TENDENCIAS : RELEVAMIENTO DE FIEL ENTRE 2.300 EMPRESAS
Siguen ganando menos que los hombres. Y apenas el 11% de los puestos de toma de decisiones son ocupados por ellas. En el 60% de las empresas grandes y medianas no hay ninguna con rango ejecutivo.
Sibila Camps
Clarin
La participación femenina en el mercado laboral argentino es cada vez mayor. Pero apenas el 11% de los puestos de toma de decisiones son ocupados por mujeres. Y en el 60% de las empresas grandes y medianas no hay ninguna con rango ejecutivo.
El mapa económico de las mujeres argentinas (1998-2006), elaborado por los economistas Marcela Cristini y Guillermo Bermúdez para FIEL (Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas), surgió de un relevamiento de 2.300 empresas que representan el 40% del PBI de la economía de negocios.
En lo que va de esta década, la inclusión de la mujer en el mercado de trabajo se ha visto facilitada por un mayor umbral de ingreso familiar per cápita, la menor cantidad de hijos y la mayor inversión en educación. En 2005, la participación femenina en el mercado laboral era del 56% —frente al 81% masculino—, pero en las de mayor grado de educación ya llegaba al 67,3%.
El estudio de FIEL señala que en los niveles de ingresos altos o medios, la decisión de trabajar por parte de la mujer no depende tanto del ingreso del hogar. "Las mujeres de mayores ingresos pueden contar con servicio doméstico y contratar gestores", hace notar Cristini.
En cambio, "en los niveles de ingresos bajos, la participación de la mujer aumenta a la vez que ha aumentado su responsabilidad asumiendo el rol de jefa de hogar", recuerda el trabajo. Según datos del INDEC, en 1991 había una mujer al frente del 23% de los hogares; la cifra creció al 28,7% en 2001, y al 32% en el primer semestre de 2006.
En las mujeres, el desempleo es entre un 30% y un 40% mayor que en los hombres. "Sus puestos son menos estables, y en momentos críticos de la economía se pueden eliminar más fácilmente —comenta Cristini—. También es cierto que, cuando hay crisis económica, las mujeres participan más en el mercado de trabajo porque lo necesitan más".
En 2005, el 74% de las mujeres ocupadas eran operarias o hacían tareas no calificadas. Una de cada cuatro mujeres se desempeña en puestos que subutilizan su formación, mientras que esto le ocurre a uno cada seis hombres.
De los 14.880 cargos ejecutivos identificados por FIEL en actividades de industria, servicios y finanzas en el período 2004-2005, sólo el 11% era ocupado por mujeres. Pero cerca del 60% de esas empresas no contaba con mujeres en cargos gerenciales. "En las de servicios, las mujeres aportarían el poder entender a los clientes de manera diferente. Además, las mujeres poseen un conocimiento directo de mercados vinculados con el consumo y las necesidades", apunta Lidia Heller, licenciada en administración, investigadora y consultora en management femenino.
La mayor participación femenina se observa en empresas de bajo rango de facturación, rango intermedio de empleo, y en las del rubro servicios y comercio. Cristini lo atribuye tanto a discriminación por parte de las empresas, como a decisiones familiares. "Pese a que nuestro país tiene una larguísima tradición en promoción de la mujer, se nota que no han dado el resultado esperado —subraya la economista—. ¿Por qué no nos sentamos con la mejor buena voluntad a ver cómo lo solucionamos?".
"El tiempo es un recurso escaso para todos, pero para las mujeres, muchísimo más. Los cargos decisorios implican 10, 12 horas por día, son muy demandantes —subraya Heller—. Pero en América Latina, la mayoría de las que están en la cumbre son casadas y tienen hijos, lo que no se ve en Estados Unidos y en Europa".
De todos modos, Heller señala que "la nueva realidad exige posgrados, viajes al exterior, cursos intensos de especialización, traslados, que implican decisiones importantes en términos de formación de una familia".
El trabajo de Cristini y Bermúdez aplicó un método inédito en el país para medir la brecha salarial. "En 1998 se pagaba muy bien el trabajo a tiempo parcial (menos de 30 horas semanales), en general a cargo de mujeres. Pero en la actualidad, a igual capacidad, las mujeres ganan un 20% menos", indica la autora. Y esa discriminación salarial a su vez desalienta su participación en el mercado laboral.
Otra variable analizada consolida la preferencia de las mujeres por seguir carreras menos remuneradas. "Falta información para la elección de carreras, la gente ignora cuál será su salida laboral y qué puede haber en el mercado laboral —objeta Cristini—. Hay vocación, pero no tenemos una vocación ilustrada".
"Hay una división sexual del trabajo alrededor del poder de decidir"
"Lo que se nos cuestiona es decidir", sintetiza la abogada Haydee Birgin, presidenta del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género. Por ahí, coinciden los entrevistados, pasa el eje de este tema.
Sobre sus particularidades habla el sociólogo Agustín Salvia, investigador del Conicet en la UBA y la UCA: "Si bien se cree que hay discriminación de género en todo el mercado de trabajo, en todos los sectores, las investigaciones que realizamos demuestran que esto se concentra fundamentalmente en los estratos profesionales, en términos de diferenciales de ingresos o de movilidad ocupacional. No lo encontramos en el sector informal, ni en las actividades formales en los niveles operativos o técnico-operativos". ¿Razones?: "En realidad lo que esto demuestra —agrega— es que hay una división sexual del trabajo alrededor del poder de decisión y no sobre el proceso de trabajo en sí. Aunque es cierto que producto de las tareas domésticas, reproductivas, etc, las ofertas de mujeres en sectores profesionales y de conducción es menor que la de los varones".
Birgin aporta números al fenómeno: en el Senado argentino —dice— hay un 41,6% de mujeres y un 36,3 en Diputados; en Perú son el 29,7% en el Congreso. Pero en el plano territorial, prácticamente no hay intendentes mujeres: son el 7,7% en la Argentina y el 4% en Perú".
Así lo explica: "Al Parlamento pudimos acceder con leyes de cupos cuando los parlamentos no son los que definen las grandes estrategias económicas. Pero en las intendencias, por ejemplo, donde el poder político se define en lo territorial, ahí no tenemos nada. Las mujeres todavía no llegamos al poder de decisión. Eso es lo que se nos cuestiona, decidir".
Lo mismo sucede —dice— a nivel de la maternidad: "Cuando se discuten derechos reproductivos y aborto, lo que se discute es el derecho que tiene la mujer a decidir sobre su propio cuerpo". Y agrega: "La igualdad jurídica entre hombres y mujeres fue una conquista democrática que efectivamente se logró pero cuando lo que está en juego es la libertad de decidir, esto sigue siendo una traba".