
Nuestra sociedad sigue discriminando a la mujer, y las prácticas de violencia simbólica y material se concretan en medio de una marcada omisión institucional. La carencia de agendas públicas robustas en materia de problemática de género no alcanza a ser suplida por los esfuerzos aislados o por la labor de organizaciones de la sociedad civil.
La serie de afecciones que caen sobre la población femenina van desde la violencia familiar hasta los condicionamientos laborales. Sin estrategias definidas para remover la cultura machista y brindarle la indispensable contención a las más necesitadas, las mujeres siguen siendo destinatarias de maltratos en los hogares. Un logro es la conformación de espacios de recepción de denuncias, entre los cuales se destaca el de la Corte. Pero los problemas de fondo, que fomentan la violencia doméstica o que impiden el abandono del hogar, siguen en pie. Es de esperar que la implementación de la flamante ley contra la violencia de género supla las omisiones actuales.
Además, por el sólo hecho de ser mujer, las trabajadoras encuentran un techo en el desarrollo de sus carreras. En nuestro país, como lo ha revelado la consultora Gran Thornton International, apenas el 17% de los cargos gerenciales son ocupados por mujeres, un porcentual muy inferior incluso si le compara con países de la región (en México es el 31%, en Brasil el 29% y en Chile el 24%). La maternidad se sigue concibiendo como una limitación, y luego de ella la mayoría de las mujeres madres quedan condenadas a reinsertarse en el mundo laboral desde las posiciones más relegadas, especialmente si carecen de estudios. Por otro lado, en materia sanitaria, el sida, los embarazos adolescentes, la mortalidad en los partos y los abortos clandestinos son problemas que crecen ante la ausencia de respuestas adecuadas.
En la sociedad argentina, entonces, el trato hacia las mujeres todavía no es igualitario, y las instituciones tienen que remover las desventajas, los maltratos y las formas de discriminación que, por razones de sexo y género, aún persisten.
En nuestro país, las mujeres son víctimas de plurales formas de discriminación, que van desde la violencia física hasta los condicionamientos laborales. Las instituciones están en falta.
fuente: Clarin
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