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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2006.

LAS MADRES QUE SOMOS


Nuestras madres nos hacían el Toddy. Y nos untaban las tostadas con mucha mermelada para que almacenáramos energía. Esa parte era encantadora, pero también es cierto que cuando los platos ya estaban lavados, las camas hechas, el marido y los hijos alimentados, ellas rumiaban su insatisfacción
por los rincones, y algo se les iba incrustando en el rictus a medida que envejecían. Fueron ellas, si mal no recuerdo, las que más énfasis pusieron en que estudiáramos. Tener una carrera era la utopía de aquellas amas de casa atornilladas al televisor y viviendo aventuras delegadas en las actrices que se salían precisamente de madre cuando el flechazo las unía inevitablemente a un pobre, a un rico, a un hombre que no era el indicado.  Ellas vivieron la vida indicada, encerradas y abnegadas, pero no nos
inculcaron la abnegación, la cualidad que durante siglos fue la virtud por excelencia de la buena mujer.
Las que somos jefas de hogar no tenemos alternativa y nuestros hijos lo saben. No salimos a la calle de la mañana a la noche para cumplir un sueño, ni para tomarnos revancha de nada, ni para realizarnos, como torpemente se describía en el pasado a la coherencia entre pensamiento y acto. En el mundo
masculino, a eso se le llama tener suerte: hacer encajar lo útil con lo agradable, vivir vocacionalmente, disfrutar del trabajo y la familia. En el mundo femenino, la presunta “realización” implicaba hacer de una misma una obra distinta de lo esperable, “realizarse” era incorporar las fantasías a la trama esquiva de la realidad, que sólo nos tenía reservados, en el mejor de los casos, un par de buenos partidos para elegir el que más nos gustara. Nuestros hijos crecieron con madres apuradas que no memorizan el nombre de la profesora de matemáticas. No les cosimos a mano sus disfraces de damas antiguas ni de tamborcitos de Tacuarí, no los esperamos a la vuelta del colegio con bizcochuelos humeantes, ni cumplimos tan rigurosamente como era esperable con el tratamiento odontológico de flúor. Nos ven ir al gimnasio y comprarnos lencería de encaje y de alguna manera vaga pero contundente saben que, además de ser sus madres, somos mujeres ávidas que no quieren perderse su porción de fiesta. Somos deseantes. Y no lo toleran. Los chicos ahora reclaman un poco de aquella abnegación de la que fuimos
tristes testigos. Nosotras hubiésemos mandado a nuestras propias madres a trabajar, a perderse en el mundo, a desentenderse un rato de nosotras, a gestionar sus ideas y sus sueños, a encariñarse con ellas mismas para evitarles aquel rictus, ese enojo de quien no sabe a quién culpar por su abulia y por la pobreza del paisaje que se ve desde la única ventana disponible.
Los chicos ahora nos tiran de la soga para que volvamos temprano y la cena esté lista, y no haya delivery y sí un flan casero, de tanto en tanto. Reclaman presencia, reclaman atención, reclaman calor de hogar y milanesas crocantes, acaso para poder evocarnos a través de olores y sabores, y no a
través de simples paseos por el shopping o llamadas al celular para que sepan que estamos pendientes de ellos, aunque estemos tironeadas y en plena reunión importantísima.
Y una no sabe cómo fue que los equilibrios se fueron al demonio, y nuestras vidas no sólo son muy diferentes de las de nuestras madres sino, casi podría decirse, su contracara. Los adolescentes son expertos en reproches, son escultores de reproches, los perfeccionan, los afilan, los elevan a la
categoría de manifiestos. Hoy nos están pidiendo que aflojemos el ritmo y les sigamos contando cuentos, como cuando eran chicos. Quieren que estemos disponibles para contarles que mamá los ama, que mamá los mima, aunque su agenda de esta semana esté muy complicada, aunque lleguemos a casa demasiado reventadas como para ayudarlos con las tareas. Estos chicos son chicos que
nunca sintieron sobre sus espaldas el peso de un interés único, aplastante, exclusivo: nos vieron insomnes al lado de sus camas cuando tenían mucha fiebre, pero también nos vieron vestirnos, maquillarnos, darles un beso y avisarles que los llamaríamos cada dos horas, desde el trabajo. Esa angustia finita y filosa que sentimos las madres trabajadoras cuando nos tironean el afuera y el adentro, no les alcanza, no la saben, la ignoran. ¿Cómo tramitarán, en sus propias vidas, estos reproches que nos hacen? ¿Qué harán con lo que dicen que les falta? ¿Buscarán la manera de ser madres pendientes de la hora de la merienda, o llegará el momento en el que comprenderán que la maternidad nos ilumina el camino, pero el camino no termina en ella?

Por Sandra Russo

03/08/2006 12:27 Autor: mujerescomoyo. Enlace permanente. Tema: SER MAMA No hay comentarios. Comentar.

LAS MADRES QUE SOMOS

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Nuestras madres nos hacían el Toddy. Y nos untaban las tostadas con mucha mermelada para que almacenáramos energía. Esa parte era encantadora, pero también es cierto que cuando los platos ya estaban lavados, las camas hechas, el marido y los hijos alimentados, ellas rumiaban su insatisfacción
por los rincones, y algo se les iba incrustando en el rictus a medida que envejecían. Fueron ellas, si mal no recuerdo, las que más énfasis pusieron en que estudiáramos. Tener una carrera era la utopía de aquellas amas de casa atornilladas al televisor y viviendo aventuras delegadas en las actrices que se salían precisamente de madre cuando el flechazo las unía inevitablemente a un pobre, a un rico, a un hombre que no era el indicado.  Ellas vivieron la vida indicada, encerradas y abnegadas, pero no nos
inculcaron la abnegación, la cualidad que durante siglos fue la virtud por excelencia de la buena mujer.
Las que somos jefas de hogar no tenemos alternativa y nuestros hijos lo saben. No salimos a la calle de la mañana a la noche para cumplir un sueño, ni para tomarnos revancha de nada, ni para realizarnos, como torpemente se describía en el pasado a la coherencia entre pensamiento y acto. En el mundo
masculino, a eso se le llama tener suerte: hacer encajar lo útil con lo agradable, vivir vocacionalmente, disfrutar del trabajo y la familia. En el mundo femenino, la presunta “realización” implicaba hacer de una misma una obra distinta de lo esperable, “realizarse” era incorporar las fantasías a la trama esquiva de la realidad, que sólo nos tenía reservados, en el mejor de los casos, un par de buenos partidos para elegir el que más nos gustara. Nuestros hijos crecieron con madres apuradas que no memorizan el nombre de la profesora de matemáticas. No les cosimos a mano sus disfraces de damas antiguas ni de tamborcitos de Tacuarí, no los esperamos a la vuelta del colegio con bizcochuelos humeantes, ni cumplimos tan rigurosamente como era esperable con el tratamiento odontológico de flúor. Nos ven ir al gimnasio y comprarnos lencería de encaje y de alguna manera vaga pero contundente saben que, además de ser sus madres, somos mujeres ávidas que no quieren perderse su porción de fiesta. Somos deseantes. Y no lo toleran. Los chicos ahora reclaman un poco de aquella abnegación de la que fuimos
tristes testigos. Nosotras hubiésemos mandado a nuestras propias madres a trabajar, a perderse en el mundo, a desentenderse un rato de nosotras, a gestionar sus ideas y sus sueños, a encariñarse con ellas mismas para evitarles aquel rictus, ese enojo de quien no sabe a quién culpar por su abulia y por la pobreza del paisaje que se ve desde la única ventana disponible.
Los chicos ahora nos tiran de la soga para que volvamos temprano y la cena esté lista, y no haya delivery y sí un flan casero, de tanto en tanto. Reclaman presencia, reclaman atención, reclaman calor de hogar y milanesas crocantes, acaso para poder evocarnos a través de olores y sabores, y no a
través de simples paseos por el shopping o llamadas al celular para que sepan que estamos pendientes de ellos, aunque estemos tironeadas y en plena reunión importantísima.
Y una no sabe cómo fue que los equilibrios se fueron al demonio, y nuestras vidas no sólo son muy diferentes de las de nuestras madres sino, casi podría decirse, su contracara. Los adolescentes son expertos en reproches, son escultores de reproches, los perfeccionan, los afilan, los elevan a la
categoría de manifiestos. Hoy nos están pidiendo que aflojemos el ritmo y les sigamos contando cuentos, como cuando eran chicos. Quieren que estemos disponibles para contarles que mamá los ama, que mamá los mima, aunque su agenda de esta semana esté muy complicada, aunque lleguemos a casa demasiado reventadas como para ayudarlos con las tareas. Estos chicos son chicos que
nunca sintieron sobre sus espaldas el peso de un interés único, aplastante, exclusivo: nos vieron insomnes al lado de sus camas cuando tenían mucha fiebre, pero también nos vieron vestirnos, maquillarnos, darles un beso y avisarles que los llamaríamos cada dos horas, desde el trabajo. Esa angustia finita y filosa que sentimos las madres trabajadoras cuando nos tironean el afuera y el adentro, no les alcanza, no la saben, la ignoran. ¿Cómo tramitarán, en sus propias vidas, estos reproches que nos hacen? ¿Qué harán con lo que dicen que les falta? ¿Buscarán la manera de ser madres pendientes de la hora de la merienda, o llegará el momento en el que comprenderán que la maternidad nos ilumina el camino, pero el camino no termina en ella?

Por Sandra Russo

03/08/2006 12:28 Autor: mujerescomoyo. Enlace permanente. Tema: SER MAMA No hay comentarios. Comentar.

MUJER Y TRABAJO: CONQUISTAS Y OBSTACULOS DE UNA LUCHA QUE CONTINUA

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ELLAS AVANZAN PERO FALTAN 30 AÑOS PARA LA IGUALDAD

Es un pronóstico que arriesgan los especialistas. Las mujeres progresan en la mayoría de las profesiones. Y se atreven a oficios tradicionalmente masculinos. Sin embargo, sufren desventajas salariales del 30 por ciento, no se les reconoce el nivel educativo y están sobrecargadas en el hogar.


Más de cuatro millones de mujeres trabajan en la Argentina y buscan por todos los caminos condiciones más justas de empleo y desarrollo personal. Es una búsqueda que, según especialistas, puede llevar más de 30 años, pero ya está en marcha. Tanto que, por primera vez en el país, cerca de mil mujeres piden información sobre cómo capacitarse en oficios tradicionalmente masculinos, como la albañilería y la plomería. Un estudio gubernamental sostiene que las amas de casa merecen a esta altura tener un currículum con validez en el mercado laboral, por la cantidad de tareas que hacen con éxito en el hogar. Y otra investigación advierte que las mujeres que se desempeñan en niveles de decisión de empresas, sindicatos y ofici nas de Gobierno, deberían tener un mayor acompañamiento desde el Estado cuando se convierten en madres. Por aquí, por allá, el avance no se detiene, pero choca aún con desventajas salariales, desaprovechamiento del alto nivel educativo que alcanzan las mujeres y mecanismos de discriminación.

"En los cuerpos legislativos, la paridad entre el hombre y la mujer se alcanzaría para el año 2040 y algo similar sucede en el campo científico, en la vida universitaria, en los sindicatos, en las empresas y en los puestos superiores de los gobiernos", escribió en marzo la oficial de enlace del Fondo de Población de las Naciones Unidas en la Argentina, María del Carmen Feijoó. Ahora, en diálogo con Clarín, la socióloga explica que este horizonte de igualdad está más a mano de las mujeres que tienen acceso a la educación superior y a la capacitación y que puede alejarse para las mujeres más pobres, que salieron a trabajar en la década del 90 por la necesidad de reforzar la economía familiar.

Es tiempo, a su juicio, de generar "políticas de conciliación", como se las llama en la Unión Europea, que "permitan a las mujeres desarrollar su vida laboral sin la sobrecarga de su casi exclusiva responsabilidad en el cuidado familiar; políticas que apoyen a la sociedad en su conjunto en el cuidado de los chicos y la organización del hogar, por ejemplo mediante la creación de guarderías y la doble escolaridad en la escuela pública durante el nivel inicial".

Karina Trivisonno, titular de la Secretaría de Igualdad de Oportunidades de la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN), considera que "si bien lentamente las mujeres vamos ocupando espacios públicos que tradicionalmente ocupaban los hombres, el proceso es aún más lento de lo esperado, ya que aún existen prejuicios, creencias y costumbres que siguen definiendo como 'naturalmente femeninas' o 'naturalmente masculinas' ciertas actividades o ámbitos".

"En el sector público, a pesar de la alta participación femenina, se puede visualizar que las desigualdades persisten: los hombres acceden con más facilidad y rapidez, aún con menor calificación profesional, a los puestos de conducción y categorías mejores pa gas del Estado. La segregación ocupacional, las diferencias salariales y la menor proporción de mujeres en puestos de responsabilidad son una realidad", señala Trivisonno, quien destaca sin embargo que el reciente convenio colectivo de trabajo para el sector público incluyó medidas contra esas formas de discriminación.

Feijoó, Trivisonno y distintos estudios privados sobre el panorama laboral de las mujeres en el país coinciden en hablar de una brecha salarial de alrededor del 30 por ciento con respecto a los ingresos de los hombres. "Mientras el ingreso medio mensual de los varones es de 630,90 pesos, el de las mujeres es de 427,80 pesos. Esta brecha aumenta en los grupos con mayores niveles de escolaridad", precisó esta semana la consultora de Unicef Eleonor Faur, durante un seminario.

En el "Diagnóstico sobre la situación laboral de las mujeres", elaborado en 2005 por el Ministerio de Trabajo, se destaca que la participación de las mujeres en el mercado laboral "es alta en términos históricos", aunque conlleva esta lista de dificultades:


"Las mujeres activas tienen una probabilidad 29 por ciento más alta que los varones de estar desocupadas. Entre las mujeres se observa un porcentaje mayor de desempleo abierto de larga duración (tardan más en reinsertarse) y un porcentaje más alto de desocupados de altos niveles educativos y de trabajadores que buscan su primer empleo".


"Persisten importantes condicionamientos para el acceso de las mujeres a empleos completos, lo que se expresa en un número menor de horas promedio trabajadas por ellas: 134 horas mensuales, frente a las 188 masculinas. Esto afecta a las mujeres a lo largo de toda la estructura social, pero incide especialmente en aquellas menos educadas, que cobran salarios promedio que son prácticamente la mitad de los percibidos por los hombres con iguales niveles educativos".


"A pesar de la creciente incorporación de la mujer en el mercado de trabajo, la estructura ocupacional sigue presentando una fuerte segregación vertical (por niveles de jerarquía) y horizontal (por sectores productivos) por género".


"Las mujeres son promovidas a cargos de jefatura en menor proporción que los varones: representan el 42,9 por ciento de los asalariados, pero sólo el 27,4 por ciento de los asalariados que ejercen cargos de jefatura en los procesos de trabajo".


"Tanto el servicio doméstico como la enseñanza y los servicios sociales y de salud son actividades claramente feminizadas, mientras que le presencia femenina es marginal en construcción, transporte y almacenaje".


"El acceso de las mujeres a altos niveles educativos formales no se traduce en igual medida en un reconocimiento de tales logros en el puesto de trabajo: una de cada cuatro mujeres que completaron o superaron el ciclo medio desarrollan tareas de un nivel de calificación claramente inferior. Además, seis de cada 10 desocupadas tiene, al menos, el ciclo medio terminado y una de cada 10 completaron los estudios terciarios o universitarios, lo que habla de fuerza de trabajo desocupada educada".

Además, hay más de dos millones de mujeres que buscan trabajo y no lo encuentran: son desocupadas para el mercado, aunque en sus casas realizan más de cien tareas cotidianas, vinculadas a la limpieza, la administración del presupuesto familiar, la preparación de alimentos, el apoyo escolar a los hijos y el cuidado de enfermos.

En 1991, la tasa de actividad de las mujeres de 15 a 65 años era de 43 por ciento; en 1998 ascendió a 49 por ciento y en 2003 alcanzó su máximo de 52,8 por ciento. En el trabajo "Las metas del milenio y la igualdad de género. El caso de Argentina", la promoción del "trabajo decente" para hombres y mujeres y la reducción del desempleo son objetivos a cumplir en un tiempo no tan lejano: el año 2015.

El estudio, elaborado por Claudia Giacometti, consultora de la Unidad Mujer y Desarrollo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), remarca también que "las mujeres en general tienen menores posibilidades de ingresar a empleos formales; menores ingresos laborales, que condicionan los ingresos futuros; y menor tasa de participación económica y, por lo tanto, mayor vulnerabilidad para acceder al sistema de seguridad social".

Virginia Franganillo, directora de la Mujer del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, plantea la necesidad de diseñar "un plan estratégico que genere una atmósfera social de cambio en la cultura del trabajo y hacia el interior de la familia", que primero defina el perfil productivo del país y luego "se concentre en rubros donde la mujer pueda desarrollar todo su potencial, como la agroindustria y el turismo, dos de las actividades más importantes en la generación de recursos".

¿Cuánto tiempo puede llevar? La funcionaria prefiere no mencionar plazos, pero confía: "No me parece mal que seamos optimistas, sobre todo si tenemos en cuenta que en los últimos 20 años han habido cambios importantísimos. El Estado puede generar medidas de fuerte impacto simbólico, como lo hizo con el establecimiento de cupos femeninos para cubrir cargos públicos, y las mujeres se animan a los desafíos laborales, pero las empresas todavía no, porque no quieren arriesgarse y mantienen sus prejuicios a la hora de tomar un empleado. Falta una salida social, de conjunto".

Noé Ruiz, secretaria de Igualdad de Oportunidades y Género de la CGT que conduce Hugo Moyano, pronostica que la equiparación de bancas en el Congreso "se dará mucho antes del 2040, porque ya hay legisladoras que están peleando por tener el 50 por ciento de la representación política", aunque en otros rubros del mundo laboral "la búsqueda de la igualdad sí va a llevar 20 o 30 años". Los sindicatos deberían tener en sus conducciones un 30 por ciento de mujeres, un requisito que "se va cumpliendo lentamente".

Ruiz, secretaria general del Sindicato de Modelos, sostiene que "las mujeres trabajamos cada vez más, pero caemos cada vez más en la economía informal, con baja protección y seguridad social. Casi siempre hay un varón en el tope de la escala y donde hay subordinación sigue habiendo dependencia. Además, todavía hay miedo, por eso empezamos a dar cursos para que las chicas más jóvenes lo pierdan, para que las futuras generaciones sean mejores".

Una investigación de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), "Políticas de empleo para superar la pobreza. Argentina", cuestiona la "sobrecarga" que padecen las mujeres, porque "a pesar del ingreso masivo a la fuerza laboral, continúan asumiendo en forma casi exclusiva las tareas domésticas y de cuidado de la familia, lo cual limita su disponibilidad de tiempo para capacitación y recreación y a muchas les impide obtener ingresos suficientes para salir del círculo de la pobreza".
Pablo Calvo.
clarin.com
20/8/06
20/08/2006 11:58 Autor: mujerescomoyo. Enlace permanente. Tema: MUJERES DE HOY No hay comentarios. Comentar.

TRABAJO: HAY POR DELANTE UN SINUOSO Y LARGO CAMINO

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Algunas noticias son auspiciosas: Argentina ocupa el noveno lugar en el mundo en virtud de su porcentaje de representación femenina en la Cámara de Diputados (35 % de las bancas, al 31 de mayo pasado), según una medición de la Unión Interparlamentaria. Tres ministras, Felisa Miceli, Alicia Kirchner y Nilda Garré, forman parte del gabinete nacional. Dos juezas, Elena Highton de Nolasco y Carmen Argibay, integran la Corte Suprema de Justicia de la Nación, algo inédito en nuestra historia.

Anónimas, —o a veces bajo la luz pública sin habérselo propuesto— otras mujeres defienden derechos propios y ajenos; reclaman y obtienen justicia, para ellas y, de paso, para todos; manejan empresas, mantienen su hogar y ayudan a sostener el de otros; derriban murallas metafóricas y levantan, también, paredes de concreto. Contribuyen, en suma, a hacer el país día a día.

Semejante protagonismo, sin embargo, no se refleja como tal. De acuerdo con el informe nacional 2005 del Proyecto Global de Monitoreo de Medios titulado "¿Quién figura en las noticias?"(coordinado por la Asociación Mundial para la Comunicación Cristiana, su objetivo fue medir el impacto de los medios en las relaciones de género, y la representación mediática de hombres y mujeres) siendo casi el 52% de la población, las mujeres, en la Argentina, son "sujetos principales" de apenas el 22% de las noticias.

Mal de muchos, consuelo de tontos, la proporción que arroja el estudio a nivel mundial es casi idéntica. ¿Qué más señala este trabajo? Que, entre nosotros, y en comparación con otros temas, la mujer encuentra su mayor protagonismo en las informaciones de violencia y crímenes...

Como rezaba aquel aviso las muchachas, qué duda cabe, hemos recorrido un largo camino. Pero, entre estereotipos, prejuicios, y limitaciones propias y ajenas, es apenas un tramo del extensísimo y sinuoso que aún resta desandar.

Silvia Fesquet.
clarin
20/8/06
20/08/2006 12:09 Autor: mujerescomoyo. Enlace permanente. Tema: MUJERES DE HOY No hay comentarios. Comentar.

SOLO UNO DE CADA TRES PUESTOS EJECUTIVOS ES PARA LAS MUJERES

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Una ejecutiva que no abandona las agujas de tejer, eso define a Julita Maristany, autora del siguiente desafío: "imaginemos si el día de mañana el mundo fuera de las mujeres ¿le regalaríamos espacio a los hombres o ellos tendrían que ganárselo?". Julita pregunta, Julita responde: "Los lugares hay que ganárselos por capacidad, esfuerzo, nivel educativo. No se trata de rellenar el hueco de un cupo obligatorio, ni de pensar desde el vamos que las mujeres son más honestas, más eficaces o más trabajadoras. Son lugares que tenemos que conquistar".

Ella conquistó: hace 17 años, "cuando en el país había sólo dos empresarias importantes", fundó la Asociación Iberoamericana de Mujeres, una organización no gubernamental "con la voluntad de apoyar y promover el desarrollo pleno de la mujer empresaria".

Hoy es la prosecretaria de la Cámara Argentina de Comercio y, a la vez, la que teje las bufandas de la familia, en las tardes tranquilas de Pilar. "No soy feminista, pero tejiendo me di cuenta que en la paciencia de ir punto a punto está nuestra gran ventaja comparativa con respecto a los hombres: nuestro umbral de frustración es más alto, no nos damos por vencidas tan rápido como el hombre".

"Hablar de igualdad puede ser una trampa, en todo caso habría que apuntar a un nivel de complementación con el hombre, pero para eso hace falta tiempo, porque el hombre todavía percibe el avance de la mujer como una invasión", considera.

En la Argentina, uno de cada tres cargos ejecutivos es ocupado por mujeres, según fuentes privadas. En áreas de relaciones institucionales, recursos humanos y marketing, cubren hasta el 40 por ciento de las gerencias, pero las CEO mujeres llegan apenas al 2 por ciento del total.

Un estudio citado por el Consejo Nacional de la Mujer advierte además que de 719 cargos directivos en empresas industriales relevadas, sólo el 4,9 por ciento son ocupados por mujeres; que en empresas de servicios y construcción también es escasa la participación, ya que de 299 cargos, apenas el 6,2 por ciento son de mujeres; y que en el sector financiero, en los 50 primeros bancos de Argentina, sobre un total de 399 cargos, sólo hay 12 mujeres, que representan el 3 por ciento del total.

Una encuesta elaborada por la Comisión Tripartita de Igualdad de Trato y Oportunidades entre Varones y Mujeres en el Mundo Laboral, que funciona en el Ministerio de Trabajo, señaló que, a diferencia de las mujeres más pobres, las que llegan a puestos de decisión trabajan impulsadas por el "deseo de desarrollo personal", más que la necesidad económica. "Esto nos habla de un quiebre de las pautas de actuación tradicional, según género, de estas mujeres", dice el sondeo, respondido por 112 mujeres que se desempeñan en puestos jerárquicos del Estado, las empresas y los sindicatos.

El informe señala también que la "responsabilidad familiar compartida", esto es la ayuda de los hombres en las tareas de la organización del hogar y el cuidado de los hijos, es clave para que la mujer pueda trabajar fuera de la casa con todo su potencial.

"Las mujeres tienen un elevado nivel de formación, ante el cual no se puede esgrimir la falta de preparación como un criterio generalizado. Las que abandonaron sus estudios aducen haber sufrido problemas económicos o haber tenido que dedicarse a la crianza de sus chicos. El abandono de los estudios terciarios se vincula con la maternidad", indica el estudio. Al 54 por ciento de las entrevistadas, además, "le hubiera gustado cursar otra carrera".

Julita sigue tejiendo. Mañana tomará la Panamericana y cambiará la arboleda de Pilar por el cemento de la Ciudad.
CLARIN
20/8/06
20/08/2006 12:16 Autor: mujerescomoyo. Enlace permanente. Tema: MUJERES DE HOY No hay comentarios. Comentar.

HAY QUE VALORAR TAMBIÉN EL TRABAJO EN LA CASA

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Las políticas de conciliación entre vida laboral y familiar no deben ser dirigidas exclusivamente a mujeres sino también a varones. Las empresas deben respetar principios de no discriminación y equidad de género en la incorporación de mujeres y el Estado fomentar esas conductas y desarrollarlas. Hacen falta normas, políticas, capacitación de agentes públicos, responsabilidad social de las empresas, participación de la comunidad.

Pusimos en marcha políticas de igualdad, con dispares resultados. El Consejo de la Mujer participa en los concursos de la Administración Pública para cargos directivos; hay créditos en el programa social agropecuario cuyos titulares deben ser quienes hacen el trabajo, quebrando la primacía masculina; se incorporaron jardines maternales en los Centros de Integración Comunitaria que están creándose.

Hay que valorar también, y esto es clave, la contribución del trabajo femenino no remunerado. ¿Por qué no integrar a nuestro currículum la formación en cuidado de niños que se adquiere durante las licencias por maternidad?. Un próximo paso debe ser considerar el tiempo de licencia por maternidad como antigüedad de aportes previsionales.

Debe desarrollarse la obligatoriedad para las empresas de tener salas maternales o guarderías.

La desigualdad de género en materia previsional, además, se origina en que tradicionalmente no se han tenido en cuenta la discriminación ocupacional y salarial de las mujeres, la interrupción, discontinuidad o inexistencia de aportes, en parte como consecuencia de la maternidad y el cuidado del hogar.

Por eso cobra tanta importancia la política previsional del gobierno que se encamina hacia la universalización de la jubilación, 3 de cada cuatro mayores son mujeres. Incluye aún a quienes quedaron viudas mientras su marido había quedado fuera del sistema.

Así como se ha trabajado intensamente para blanquear el trabajo doméstico, el próximo paso es otorgar a las empleadas domésticas el derecho a licencia por maternidad en igualdad de condiciones que las demás. La lista sigue, a trabajar.

*«nPresidenta Consejo Nacional de la Mujer
María Pimpi Colombo. Funcionaria*.
CLARIN
20/8/06
20/08/2006 12:19 Autor: mujerescomoyo. Enlace permanente. Tema: MUJERES DE HOY No hay comentarios. Comentar.

YA NO HAY HOMBRES? LO DICEN 4 DE CADA 10 MUJERES

20060820174640-mujeres1.jpgPor la noche la soledad desespera



Pasaron esa edad bisagra que son los treinta en soledad, y sufren la escasez de hombres. Se apasionan buscándolos, pero no les va nada bien: ellos le tienen alergia a la vida en pareja o prefieren seducir a veinteañeras.



Amanece y Analía Espósito, una psicóloga de 32 años, hace el camino inverso de los que recién empiezan el día. La cabeza le late. Entre la música, las bebidas, y todo un día de trabajo lleva casi 24 horas sin pegar un ojo. Suena el ringtone del celular. La casilla de mensajes está llena, pero con mensajes de texto. "Hola linda. Tengo ganas de hacer el amor ". Analía sonríe. Y se marea un poco. Al Romeo escondido detrás de su teléfono móvil lo conoció unas horas antes en un boliche de San Telmo donde va los viernes con sus amigas –todas solteras y sin pareja– a la búsqueda del hombre perdido. Lo insondable del ratoneo en formato txt es un nuevo método para calentar motores. "¿Dónde estás? Te perdí de vista", seduce otro. Analía guarda esos intentos y se va a dormir. No cree que a esta altura de la madrugada en su celular vaya a aparecer el hombre deseado. "Esto de andar mandándote mensajes de texto es un rasgo muy adolescente.

Onda no sé lo que quiero pero lo quiero ya. Creo que lo hacen para no exponerse, por miedo a perder ", analiza. Y lo cierto es que después de una noche de miradas e intercambios telefónicos, todo se redujo a poco o casi nada. "Quiero apostar a un proyecto de familia, pero no voy a hipotecar mi vida a cualquier precio", resuelve la psicóloga.

Después de desayunar un pancho, María Victoria Cañas, de 28, se va casi sin dormir a la estación de servicio de Once, donde trabaja. El sábado está a pleno y hace correr los mensajes escritos que le llegaron a su teléfono móvil. "Hola, quiero verte", le escribe un galán. "¿Nos vemos ahora?", propone otro. Ella los pasa rápido; ya se acostumbró a que esos intentos, semianónimos, no tengan más contenido que lo que llevan de soporte: la nada. "Si le respondés y salís, la pasás bárbaro. Pero después desaparecen. Y si encima vos los llamás es peor: piensan que te querés casar. Y se van; así de simple". Su hermana, María Luz, de 31 y una nena de 10 años, busca pero no encuentra: "Estoy sola muy a pesar mío. Aunque confieso que con el tiempo me volví muy selectiva". ¿Razones? Muchas. A saber: se topó con los recontracasados, con los "muy de novios " que sufren cuando salen de trampa y algunos etcéteras más complicados. "Me gustaría saber dónde está el tipo para poder formar una pareja", reclama. "Sé que ir a bailar no es el mejor lugar, pero si en el boliche no da; en la calle, no da; en el trabajo tampoco...Entonces, ¡¿dónde da?!"

María Verónica Di Benedetto, una empleada de 31 años, cierra el cuarteto de amigas. Tuvo su pareja, se separó, reincidió, pero...chau, se fue. Y ahora, de regreso en el mercado amoroso, se hamaca con los vaivenes de la oferta y la demanda. Existe la percepción de que hay más oferta femenina que masculina. Y que eso de ya no hay hombres –lamento escuchado por parte de las mujeres – deberá tener algún asidero. ¿Será cierto ese mito de que hay 3,6 y hasta 7 mujeres por cada hombre? Las estadísticas lo desmienten: de hecho, las mujeres son el 51% de la población argentina.

Entonces, ¿por qué se cree que sobran mujeres o escasean los hombres? Algo pasa, sobre todo en la franja que va desde los 30 y pico a los 50 años: un grupo de mujeres que navega como si hubiera perdido el rumbo amoroso. O el de los vínculos en general. Como si el amor, efectivamente, fuera líquido.

Los datos de la realidad dicen que ellas, las mujeres, avanzan a paso redoblado en territorios que pocos años atrás eran netamente masculinos. Y ellos, los hombres, se repliegan, algo fóbicos, o espantados. Ellas dicen que los hombres no se bancan a la mujer independiente y ellos confirman que la idea de que sean ellas quienes tomen la iniciativa de una relación, los atemoriza. Las mujeres aprendieron a gambetear entre las exigencias del mundo profesional y la esfera de lo privado, donde ya no se sienten demasiado a gusto. Aman la independencia pero –contradictoriamente, tan femeninas– eso las conduce a estar solas cuando no querrían estarlo.

Así las cosas, a unos y otros les gustaría encontrarse, y hacen todo lo posible, pero se topan con enormes obstáculos para el choque de planetas. A ellos, que dicen morir por una mujer de vida propia, no les entusiasma demasiado no ser el centro del universo y optan por las que "no piensan tanto" (o por las más chicas, sobre las que la ley de gravedad no hizo estragos). A ellas, que enarbolan con orgullo sus logros profesionales y su independencia, les aterra la soledad (pero no por eso se van a conformar con el primero que se les cruce). Para peor, los varones domados no están muy habituados a ser objeto de una selección y se sienten desubicados. ¿Acaso no eran ellos los que encaraban y elegían? Los nuevos tiempos trajeron nuevos roles. Y esto, dicen los especialistas, condujo a lo que se ve hoy: una desorientación general, sazonada con pizcas de angustia.

MACHOS EN CRISIS
Según una encuesta realizada por D 'Alessio IROL para Viva , la ma yoría de los hombres encuestados dijo que la clásica frase de que ya no hay hombres es una gran mentira. Las mujeres, en cambio, se permitieron dudar: casi la mitad la suscribe. De todos modos, las que piensan que sí hay hombres, acusan que son ellos quienes no están interesados en una pareja; que no se acercan por temor a ser rechazados; y que, además, en la supuesta escasez masculina también influye que muchos asumen su homosexualidad latente más libremente.

Irene Meler, coordinadora del Foro de Psicoanálisis y Género de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires, da algunas pautas para indagar tanto desajuste. "Es real que los hombres mueren más temprano, en parte porque el modelo de género los impulsa a más situaciones de riesgos. Están emplazados al imperativo del éxito, la ambición, la exigencia y se desgastan con el estrés laboral", analiza. Y, también es cierto, dice, que "la liberalización de las costumbres hizo que haya varones que asumen su homosexualidad". Esto, sin contar con las estadísticas que confirman que muchos varones, sobre todo en la franja de los 30 y pico, son las principales víctimas de los accidentes de tránsito. Y que pasados los 40 vienen los golpes al corazón.

Por otro lado, ésta es una época en la que más mujeres trabajan y más matrimonios se disuelven. Y para sus nuevas uniones, el varón (en general, de 40 y pico) busca mujeres entre 10 y 15 años más jóvenes. De modo que hay muchas solteras que no tienen pareja porque los hombres que les "corresponderían" están con mujeres más jóvenes. ¿Lo hacen para recomponer la supremacía masculina perdida ante el avance femenino, que puso todas las reglas culturales en crisis? Meler dice que sí, aunque más de uno le retrucaría con un tratado sobre estética femenina.

"Si el hombre se tiene que vincular con una par a la que no le tiene que explicar cómo es la vida, ni guiar, ni ayudar, ni mantener, aparecen procesos de desorientación. No quiero decir que sea imposible hacer parejas entre pares, pero cambió la índole del contrato", sigue la especialista. Acaso sea en el amor y la sexualidad donde se ven los enclaves más conservadores de las relaciones humanas. "Cierta inmadurez, cierta dependencia, cierta ignorancia en cosas de la vida de parte de las mujeres es algo cotizado para los hombres. Una mujer segura de sí misma los inhibe", dice Meler.

Es un proceso de cambio estruendoso, característico de la posmodernidad, que trajo novedades positivas como la paridad del hombre y la mujer. Pero es innegable que conlleva problemas. Y este crack que comenzó hace tres décadas y afecta lazos sociales tan profundos que tocan la sexualidad, la pareja y la familia, es imposible transitarlo sin conflictos.

Rubén Distéfano, un chapista de 49 años, separado y con una hija de 11, lo pasa en limpio con ciertas dosis de humor. "Es cierto que no aceptamos fácilmente que una mujer sea muy independiente. Es puro machismo, lo sé. Pero un cambio tan fuerte, es difícil de asumir." Tanto que se queja de las exigencias femeninas: "Conocí mujeres que les pedían el recibo de sueldo a mis amigos, para ver si estaban en una buena posición económica. Y otras, que creen que como estás cerca de los 50, usás Viagra". Muchas de las treintañeras, dice el chapista, buscan un tipo vital y que a la vez tenga dinero: "Quieren la chancha y los veinte", grafica.

Decepcionado pero sin perder motivación, Rubén busca su media naranja entre los 30 y los 40 años. ¿Motivos? "Una mujer joven quiere vivir las cosas que un tipo más grande ya vivió. La desventaja de eso es que la diferencia de edad, a la larga, te la cobran. Las más grandes ya están baqueteadas, y quieren que vos seas Superman."Aunque le cueste aceptarlo, este homoerectus accede a que hay mucho temor dando vuelta. "Si una mujer me apura, no me gusta mucho porque no estoy acostumbrado. Me gusta tener la iniciativa."

Adriana Kazandjian, una contadora de 44 años, separada y con un hijo de 13, dice:"Hombres hay, pero se asustan de nuestras libertades y plantean una lucha de poder con nosotras". Dice que no sale a la calle a buscar un hombre, pero está abierta a lo que pasa por al lado. "Los de más de 40 tienen esa onda macho de hacés lo que yo quiero , algo que me resulta insoportable". Tanto o más que los mensajes de texto que recibe en su celular para ratonearle la cabeza.

Esteban Robbito, de recién cumplidos 50,separado, dos hijas grandes, acepta que los hombres están un poco miedosos en cuestiones de vínculos, pero apunta: "Si las invitás a comer y les hablás, sos un plomo; si te querés hacer el gracioso, sos un tarado. No sabemos muy bien qué quieren ni cómo comportarnos". Tampoco lo sabe Juan Manuel, un empleado de 30 años que fue de cacería al boliche de San Telmo donde para Analía, la psicóloga de Parque Chacabuco. "Las mujeres histeriquean mucho y te lo digo yo, que estoy casi en oferta", acepta sin tapujos. En plena madrugada, se zambulle en el cotorreo femenino del boliche. No quiere una transa pasajera, avisa. Pero quién sabe: de noche, cuando todos los gatos son pardos, lo más probable es que se vaya con alguna señorita diferente a la que vino a buscar.

Ana Palacios, piscóloga, tiene una consultora de vínculos (Faro Lemuria) y asegura que "a los hombres les cuesta más expresar lo que sienten o les pasa. Están algo fóbicos en sus vínculos afectivos y no quieren mostrarse solos". Si bien es posible encontrar mujeres que van al cine, al teatro o incluso a cenar solas, es muy difícil ver a un hombre en esa situación. "Si están sin pareja, salen con sus amigos. Y si no tienen opción, se quedan en su casa mirando televisión o leyendo; prefiere pedir un delivery pero no ir solo a cenar", describe Palacios.

Si bien los menores de 40 son más accesibles, los que pasaron esa franja "necesitan marcar una diferencia porque los criaron para mantener el hogar, ganar dinero, tener éxito...Y la realidad es que el mundo se les dio vuelta porque se cayó el paradigma del machismo ".

RELACIONES PELIGROSAS
Asfixia. Fobia. Temores. ¿Ellas los quieren románticos, receptivos y cariñosos –aunque correrían el riesgo de ser tildados de débiles o cargosos– o los prefieren seguros de sí mismos, a riesgo de ser considerados machistas controladores?¿Será mejor conformarse con lo que hay disponible?¿O no hay que bajar los brazos porque una se merece algo mejor? Algunas mujeres sostienen que habría que hacer un posgrado para entender a los hombres; y muchos hombres opinan que ni así podrían llegar a la cabeza de ellas. Hay mujeres exitosas que confiesan estar y sentirse solas. Y que por eso, en algunas situaciones, optan por "masculinizar" sus relaciones con la esperanza de tener un touch and go, sin involucrarse afectivamente cuando el compañero de ocasión deje la cama aún caliente. Error. Al otro día estarán esperando ese llamado que no llega.

Según la encuesta de D 'Alessio IROL, en muchas mujeres la falta de una relación afectiva hace que pongan sus energías en proyectos laborales. Otras tienen menos suerte y buscan aferrarse a relaciones de pareja que no las conforman. Ese sentimiento de ya no hay hombres está tan globalizado como encarnado en la dificultad de conseguir un compañero. Pero incluso así, son los hombres los más propensos a mantener una relación sólo para evitar la soledad. Las mujeres suelen poner el punto final.

Susana Balán, autora del libro Dos para el tango , repasa algunas tipologías femeninas recogidas entre las pacientes de su consultorio en Nueva York. Y no escapan a las definiciones planetarias. Dice que las mujeres huyen de la dependencia emocional que las asfixia. Pero, a la vez, la independencia emocional las espanta con la amenaza de una no menos asfixiante sensación de abandono. "Creen que la paz en el abrazo sólo se encuentra si uno de los dos integrantes de la pareja desaparece. O bien ellas desaparecen, por amor al otro, o bien hacen desaparecer al otro, por amor a sí mismas". En otras palabras, "quieren gozar del calor de un nosotros pero temen perder la energética afirmación de un yo ".

"Busco un hombre sin memoria para una relación sin tiempo", fue el mensaje que Marcela Alcacer, de 55, mandó a un programa de radio donde se generaban encuentros. Después de 30 años de casada, separarse la dejó pedaleando en el vacío. No sabía cómo relacionarse .Y la frase causó revuelo. El primer día recibió más de 250 mails y al día siguiente, otros cien. Así, hizo un estudio de perfiles y descartes. Abrió una ficha para cada uno donde guardaba el intercambio de mails que tenían. Y después de analizar la situación de cada pretendiente, citó a los más presentables a tomar un café. Su agenda fue completa. "Sólo querían sexo y yo no estaba preparada para eso", dice Marcela, que sigue buscando.

Mariel Pearl, en tanto, empezó a desesperarse cuando los 40 le golpearon la puerta. Linda, con un muy buen empleo, excelente sueldo y un departamento que envidiaban todas sus amigas, sufría horrores. "No sé si me angustiaba el hecho de estar sin pareja, pero la soledad era algo que no me gustaba, cuenta desde Inglaterra, donde fue en busca de su eslabón perdido. Probó varios métodos para salir de la soledad forzada. Hasta que buscó por Internet. Así, un domingo a la noche, mirando televisión, le mandó un mail a un inglés. Para su sorpresa, al otro día, él, un tal Ted, le había respondido. ¿Final feliz? Ella se tomó el último tren a Londres y ahí están, intentándolo. Eso sí, a no hacerse demasiadas ilusiones: "Lo que percibo acá es que la queja es la misma...¡No hay hombres!". Plop.

Alba Piotto
Clarin 20/8/06
20/08/2006 13:46 Autor: mujerescomoyo. Enlace permanente. Tema: MUJERES DE HOY No hay comentarios. Comentar.

DENUNCIAN MUCHA DESIGUALDAD ENTRE LAS MUJERES ARGENTINAS

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Las que viven en regiones menos desarrolladas tienen menores posibilidades de acceder a empleos, a la educación y la salud. Y las estadísticas globales disimulan las profundas diferencias, señalan los expertos.



Dicen los críticos: la estadística es aquella ciencia que sirve para demostrar que dos personas han comido medio pollo cada una cuando, en realidad, una ha comido uno y la otra, nada. Esa distorsión que esconden algunos valores promedio fue la principal advertencia que circuló en un encuentro sobre la situación de la mujer en la Argentina: según los especialistas, algunos indicadores que dejan muy bien parado al país en el contexto internacional esconden desigualdades regionales y sectoriales muy profundas, disparidades que revelan que los avances en dirección a la equidad de género son, en muchos casos, por lo menos relativos.

Los extremos son elocuentes: la mortalidad materna, según datos del Ministerio de Salud del 2004, es de 4 mujeres cada 10.000 a nivel nacional. Pero en Chubut y Capital cae a menos de 2 y en La Rioja y Jujuy supera los 13 casos cada 10.000. La brecha asusta: la cantidad de mujeres que mueren por causas vinculadas al embarazo, el parto o el puerperio es, en el Norte, casi 10 veces superior. Algo similar ocurre con el porcentaje de mujeres madres que no terminaron la primaria: hay un abismo entre el abrumador 32,8% de Misiones y el 2,8% de Capital. Dos puntas que, a su vez, distan bastante del promedio nacional: 9,8%.

Hay más. El 14,5% de las madres argentinas tiene menos de 20 años, pero la maternidad adolescente no golpea igual en todos lados: en Capital, el porcentaje es de 6,2, y en Chaco, Formosa, Misiones y otras provincias de la región supera el 20%.

En lo que hace al acceso a la salud también la desigualdad es grande. Un dato: la tasa de mortalidad por cáncer de útero es del 6,5% en Capital y en Formosa, del 23,4%. Muertes que, en general, podrían evitarse con un sencillo papanicolau. Y eso para no hablar del 26% que no tiene cobertura social en Capital y del 60% que no la tiene en Corrientes, Formosa, Salta y Santiago.

Estos diagnósticos fueron difundidos en el Seminario "Las Metas del Milenio y la Igualdad de Género: el caso Argentina", celebrado en Buenos Aires el 16 de agosto por iniciativa de UNIFEM (Fondo de Desarrollo de la ONU para la Mujer). Allí, los especialistas alumbraron las situaciones dispares que viven las mujeres del país y advirtieron sobre la necesidad de desgranar promedios y relativizar el alcance de algunos avances en dirección a la equidad de género.

"Hablamos del mismo país, pero nos referimos claramente a Argentinas diferentes. En tanto no incorporemos indicadores más sensibles a las desigualdades de género, poco sabremos de muchas mujeres", aseguró la socióloga Claudia Giacometti, investigadora de CEPAL.

"Las mujeres argentinas no son un colectivo homogéneo. Provienen de distintos sectores, habitan en diferentes regiones y no tienen las mismas posibilidades de definir el curso de sus vidas", dijo la socióloga Eleonor Faur. "Al hablar del 'gran avance de la mujer' en general se hace referencia a las que pertenecen a clases medias y acomodadas, tienen mejores niveles educativos y han logrado, en ciertos casos, acceder a cargos de representación política o a algunos de los pocos puestos directivos en el mercado de empleo. Ampliando un poco la mirada, vemos otras realidades".

El reparto de responsabilidades domésticas también difiere mucho según a qué sector social pertenezca la mujer. Según datos de la Encuesta Permanente de Hogares, el 63% de las madres pobres con dos o más hijos no tiene trabajo, porcentaje que cae al 38% en mujeres de sectores medios con igual cantidad de hijos.

"Las mujeres de sectores más bajos tienen muchas más dificultades para insertarse en el mundo laboral, porque el peso de lo doméstico es mucho más fuerte sobre ellas que sobre las mujeres no pobres", asegura Giacometti. Y lo ilustra con un dato: sólo el 14% de los niños entre 3 y 5 años del 20% del sector más pobre va al jardín o a la guardería, mientras que en el 20% más rico esa porción trepa al 63%.

"Como los servicios de 3 y 4 años son ofrecidos mayormente por el sector privado, sólo acceden quienes pueden pagarlos. ¿Cómo hacen las mujeres pobres con hijos chicos para trabajar si no tienen donde dejarlos? ¿Cuál es el balance entre las remuneraciones que pueden obtener y el costo de las guarderías? ¿Por qué no se debaten las tareas de cuidado doméstico como responsabilidad social?". Las consecuencias están a la vista: mientras que el 38% de las no pobres no tiene ingreso, entre los pobres no tiene salario el 52% de las mujeres.

Faur coincide: "La tensión entre las responsabilidades laborales y las de la vida familiar atraviesan a todos los sectores, pero son muy diferentes las posibilidades de resolverlas de unas y otras". Es claro: en el país conviven estadísticas dignas de naciones como Suiza con indicadores propios de las más postergadas poblaciones africanas. Así de desigual están dadas las cosas si uno sumerge la mirada tierra adentro, en rincones con alto nivel de ruralidad y realidades alejadas de los avances que dicen tener a la mujer como estrella y protagonista.

Georgina Elustondo

Clarin 29/8/06

 

 

29/08/2006 11:37 Autor: mujerescomoyo. Enlace permanente. Tema: MUJERES DE HOY No hay comentarios. Comentar.

SOLO TOMAN SOLTERAS Y SIN HIJOS

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TESTIMONIO
"Sólo toman solteras y sin hijos" 



RESIGNACION. Roxana ya casi dejó de soñar con un trabajo "en blanco".(Marcelo Cáceres)


"Claro que he buscado trabajo. Pero tener hijos es una contra para algunos. No te toman porque piensan que vas a faltar cuando los chicos se enfermen", dice, con una seguridad sin fisuras, Roxana Rombolá, que, a los 25 años "y casada desde los 17", es mamá de dos hijos: Jordi, de 7 y Milton, de 3.

En su casita que está en plena construcción, en un barrio rural de Unquillo, a unos 40 kilómetros al noroeste de la capital cordobesa, Roxana habla de las (des) oportunidades laborales que le ha tocado sortear. "Nunca te ofrecen un trabajo en blanco. Y no importa si, como yo, tenés el secundario completo. Te piden todo tu día a cambio de nada".

La mujer habla "de las veces" que ella y otras vecinas intenta ron ingresar a un mercadito de la zona, sin éxito: "Sólo toman a chicas solteras y sin hijos. Y tampoco te creas que por mucho tiempo —aclara—, unos meses hasta que las chicas empiezan a reclamar mejoras en el sueldo, o se quedan embarazadas".

Pero Roxana, cuyo esposo trabaja "doce horas por día en una empresa de seguridad", no es sólo queja. "Por suerte mi marido está en blanco, y tenemos médico. Lo que pasa es que el sueldo no nos alcanza para todos. ¿A quién le alcanza, teniendo hijos?", se pregunta.

Es por eso que, a la hora de buscar trabajo, ella "como casi todas las mujeres que conozco", afirma, se las ingenian para "ganarse unos pesos sin descuidar a los chicos limpiando en casas o amasando pan". Por caso, Roxana ha logrado un equilibrio de malabarista con su tiempo y el de sus hijos.

"Yo vendo cosméticos por catálogo casa por casa. Pero eso es a la tarde, y caminando con los chicos de la mano. Pero por la mañana cuido otros chicos".

Es entonces cuando la chica cuenta su día: "Me levanto a las seis y media, llevo a Jordi a la escuela (pública) de Unquillo; y después a Milton a la guardería (también estatal). De allí me voy en bici a cuidarle los chicos, de ocho a dos de la tarde, a la misma seño que cuida en la guardería a mi hijo más chico".

Sí, un verdadero intercambio de tiempo, intereses y solidaridades. Terminadas las tareas en casa ajena, Roxana vuelve en su bici, recoge al pequeño Milton en el jardín, regresa a su casa, y allí encuentra a Jordi, que acaba de volver de la escuela en ómnibus. Roxana, ya "casi" ha abandonado, el "sueño de un trabajo en blanco".

MARTA PLATIA

CORDOBA. CORRESPONSALIA
Clarin 29/8/06

LAS TRABAJADORAS INFORMALES


Uno de los puntos claves que se debatió en el seminario tiene que ver con el incremento de tasa de actividad femenina, que creció del 43%, en 1991, al 52,8%, en 2003. Pero no todo lo que brilla es oro: la mayor incorporación de puestos de tra bajo se produjo en un contexto de recesión económica, con un significativo aumento de la desocupación para ambos sexos y de precarización de los puestos de trabajo.

Por eso, no está claro si hay tanto que festejar en lo que hace a lo que técnicamente definen como "trabajo decente": de los 4 millones de trabajadores informales de la Argentina, el 52% son mujeres.

"Además de percibir ingresos menores, la desigualdad de las mujeres resulta notoria en lo que hace al acceso a la seguridad social y a sus posibilidades de ingresar a empleos formales", apunta Giacometti.

Un dato: casi 1 de cada 4 de las mujeres que trabajan lo hace en el servicio doméstico, "rubro" en el que el 90% está en negro, sin acceso a una obra social ni a jubilación, con todo el desamparo presente y futuro que eso supone.
29/08/2006 11:40 Autor: mujerescomoyo. Enlace permanente. Tema: MUJERES DE HOY No hay comentarios. Comentar.


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