y en orden, no tenía que brincar juguetes olvidados por todos lados.

ANTES DE SER MAMÁ...

No me apuraba si alguna de mis plantas era venenosa, ni pensaba en lo peligroso de las escaleras o las esquinas de mis muebles.
No dejaba mi tiempo en consultas mensuales con el doctor, ni consideraba siquiera la palabra VACUNA.

ANTES DE SER MAMÁ...

No tenía que limpiar comida del piso, ni lavar las huellas de pequeños deditos marcadas en los vidrios.
Tenía control absoluto de mi mente, mis pensamientos, mi cuerpo y mi aspecto físico...
Dormía toda la noche y los fines de semana eran totalmente relajados.

ANTES DE SER MAMÁ...

No me entristecían los gritos de los niños en la consulta médica, no tuve jamás que detener, con lágrimas en mis ojos, una piernita que sería inyectada.

ANTES DE SER MAMÁ...

Yo nunca sentí un nudo en la garganta al mirar a través de unos ojos llorosos y una carita sucia.
No conocía la felicidad total con sólo recibir una mirada.
No pasaba horas mirando la inocencia dormir en una cuna.
Nunca sostuve a un bebé dormido SOLO porque no quería alejarlo de mí.

ANTES DE SER MAMÁ...

Nunca sentí que mi corazón se rompía en un millón de pedazos al no poder calmar el dolor de un niño.
Nunca supe que algo tan pequeño, podía afectar TANTO mi mundo.
Nunca supe que podía amar a alguien de ese modo, nunca supe que amaría como una MADRE.

ANTES DE SER MAMÁ...

Yo no conocía el sentimiento que provoca tener mi corazón fuera de mi cuerpo.
No sabía que tan especial me sentiría al alimentar a un bebé hambriento.
No sabía de esa cercanía inmensa entre una madre y su hijo.
No sabía que algo tan chico podría hacerme sentir tan importante.

ANTES DE SER MAMÁ...

No imaginaba tanta calidez, tanta dulzura, tanto amor.
No imaginaba lo grande y lo maravilloso que sería,
No imaginaba la satisfacción de ser madre, no sabía que yo era capaz de sentir tanto...

HOY NO IMAGINO MI VIDA SIN ESA PEQUEÑA SONRISA PICARA Y TRAVIESA, SIN ESA HUELLA DE CHOCOLATE EN LA PARED, SIN ESE OLOR A PUREZA, SIN ESCUCHAR DE UNOS PEQUEÑOS LABIOS ESA PALABRA CORTA Y LARGA A LA VEZ..."MAMA"
*
Desconozco autor
19/02/2005 11:02 Enlace permanente. Tema: SER MAMA No hay comentarios. Comentar.

DE NO HABER TENIDO HIJOS

denohabertenidohijos2.jpgDe no haber tenido hijos, probablemente hubiera contado con más cosas materiales. Quizás hubiera viajado mucho y dormido a placer, y me hubiera dado más gustos. Mi vida habría sido mucho más aburrida y previsible. Como resultado de mi maternidad, he reído más intensamente y he llorado con mayor frecuencia. Me he preocupado más y he corrido más. He dormido menos, pero de una u otra manera me he divertido más. Mi corazón ha experimentado mayor dolor, y he amado a un grado que trasciende todo lo que hubiera podido imaginar. He dado mucho más de mí misma y le he encontrado mayor sentido a la vida...
*
Marianne Neifert
19/02/2005 11:02 Enlace permanente. Tema: SER MAMA No hay comentarios. Comentar.


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