
Sos tan perfecta como siempre te soñé,
te dicen mientras te pellizcan la cola.
Ahora saben que existís.
Pero prefieren dormir...
De todos modos, permíteme ser imperfecta:
estoy hecha a mi medida (no a la tuya).
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Si no te miro, me perseguís.
Si te miro, huís.
¿Preferís que me vende los ojos?
Si te doy poco soy egoísta.
Si te doy lo que querés, te doy demasiado.
¿Me podrias prestar tu regla, por favor?
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Si lo que yo te daba no valía nada para vos,
¿por qué te enojaste cuando me lo guardé?
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No querias que me fuera.
Pero vos sí te fuiste.
¿Era sólo una cuestión de orgullo
o tenías algo que hacer?
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Yo te amaba
pero vos no creías
ser merecedor de mi amor.
Me lo hiciste saber de muchas maneras
hasta que al final te entendí.
¡Tenías razón!
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Querías que te quiera. Yo te quise.
¡Mas!-dijiste. Y fui obediente.
¡No tanto!- tronaste después,
poniendo entre nosotros algo de distancia.
Yo también.
Pero eso ya no te gustó.
Evidentemente, no querias obdediencia-
Más... de puro curiosa: ¿qué querías?
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Te animaste a llamarme
despues de siete meses de arder en deseos.
Sugeriste que te invitara a tomar un café a casa y lo hice.
Pero no viniste.
¿Te asustó que tu sueño ya no fuera imposible?
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Pudiendo ser el Príncipe, preferiste ser el mendigo.
¿Te sirvió de algo
además de para privarte de todas las Princesas?
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Atado a tu pasado
e intentado preveer
lo más imprevisto del futuro,
mientras tomaba un café con vos
me pregunté dónde estabas,
que no estabas conmigo.
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La era de la viuda
© Laura S. Schapira
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