
Un conflicto cada vez más visible
El conflicto maternidad—trabajo es cada vez más visible, porque nunca antes la mujer estuvo tan entregada a la vida laboral y profesional como en estos días. Para la filósofa Diana Maffía, los conflictos son legítimos. "Las mujeres ya no están asociadas a lo doméstico, ni el hombre lo está al trabajo: ambos toman cualidades del otro y expresan intereses y emociones sin que el género se les ponga en juego. Pero, aún así, sigue habiendo una gran deficiencia en lo que hace a la posibilidad de las mujeres y los varones de repartirse la crianza. La pareja debería poder decidir quién se toma la licencia o en cuál de los dos trabajos prefieren dejar al chico en la guardería. Pero eso no ocurre ni siquiera en los empleos públicos porque el Estado se ha retirado de la crianza. No hay leyes que favorezcan ni garanticen que el trabajo y la vida personal y familiar no sean excluyentes, ni para el varón ni para la mujer", asegura.
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EN EL TRABAJO
La búsqueda de horarios flexibles
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La teoría no siempre se verifica en la realidad, sobre todo en un país donde las nuevas necesidades e intereses entran en conflicto con un sistema laboral estructurado en base a datos de la realidad ineludibles: desempleo, sobreempleo, casi medio país sumergido en la pobreza. Sin embargo, diversas fuentes consultadas por Clarín coincidieron en que las empresas empiezan a registrar esta tendencia y, sobre todo, esta demanda urgente por parte de sus empleados de mayor calidad de vida. Según Mónica Caviglia, especialista en Recursos Humanos y directora de Consulting Now, "en las organizaciones hay una tendencia a buscar modelos más flexibles, que compatibilicen lo familiar, lo personal y lo laboral. Entienden que ese equilibrio genera satisfacción que redunda en mayor compromiso y efectividad. Están dejando de hacer eje en el horario para centrarse en los objetivos".
En Hewlett Packard Argentina hace más de un año que están implementando esa política. "Tenemos un programa de balance de vida, que contempla que los empleados puedan pedir un esquema de trabajo diferente al tradicional. Si una mujer quiere quedarse en casa tres meses más después de la licencia de maternidad puede pedir trabajo remoto, y la empresa le paga la conexión, el teléfono y le da el equipamiento. También pueden pedir trabajo flexible, que es 50% en casa y 50% en la oficina. Algunos hombres lo han solicitado cuando tuvieron un hijo o para estu diar. Se trabaja en base a un esquema de confianza: mientras cumplan sus objetivos, no hay problema. ¿Los resultados? Muy buenos. El trabajo no se vio afectado", contó Claudia Currarino, directora de Recursos Humanos.
"Los programas de balance vida-trabajo y la políticas de conciliación están ganando terreno en el sector privado y esperamos que se traslade al sector público. Nosotros trabajamos para IBM, que tiene una política de avanzada en el tema, con programas de trabajo flexible (una vez por semana los empleados pueden trabajar desde su casa, pueden proponer un horario de ingreso y salida diferente, etc.) y políticas de maternidad y de paternidad", comenta la licenciada Claudia Hernáez, de la consultora EDUPAS, especialista en el tema.
"Las políticas de conciliación no sólo contemplan los nuevos roles de la mujer sino también a un hombre más interesado en las cuestiones familiares. Las empresas tienen, por lo general, muchos trabajadores de edad mediana (30/45 años), que tienen menores y/o mayores a cargo y que viven con mucha tensión y estrés la falta de tiempo y el conflicto vida/trabajo. Por eso, para retener su capital humano, están empezando a considerar estas cuestiones. Está probado que sin la satisfacción del empleado no hay compromiso posible", asegura.
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Fuerza laboral
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En la última década las mujeres se volcaron masivamente al mercado de trabajo. Datos del INDEC arrojan que la tasa de actividad femenina creció un 32% desde 1990, trepando del 28% al 31,7%, mientras que entre los varones aumentó apenas un 1,3%. Es más, las mujeres contribuyen cada vez más a generar riqueza: la participación de la mujer en el producto bruto interno es hoy del 45%, y en 1980 promediaba el 32%.
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La culpa
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Cambiar lo que no les gusta, y no sólo los pañales y el esmalte de uñas. Por ese camino van muchas mujeres tapadas de obligaciones en la casa y en el trabajo y con pocos derechos para disfrutar espacios propios. Los empleos con horarios flexibles son escasos, y las culturas empresariales miran con desagrado a quienes piden licencia para criar a sus hijos. A esto se suma el poco derecho que se dan las mujeres para tomar sol mientras los platos sucios se acumulan en la cocina, el nene reclama otro cuento y el jefe pide la décima cosa del día. Sólo queda el derecho a sentir culpa. Justamente eso intentan cambiar las nuevas mujeres.
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Diana Baccaro
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Clarin 6/10/05