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Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2005.

HAY QUE LIBERAR A LAS MUJERES DEL TRABAJO NO REMUNERADO

B.jpgSer ama de casa y cuidar a los hijos y a los ancianos son tareas hechas por mujeres y no valoradas por la sociedad. El Estado debería intervenir, para que el ingreso de ellas en el mercado fuera realmente masivo.

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Usted sostiene que la sociedad debe replantear el concepto de trabajo clásico. ¿De qué manera?
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—Planteo la necesidad de reconceptualizar el trabajo para incluir la idea de trabajo no remunerado, como el trabajo doméstico que realizan las mujeres en sus hogares. ¿Para qué? Pues para que se adecue, desde una perspectiva de género, a lo que hacen las mujeres. O sea, nosotras —y digo en femenino— no podemos seguir manteniendo el concepto clásico. Porque seríamos injustas con nosotras mismas, y también injustas con la mirada de la sociedad, si siguiéramos manteniendo un concepto de trabajo como el que nos diseñaron los economistas del XIX.
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¿Cómo se puede medir el trabajo no remunerado que realizan en su mayoría las mujeres?
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—Las encuestas de uso del tiempo son el instrumento más válido para dar cuenta de lo que ocurre con el trabajo no remunerado. Se vienen realizando en distintos países desde las últimas décadas. La legisladora Pimpi Colombo puso en la Argentina en 1998 la primera piedra respecto de cómo valorar esta actividad. Ahora espero que se desarrolle con mayor entidad en la medida que se sume el Estado a este propósito. Las encuestas que menciono proporcionan información sobre cuánto tiempo dedica la población a actividades como cocinar, ir de compras, cuidar a los hijos o a los ancianos...
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¿Qué resultados dan esas encuestas sobre el trabajo no remunerado en España?
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—Del trabajo no remunerado, las mujeres realizan el 75% y los varones el 25%, siempre medido en tiempo. Por el contrario, si vemos el empleo, las mujeres participan en un 32% y los varones en el resto. Y, lo que es más importante, de la carga global de trabajo, las mujeres realizan el 55%, mientras que los varones realizan el 45% restante. Si observamos el tiempo medio dedicado al trabajo, vemos que el 53% es trabajo no remunerado... Y, si vemos la dedicación de los varones y de las mujeres, detectamos que los varones dedican ese tiempo mayoritariamente al mercado, mientras que la mayor parte del trabajo no remunerado es el de las mujeres.
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¿Qué se puede hacer para que la sociedad reconozca el trabajo no remunerado?
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—El Estado de bienestar, como se lo conoce en Europa, debe liberar a la mujer de la responsabilidad tradicional de cuidar a los chicos y ancianos, por ejemplo. Lo puede hacer creando y financiando guarderías o geriátricos para permitir que la mujer salga al mercado laboral.
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Pero en la Argentina el Estado no tiene recursos para este tipo de medidas...
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—No puedo hacer recomendaciones para la Argentina porque no estudié su sociedad. Pero por lo menos es importante que se abra el debate como es impulsado hoy desde el Consejo Nacional de la Mujer.
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A pesar de la legislación moderna, ¿en Europa persiste la discriminación laboral contra la mujer?
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—Si nos fijamos, en este caso, cuál es la participación de hombres y mujeres en el trabajo, y cuál la carga global de trabajo, es decir, la suma de ambos, pues podemos ver cómo en todos ellos —salvo alguna excepción que veo en Noruega y Suecia— el volumen de trabajo que realizan las mujeres supera el volumen de trabajo que realizan los hombres, medido en tiempo. Por lo tanto, en la carga global de trabajo, en la suma de los dos (el clásico y el no remunerado), el tiempo dedicado por las mujeres supera de manera significativa al volumen de tiempo que dedican los hombres a ambos trabajos. Esto nos muestra que cuanto más dedicación al trabajo no remunerado de las mujeres, la participación laboral es más baja en el mercado. Es decir que, a mayor participación en trabajo no remunerado o trabajo doméstico, le corresponde una menor participación en el mundo laboral. España es uno de los países europeos donde la tasa de ocupación de las mujeres es más baja en relación con el resto de los países europeos. Esto es una constante también de los países mediterráneos como Italia y Grecia, que están en situación parecida. Pero esto, como decía, va muy en relación con la dedicación al trabajo no remunerado. Si vemos sólo la dedicación al trabajo remunerado, pues podemos ver algo que ya intuimos, y es que los varones tienen una dedicación bastante más alta al trabajo remunerado, al empleo, que las mujeres. Esto, dicho así, pues es bastante obvio, en el sentido de que, como sabemos, los que mayoritariamente participan en el mercado de trabajo son los varones.
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¿Qué consecuencias sociales y económicas trae la incorporación de la mujer al mundo laboral?
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—En primer lugar, lleva consigo la obtención de una remuneración económica. Eso ya de por sí es positivo: en la medida que las mujeres cuentan con recursos propios, se ganan la vida por sí mismas. Pero además de eso, en general, en todos los países, el empleo lleva consigo unas prestaciones de tipo social económico, como por ejemplo el derecho a jubilación, el derecho al desempleo, bajas por maternidad... Podríamos seguir ampliando, y en cada caso concretarlo más. Por lo tanto, que las mujeres estén excluidas del empleo significa que también carecen de estos recursos, de este salario y de estas prestaciones asociadas al empleo. Hay que remarcar que el empleo femenino revierte no sólo de manera positiva sobre las propias mujeres, sino sobre la sociedad en general.
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¿De qué manera?
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—A nivel general, se dice que por cada cien empleos de las mujeres se crean otros quince a veinticinco nuevos empleos derivados de temas de guarderías, de comedores, etcétera. Porque, si las mujeres tienen un empleo, alguien tiene que cuidar los niños, con más frecuencia se come fuera, etcétera. En suma, se demanda al mercado servicios que antes eran cubiertos por las mujeres de la misma familia —como atención de personas mayores, por ejemplo—. Entonces, con la intención de fomentar el empleo, se cubren varios objetivos a la vez. Por un lado, que las mujeres dispongan de sus propios recursos por participar en el empleo; y en segundo lugar, generar una serie de servicios y de necesidades nuevas que deben ser cubiertas por el mercado.
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¿Eso puede beneficiar también al Estado?
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—Exactamente. Es favorable para el Estado en la medida que éste prefiere no tener que hacerse cargo de cuestiones asistenciales. Es decir, no tener que hacerse cargo ni de pagar seguros de desempleo porque las mujeres estén desempleadas, ni de otro tipo de prestaciones asistenciales porque las mujeres no tengan empleo. Entonces, el costo que el Estado tiene que asumir para pagar desempleo o asistencia —estamos hablando desde la perspectiva del Estado de bienestar europeo— es mayor o no compensa como el hecho de que haya una mayor participación de las mujeres en el mercado de trabajo. Todo esto está reforzado porque las mujeres tenemos el empeño de querer participar cada vez más.
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Para esta tendencia laboral, ¿no es un problema que algunas mujeres sientan culpabilidad por no dar todo su tiempo a sus hijos al salir al mundo laboral?
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—No es nuestro planteamiento. Se debatió en su momento. Pero ahora es un debate que está fuera de circulación. Este problema de la culpabilidad de alguna manera también se plantea, pero no lleva a que las mujeres digan: "Yo me quedo porque me siento culpable". No. Lleva a la demanda de compartir con los varones el trabajo no remunerado y el cuidado de los hijos. Es que hay que alentar esa tarea compartida, porque cuando las mujeres participan en el empleo, por supuesto hay cosas que quedan desatendidas. ¿Qué es lo que se reclama? Pues se reclama, por un lado, mayor participación de los varones en las tareas domésticas. Eso, digamos, dentro de la vida doméstica. Y se demanda al Estado que se corresponsabilice, a través de los servicios públicos, de atender estas demandas de niños y de ancianos, que son las más importantes. No se trata sólo de quién hace la comida —es lo más sencillo de arreglar—, sino de quién cuida a las personas. Esa es una gran demanda de la sociedad española, porque estamos en un proceso de envejecimiento de la población. Es hora de que revisemos entonces nuestra idea de trabajo, porque hay que encarar frontalmente estos problemas.
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CRISTINA GARCIA SAINZ, SOCIOLOGA
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Daniel Santoro.
Clarin 4/9/05
Copyright Clarín, 2005.
04/09/2005 11:22 Enlace permanente. Tema: MUJERES DE HOY No hay comentarios. Comentar.


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