
Por: Adriana Balaguer
Por años, los hombres se jactaron de tener el poder de clasificar a las mujeres por la vida que llevaban. Perseguían a las que tenían experiencia sexual, incluso presumían si habían llegado a tener algo con ellas. Pero a la hora de elegir una mujer para casarse, buscaban una chica "de su casa", una chica "sin antecedentes". Hoy, las cosas han cambiado. Nuestro historial amoroso no nos convierte en candidatas desechables o promisorias ¿O sí? ¿Cuál es el límite? ¿La cantidad de hombres con los que nos hemos acostado?
Roxana V. nunca se había quedado con las ganas. Si el hombre que le gustaba le correspondía, probaba. Lo suyo no era solo divertimento. No era sexo por el sexo mismo. Realmente buscaba su alma gemela. La búsqueda tenía sus riesgos, y uno de ellos era el qué dirán. Pero no le importaba que algunos, sobre todo algunas, la juzgaran. Ella tenía un objetivo, y su estrategia estaba en marcha.
Hubo un Juan, un Pedro, varios Pablos, hasta que un día todo funcionó de maravillas con Carlos. Y ahí se quedó lo suficiente como para empezar a programar su casamiento. El novio nunca quiso conocer su lista de enamorados, ni siquiera le preguntaba hasta donde había llegado con cada uno. Disfrutaba de la experiencia de su mujer.
Pero un sábado a la noche, cuando faltaban apenas dos meses para la boda, decidieron armar una cena para que se conocieran los testigos del casamiento civil. El novio era de otra ciudad y sus amigos viajaron especialmente para la ocasión. Roxana conocía a todos, salvo a uno de ellos. En realidad, eso creía hasta esa noche. Al verlo entrar por la puerta, lo reconoció inmediatamente. Cómo olvidarlo. Habían tenido un fugaz aunque tórrido romance hacía un par de años. De hecho, era entonces el mejor amigo de un novio con el que estaba terminando.
¿Hasta donde puede condenarnos nuestro pasado amoroso?
fuente: yahoo
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Autor: Joan
Fecha: 15/03/2009 07:19.
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