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Mientras las discusiones salariales arrecian, nada se dice sobre reparar la brecha económica entre mujeres y varones. Las obligaciones de cuidado de niños y ancianos siguen extendiendo más y más el horario de la doble y hasta triple jornada, sin que las leyes o los entornos urbanos se adapten para solucionar la desigualdad. La precarización, otra vez, afecta más a las mujeres. Y los derechos laborales de las mujeres, ¿dónde quedaron?
Por Luciana Peker
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“Los argentinos discutieron mucho y no hubo ningún tipo de perturbación, ni en la producción ni en el trabajo. Los economistas neoliberales dicen que discutir salarios en la Argentina, razonada y responsablemente, en el marco del crecimiento económico, es la puerta al caos y no es cierto”, resaltó, la semana pasada, en La Plata, Néstor Kirchner. ¿Por qué, entonces, en un momento donde se discuten salarios se discute tan poco y tan bajito, que casi no hace ruido, sobre los derechos (postergados) de las trabajadoras? “La brecha salarial, que había disminuido en los ’90, por efecto de la caída del empleo de los varones, hoy sigue creciendo y está alrededor del 32 por ciento menos de ingreso para las mujeres”, señala Estela Díaz, secretaria nacional de Igualdad de Género de la CTA y a cargo de la Comisión de Mujeres de la Coordinadora de Centrales Sindicales del Cono Sur.
Paradójicamente, en tiempos de negociaciones salariales y aumentos de alrededor del 19% (por ejemplo, para camioneros, mecánicos y metalúrgicos) casi no se habla de políticas para equiparar los sueldos de hombres y mujeres, ni de revertir otras desigualdades. Beatriz Wehle, titular de Sociología del Trabajo de la Universidad Nacional de Quilmes, subraya: “A partir de 1994 en la Argentina se ha dado jerarquía constitucional a los tratados internacionales que consagran la igualdad de oportunidades y de trato entre mujeres y varones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Sin embargo, el marco de desigualdades subsiste. Por ejemplo, en la segregación del empleo femenino en el mercado de trabajo, ya que coexisten mercados de trabajo segmentados, uno primario reservado para los varones y otro, secundario, donde existen ocupaciones netamente femeninas.” La lista de postergaciones sigue: “Uno de los principales problemas que afectan a las trabajadoras son la informalidad y la precariedad laboral. En el sector privado, según datos del 2005, los asalariados precarios varones son el 48%, mientras que para las mujeres esta cifra asciende al 60%. En promedio, las mujeres estamos un 10% más precarizadas que los varones”, destaca Díaz.
Los problemas no son nuevos, pero sí sorprende que en una época de reactivación de peleas gremiales no se tengan en cuenta las desigualdades entre trabajadoras y trabajadores. “Si bien en estos dos últimos años se ha reactivado muchísimo la negociación colectiva y la mayoría de los convenios han sido con subas salariales y mejoras de condiciones de trabajo, esto no necesariamente ha redundado en una mejora en la incorporación de cláusulas de género –analiza Díaz–. Por ejemplo, no se ha avanzado en el acceso de las mujeres a puestos de mayor jerarquía y de ingreso a sectores en los que tradicionalmente no están representadas. No se cumple con el cupo de mujeres en las negociaciones y son débiles e incluso escasos los mecanismos de control del cumplimiento de la ley por parte del Ministerio de Trabajo.”
Por su parte, Olga Hammar, presidenta de la Comisión Tripartita de Igualdad de Trato y Oportunidades entre Hombres y Mujeres en el mundo laboral del gobierno nacional, da algunas razones para explicar la falta de cambios: “Es un proceso largo y hay obstáculos de tipo cultural que a veces pesan más que las leyes. Además, falta participación de las mujeres en los reclamos de sus derechos. Pero nosotros, por ejemplo, nos estamos ocupando de la violencia laboral y de llevar esta problemática al interior, donde las mujeres trabajan básicamente en la administración pública y en el servicio doméstico”.
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La desprotección de las madres que trabajan
El gran desafío de la inserción de las mujeres en el mundo del trabajo fue cómo conjugar la maternidad con el trabajo. Ese desafío sigue siendo un desafío. Y después de la flexibilización laboral salvaje de los noventa el desafío se recrudeció. “Yo trabajaba en negro cuando tuve a mi primera hija. Llegué de la clínica a mi casa con la beba en brazos. Sonó el teléfono y atendí porque supuse que era alguien para saludarme por el nacimiento. Era mi jefe para decirme que le redacte una gacetilla. Me senté en la silla como pude, todavía dolorida por los puntos, y escribí llorando lo que me pedían”, cuenta Sofía, una periodista que hace tres años, cuando nació Macarena, trabajaba para una agencia de prensa. Por supuesto, sin aportes jubilatorios, ni aguinaldo, ni obra social, ni derecho a la maternidad. Si su caso hubiera llegado a la justicia, seguramente el empleador le habría tenido que pagar su deuda. Pero son pocos los casos de mujeres que hacen juicio, precisamente porque necesitan trabajar. Y muchas, en cambio, las situaciones en donde la licencia por maternidad no es respetada.
Otro punto que frena el ascenso de las mujeres en el mundo del trabajo es que, en la Argentina, los jardines maternales son pocos, poquísimos, poquitísimos. El Estado no cubre esta necesidad y las empresas no cumplen con su obligación de contar con jardines maternales propios. María Elena Naddeo, presidenta del Consejo de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes de la Ciudad de Buenos Aires, asume: “La demanda insatisfecha de jardines maternales y escuelas infantiles es permanente y sostenida en el tiempo, en particular en los barrios de la zona sur, como Lugano, Soldati, Boca-Barracas, pero también en Villa Urquiza, Balvanera y otros. La ciudad de Buenos Aires ha incorporado el mecanismo de convenios con asociaciones de la comunidad para aprovechar instalaciones existentes, reducir tiempos de espera en obras de infraestructura y designar desde el área educativa el personal docente, pero el plan de creación de nuevas sedes y aulas tuvo un crecimiento menor de lo esperado”. La responsabilidad también es privada. “La legislación argentina es pobre e inexistente. Actualmente nos manejamos con la Ley 11.317 de 1924, por la cual se estableció que empresas con un mínimo de 50 empleadas debían habilitar salas maternales para niños menores de 2 años donde quedarían en custodia durante el tiempo de ocupación de las madres. En 1975, se estableció un proyecto de ley donde el mínimo de mujeres se reducía a 20 y se determinaba la obligación de instalar en los mismos edificios o en las cercanías guarderías infantiles para todos los hijos de mujeres. Pero esto, lamentablemente, dista mucho de la realidad”, señala Gabriela Gamillo, gerente educativa de Jardines Maternales Diálogos, una empresa que se dedica a brindar el servicio de jardines maternales a empresas. “Actualmente muchas empresas ofrecen subsidios a los empleados que no alcanzan para abonar la cuota de un jardín maternal. Y no es lo mismo –diferencia Gamillo–. En EE.UU. se han hechos estudios respecto del nivel de satisfacción, compromiso y ausentismo de las madres que poseen el servicio de jardín maternal dentro del lugar de trabajo y se ha comprobado el profundo impacto que genera este beneficio. Por nuestra parte, notamos que las mamás se sienten cerca de sus hijos, ya que pueden pasar a verlos en todo momento, jugar con ellos y amamantarlos.”
La falta de derechos laborales encadena un problema detrás de otros. No hay jardines maternales en la mayoría de las empresas. Las mamás no pueden dar la teta en el horario de almuerzo con sólo tomar el ascensor. Pero, muchas veces, tampoco se cumple con la debida reducción horaria por lactancia. “Sí, soy una boluda, ya lo sé, pero estaba en negro, no tenía derechos, ¿qué iba a hacer?”, se pregunta Mariana, una empleada estatal que hace dos años tuvo su primera hija y cuando volvió a trabajar se vio empujada a dejar de dar la teta porque se le cortó la leche.
La responsabilidad es compartida: de los empleadores que incumplen, del Estado que no controla y de los gremios que no reclaman. “Mientras los gobiernos no entiendan que amamantar es una medida de salud pública, de previsión en salud, y no protejan, valoren y jerarquicen la maternidad y el período de crianza, será todo a fuerza de pulmón y negociación por un derecho que corresponde tanto a la madre como al hijo/a”, sentencia Inés Copertari, de la Fundación Lactam. Aunque ella, además, hace una acusación polémica, pero muy escuchada. “Con respecto a los descansos por lactancia suelen ser las compañeras mujeres que no han amamantado las que se quejan y ven en esto una especie de ‘avivada’ para trabajar menos, parece mentira pero muchas veces son las menos solidarias.”
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¿Y la solidaridad de género?
Por un lado, el derecho a la lactancia no depende de la mala cara de la vecina de oficina, sino de que los derechos se cumplan. Sin embargo, es interesante tomar ese puntapié para animarse a hacerse más preguntas: ¿falta cultura de solidaridad de género para que la inserción laboral de las mujeres implique redes para cubrirse, ayudarse y defenderse entre mujeres? “El problema es que las líderes en la Argentina no quieren formar parte del colectivo mujer. No quieren ser identificadas como mujeres, sino como ejecutivas. Hay sólo un dos por ciento de mujeres que llega a puestos clave en empresas argentinas. Sin embargo, ¿cuánto hacen ellas por otras mujeres en su empresa? Hay muchas ejecutivas súper exitosas que sostienen que las mujeres en el poder no suman. Esas mujeres no quieren que lleguen otras. Algunas líderes me han dicho claramente ‘si somos menos, mejor’. No todas participan de la idea de solidaridad de género”, desnuda Lidia Heller, licenciada en Administración de Empresas, experta en management femenino y autora de Nuevas voces del liderazgo (dilemas y estrategias de mujeres que trabajan).
La postura de las mujeres en puestos altos no es un tema menor porque la imposibilidad de acceder a cargos jerárquicos es una de las razones para que ser mujer implique ganar casi un tercio de lo que ganan los hombres. En este sentido, Diana Maffia, filósofa y directora académica del Instituto Hannah Arendt, enmarca: “El problema salarial en este momento es de todos los trabajadores, no sólo de las trabajadoras. Pero la brecha para las mujeres sigue siendo ofensiva. A veces no se expresa en diferencia explícita de salario, sino que a igualdad de capacidades no se promueve a las mujeres y por lo tanto permanecen más tiempo en lugares jerárquicos menores. También la falta de flexibilidad en relación a la maternidad y crianza es lesiva para el equilibrio laboral y familiar de modo sexista”.
Propuestas para combatir la desigualdad
Políticas activas de empleo para mejorar las ofertas para las mujeres.
Ampliar los servicios de apoyo
y cuidado infantil.
Promover responsabilidades familiares compartidas.
Promover la formación técnica y profesional de las mujeres y el acceso a sectores y áreas que trasciendan los estereotipos de género.
Promover políticas específicas para sectores no calificados, especialmente para el trabajo a domicilio y servicio doméstico.
Generar políticas de combate a la violencia laboral en general y el acoso sexual en particular.
Fortalecer la negociación colectiva como herramienta para la equidad de género.
Cumplir y profundizar las políticas de cuota o cupo en los sindicatos y las instancias de negociación colectiva.
Profundizar las instancias de diálogo social con el compromiso empresarial, sindical y del sector público.
Fuente: Las mujeres y el mercado de trabajo, algunas propuestas de acción, de Estela Díaz.
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El feminismo y los derechos laborales
Por Claudia Korol *
Por el impacto de las políticas neoliberales ha habido un fuerte retroceso en el conjunto de los derechos laborales –como consecuencia de la “flexibilización”– que afectó especialmente a las mujeres. En las políticas de resistencia, no podemos obviar tampoco la fuerte marca patriarcal de las organizaciones tradicionales del movimiento sindical y la dificultad para que las voces de las mujeres puedan expresarse con la misma fuerza que otras demandas. Desde la perspectiva del movimiento feminista, se han dado batallas importantes. Aunque hubo políticas limitadas en el impulso a acciones en defensa de los derechos laborales.
Sin embargo, es necesario subrayar que en los Encuentros Nacionales de Mujeres, estas demandas han tenido una fuerte presencia, lo que tal vez pueda significar, en un momento en que comienza a recuperarse la vitalidad de las luchas obreras, que nuevas luchas por estos derechos comiencen a expresarse de manera más enérgica en la sociedad y a influir en las corrientes del feminismo que intentan batallar simultáneamente contra todas las formas de opresión y explotación.
* Coordinadora del equipo de educación popular Pañuelos en Rebeldía.
Estadísticas
Cuestiones de dinero
Salario medio de un varón: 758 pesos
Salario medio de una mujer: 513 pesos
Diferencia salarial en las mujeres: -245 pesos (32,3%)
Brecha según calificación de la tarea:
Salario medio de un profesional: 1862 pesos
Salario medio de una profesional: 1254 pesos
Diferencia salarial en las mujeres: -608 pesos (32,7%)
Salario medio de un técnico: 1042 pesos
Salario medio de una técnica: 693 pesos
Diferencia salarial en las mujeres: -349 pesos (33,5%)
Salario medio de un trabajador no calificado: 404 pesos
Salario medio de una trabajadora no calificada: 285 pesos
Diferencia salarial en las mujeres: -119 pesos (29,5%)
¿Quienes son mas precarios?
Porcentaje de asalariados precarios
Total: 48,3%
Varones: 43,9%
Mujeres: 53,8%
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Los datos estadísticos corresponden a Las mujeres y el mercado de trabajo, Estela Díaz, 14 de junio del 2006. Elaboración propia en base a datos de Cepal y el Indec

La llegada de un hijo modifica la vida laboral del 30% de las mujeres
Reducen los horarios o directamente dejan de trabajar. Los cambios se agudizan a medida que se agranda la familia. Lo afirma un reciente estudio en Francia y lo ratifican expertos argentinos.
Mariana Iglesias
Clarin 30/9/06
Las mujeres —las que pueden, claro— se forman, van a la universidad, hacen posgrados, estudian idiomas, luchan por buenos empleos y sueldos respetables. Casi que se ponen a la par de los hombres... hasta que tienen un hijo. Entonces las diferencias se profundizan como nunca. Especialistas en género estiman que con la llegada del primer hijo, un 30 % de las mujeres modifica su trabajo: reduce las horas o directamente lo deja.
Está claro que es la mujer la que pone el cuerpo cuando una pareja tiene un hijo. En parte por eso es que en la provincia de Buenos Aires acaban de dar media sanción a un proyecto que propone siete meses de licencia por maternidad (ver La maternidad...).
Pero no está tan claro —o no tan valorizado— todas las otras cosas que pone. ¿Y lo que deja? El Instituto Nacional de Estudios Demográficos francés dio a conocer los resultados de la encuesta "Familias y empleadores", en la que participaron 10.000 hombres y mujeres de 20 a 49 años.
Con el primer hijo, tres de cada diez mujeres cambia su situación laboral; cifra que sube al 46 % con el segundo hijo y al 56 % con el tercero. Los padres reducen su actividad veinte veces menos.
"Estos datos coinciden con la realidad argentina — dice Irene Meler, coordinadora del Foro de Psicoanálisis y Género—. Aunque las mujeres se incorporaron al ámbito de trabajo, siguen a cargo de las responsabilidades parentales y domésticas. La brecha salarial es por el prejuicio de bajo rendimiento por estas tareas".
"No se puede mantener el ritmo laboral con un hijo. Las mujeres con buen empleo se arreglan más porque pagan para dejar al hijo, pero no todas pueden —dice Mabel Bianco, de la Fundación Estudio e Investigación de la Mujer—. Las de clase baja necesitan trabajar, y los chicos quedan con vecinos, hermanos...".
"El hombre tiene un desarrollo más lineal en su carrera profesional y ve natural que la mujer se quede en la casa y deje todo. Eso antes no se cuestionaba, pero hoy ese lugar está desvalorizado, como todo lo que no tiene retribución económica", dice la psicóloga Esther Czernikowski.
"Está claro que las mujeres 'perdemos' el tren en materia laboral cuando tenemos hijos, y desde ya que esta situación se acentúa con el número de hijos, y que en este sentido no hay 'igualdad' entre varones y mujeres. Pero los perjudicados son los niños, que quedan generalmente con escasos cuidados maternales, porque no tomamos en cuenta que alguien tiene que satisfacer las necesidades básicas de los niños", dice Laura Gutman, autora de Crianza, violencias invisibles y adicciones, entre otros.
"Al tener un bebé, la mujer vive un reordenamiento en los espacios de placer. Si nunca encontró placer en el trabajo, es probable que lo deje. Si es una profesional con un buen puesto o ama lo que hace, tratará de seguir. De todas maneras, la 'partición femenina' es real. A diferencia del hombre, la mujer es madre con el cuerpo y nunca se desconecta de sus hijos", asegura Gabriela Pedrotti, supervisora del equipo de pareja y familia del Centro Dos.
"Atrapada sin salida". Así, dice Czernikowski, está la mujer: "Trabaja en la casa. Trabaja afuera. Y no se valora". "Se avanzó, pero los roles son los mismos. El peso de los hijos y de la casa recae en la mujer, que cada vez está más alienada", dice Bianco.
"Desde el punto de vista de los niños, todo cambió para peor. Tienen menos disponibilidad de personas maternantes. Son víctimas de la desvalorización del tiempo de dedicación de una madre con sus hijos. Desde el punto de vista de las mujeres, ganamos en materia laboral, económica, profesional y desarrollo personal. Perdimos en la conexión con nuestras necesidades de vincularnos con tranquilidad y tiempo con nuestros hijos cuando son pequeños", agrega Gutman.
Pedrotti dice que hoy una mujer que elige quedarse en la casa con sus hijos a veces no es vista desde lo saludable sino desde lo patológico. El entorno la cuestiona. Pero también puede cuestionarla si hace todo lo contrario...
Trabajar un poco, mucho, nada. Elecciones. Decisiones. Todo es una gran duda, porque todo es nuevo en la vida de una mujer que acaba de ser mamá. "La maternidad marca el fin de la independencia física y emocional. Es un error creer que podemos seguir siendo las mismas con un hijo a cuestas", dice Gutman. Hay que empezar por ahí.
Maternidad y más licencia
Testimonio I
"Instalé la oficina en mi casa"
Alejandra Massucco se recibió de abogada en el 99, y enseguida se puso a trabajar en una oficina: casos de civil, comercial, laboral. "Seguía muchos temas de alimentos, visitas a hijos, abandono de hogar, violencia familiar. Y también accidentes de tránsito", cuenta Alejandra, que no paraba un minuto entre el estudio, tribunales y las mediaciones.
Pero hace dos años y diez meses nació Franco, y cambió todo. "Los primeros tres meses fueron una locura. La teta cada tres horas, en el medio cambiar los pañales. Y el sueño, dormía cada vez que podía".
Después de esa primera etapa, intensa, incomparable, llegó un poco de calma. "Hacía alguna que otra cédula o preparaba una mediación mientras Franco dormía, pero no mucho más", cuenta Alejandra, que delegaba algunos trámites en su marido; Mariano, también abogado.
Este año el nene empezó la salita de dos años en un jardín a la vuelta de la casa, en el barrio de Flores. Y eso le da tres horas para trabajar. Al estudio no va más. A tribunales, muy poco. Sólo si es muy necesario. "Estoy a media máquina", define. Lo que sí planeó fue armar una suerte de oficina en una habitación de la casa, como para adelantar trabajo mientras Franco duerme o está en el jardín.
"Si tengo una audiencia, debo arreglar todo con mucha anticipación. Muchas veces hago malabares para no tener que delegar cosas en mi mamá o en mi suegra", confiesa Alejandra.
"Estoy muy condicionada por los horarios de Franco", dice. Y aclara que fue toda una decisión la de hacerse cargo ella sola y no contar con una persona que cuide al nene para que ella volviera al ritmo de antes.
Falsas opciones
Diana Baccaro
Clarin
La opción de elegir entre el trabajo o los hijos es falsa. En general, las mujeres no pueden optar. O porque necesitan el sueldo, o porque no saben dónde o con quién dejar los hijos. La Cámara de Diputados bonaerense acaba de darle media sanción a un proyecto que extiende la licencia por maternidad "para promover la lactancia". La prioridad es el bebé, no la mamá y su trabajo. Para que la mujer pueda elegir realmente qué atajo tomar en su vida laboral cuando tiene hijos chicos hace falta, para empezar, que la legislación mire con más atención a los hombres, que actualmente tienen sólo dos días de licencia por paternidad. Si no hay cambios, el peso de la responsabilidad caerá siempre sobre la mujer, sin opciones.
Subsidios
A diferencia de lo que ocurre en Argentina, donde las mujeres con problemas económicos deben trabajar como sea, en Francia pueden dejar sus empleos. Es que hay un subsidio para las que tienen un segundo hijo. Se llama APE (Asignación Parental de Educación). Son 500 euros (unos 2.000 pesos) por mes.
Testimonio II
"Yo renuncié, pero ahora extraño"
Denise Galós (35) es una licenciada en marketing que hasta hace no mucho tiempo era asesora comercial en una empresa. Trabajaba nueve horas diarias y tenía un muy buen sueldo, hasta que quedó embarazada de Sofía, hoy de dos años. "Yo siempre decía que al nacer mi primer hijo iba a dedicarme todo el tiempo a él porque sé la importancia que tiene", asegura Denise. Lo dice porque estudió Terapia Ocupacional, una carrera en la que se ve mucha psicología, y el valor de la estimulación en los primeros meses de vida.
Así, después de la licencia por maternidad, dejó de trabajar totalmente. Y en eso volvió a quedar embarazada, de Teo, que ahora ya tiene dos meses. "Sorprendentemente, ahora me dieron ganas de volver a trabajar, extraño. No como antes, todo el día, pero sí aunque sea un rato. Por suerte no lo necesito económicamente. Pero necesito volver al mercado laboral y tener mi plata,independencia".
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