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gracias por seguirme.
Saludos
Nos cegamos por amor, muchas veces siendo incapaces de ver los fallos de nuestra pareja, justificándole y perdonándole una y otra vez.
Pero quien nos lastima no nos ama. Si un hombre te ama de verdad, no te hará daño alguno.
Si te lastima no te aferres a él, reivindica tu derecho a la felicidad, al amor verdadero, y déjale, que quien te daña no sabe valorarte y no te merece.
leido en: toda mujer es bella
La verdad está en esos puntos, cuando sientas que tu amiga “la maltratada“ se alejó de tu vida y creas que es malagradecida al no valorar tu amistad, quizás después de leer este articulo, la comprenderás…
La mujer maltratada usa muchas máscaras para no ser descubierta.
Si tienes una amiga así, tenle paciencia y sigue a su lado. Seguro que siempre te está recordando y esperando que la entiendas, no la abandones, ella necesita de todas sus amigas…
1. No esperes que te llame cada día, ni cada semana, ni nunca… aunque prometa hacerlo.
La mujer maltratada no podrá llamarte, su maltratador la vigila y está atento a cada llamada de teléfono, escuchando y controlando. Aún cuando éste no esté, ella no tendrá libertad de llamarte pues se sentirá humillada y temerá complicar más las cosas, tanto para ella como para ti.
2. No esperes que te conteste a todas tus llamadas… no puede.
Y cuando contesta no es con libertad, cuando te dice “estoy bien” no te dice la verdad, nunca está bien. Cuando tenga voz ilusionada y feliz recuerda que sólo es una tapadera, no es libre. Cuando te hable susurrando por miedo a ser escuchada y no consiga hablarte más de dos minutos (tal vez mientras su maltratador está aseándose) no te desesperes, simplemente no tiene otro remedio, bastante hace y arriesga ya con dedicarte esos segundos y esas pocas palabras.
3. No esperes que la mujer maltratada salga a hacer amistades… o a pasar tiempo contigo.
No puede, seguramente lo intentó muchas veces, pero no puede. No puede porque su maltratador le aísla, criticará cualquier detalle de todas y cada una de sus amistades, le seguirá por la calle, a veces incluso a escondidas para misteriosamente encontrarse con ella cuando más libre se siente y así sin palabras recordarle “tenga cuidado, yo estoy aquí y en todos lados”. Uno de los mayores fuertes del maltratador es su poder para aislar, para convertirse en el ser omnipresente sin el cual nunca pueda salir a ningún lado, con el que siempre deberá contar y buscar agradar.
4. No esperes que la mujer maltratada muestre interés en pasar tiempo contigo.
Ni debes sentirte herida si crees que ha perdido interés en ti porque no es cierto. Simplemente ocurre que ahora mismo le supondría un confrontamiento. Debes insistir, si hoy no contestó tu llamada, ni esta semana, ni este último mes… insiste. Ella quiere contar contigo especialmente si te ha confesado su situación. Cuando se esconda de ti se paciente, recuérdele todas las semanas que estás ahí para ella y perdona las veces que aparenta no apreciar tu amistad. Ante su maltratador debe dar la imagen de no tener interés en tu amistad. Es una mujer sin libertad, no puede decirte “ven a tomar un café”. Técnicamente claro que puede hacerlo, pero sólo técnicamente puesto que la realidad es que ella no vive la realidad que tú conoces o que ella misma a veces cree tener.
5. No esperes que le ponga límites a su maltratador.
No puede, por la propia esencia de su relación es ella la que tiene los límites, ella no puede decir “ya basta“, “fuera de casa“,
“si quieres esto tendrás que ayudarme“. No es lógico, ella no está en posición de dialogar, ni mucho menos de exigir, sólo está en posición de someterse. Es una mujer maltratada.
6. No esperes que la mujer maltratada pida ayuda.
¿A quién va a pedirlo? Primeramente lo pedirá a su familia y si éstos no reaccionan y no le creen, ¿a quién pedirá ayuda? Si su familia le niega ayuda no tendrá a nadie a quien recurrir pues la mujer maltratada es una mujer aislada, se siente avergonzada, incomprensiblemente culpable, y humillada por todos cuanto le negaron su ayuda. ¿A quién acudirá? Seamos realistas, no puede acudir a nadie y si puede será demasiado grande su sentimiento de honor y humillación como para poder hacerlo.
7. No esperes que sea dueña de lo suyo, ni aún de aquello que le regalas.
La mujer maltratada no es dueña de nada, sólo puede serlo en papel, en la teoría… pero no en la práctica. Puede tener muy presente que ella es la que ha comprado la casa, el coche, la televisión, la revista, o lo que sea…
puede decirte “es mío, no es suyo”. Y es cierto… pero sólo en teoría, reclamar lo suyo sólo supondría mayores problemas para ella. Si le regalas algo asume que será de su maltratador, y con suerte lo compartirá un poco con ella.
8. No esperes que sea feliz cuando esté libre de su maltratador por unos días.
Serán sus mejores días en mucho tiempo, lo disfrutará y deseará que nunca acabe… pero su felicidad no es completa pues sabe que los días pasan y pronto volverá a estar con su maltratador. Incluso durante su descanso ella estará pendiente de sus mensajes y llamadas, sintiéndose culpable por cualquier cosa que él le diga estar sufriendo a su causa.
¿Es lógica la forma en la que actúa la mujer maltratada?
No, las formas en las que una mujer maltratada actúa no son lógicas a la luz de quien no está siendo maltratada… claro que no,
pero ¿acaso es lógico ser maltratada? ¡Nada en su vida tiene lógica! El contexto de la mujer maltratada es ilógico. No es que la mujer maltratada actúe ilógicamente, es que su contexto es ilógico. ¡Es todo una gran injusticia! ¿Cómo podrías esperar que actúe del mismo modo lógico que tú crees que debiera actuar cuando no eres tú la que sufre la ilógica situación de maltrato? La mujer maltratada vive en otro mundo, con otros principios, con otras “leyes de la gravedad”, otras realidades diferentes a las que a ti te parecen lógicas.
fuente_todamujeresbella.com
Sólo el 7,6% de los mejores sueldos en Estados Unidos son de mujeres, revela el ranking anual Fortune500
En pleno siglo XXI, todavía se debe hablar de discriminación laboral hacia las mujeres, a pesar de que la incorporación de éstas en el mercado y en las direcciones de grandes empresas es un hecho cada vez más extendido. Según los resultados de un estudio publicado por la encuestadora The Catalyst, aunque actualmente las mujeres constituyen casi la mitad de la fuerza laboral de Estados Unidos, siguen enfrentándose a un entorno hostil que se resiste a seguir sus directrices.
Por Iván Abreu Anaya.

Fantaseás con una persona que no es tu pareja estable. Por un lado, tenés pensamientos recurrentes que incluyen salidas a solas, intimidad, cercanía. Imaginás cómo sería el contacto de tu piel con la del hombre que te está desvelando. Albergás dentro de tu alma algo diferente que no permite que te concentres y te dediques a tus actividades como lo hacías anteriormente.
Pero también tenés sentimientos encontrados ya que, en tu casa, la situación no se ha modificado, al menos por fuera. Cuando abrís los ojos y volvés a conectarte con tu realidad, sigue a tu lado aquel ser que te acompaña desde hace tiempo, que comparte con vos alegrías y tristezas, salud y enfermedad, momentos buenos y malos. En fin, la vida, lo real, lo de todos los días.
Sentís el agobio de tener que fingir una sonrisa o un encuentro sexual, mientras por tu cabeza pasan imágenes de lo que sería tener entre tus brazos a quien tanto deseás. ¿Esto es infidelidad?
Para muchas personas es tan sólo una fantasía que no reviste mayor importancia, salvo que la concreten. Si hay contacto íntimo, entonces sí que se consideraría “una metida de cuernos”. Por el contrario, hay mujeres que se sienten mortificadas por pensar constantemente en otro, de una manera que hace mucho no les pasa con su compañero actual (o no les pasó nunca).
Usá tu propio prisma para decidir si lo que te está sucediendo está provocado por el aburrimiento (en cuyo caso, de vos también depende ponerle una pizca de pimienta a tu relación para que salgan juntos del tedio), por una atracción pasajera (¿quién no ha suspirado por una estrella de cine? Lo mismo puede pasar con un vecino o con un compañero de trabajo, por ejemplo) o si hay algo más y tu vínculo necesita desesperadamente que le prestes atención para dilucidar qué sucede (o qué no sucede) y así tomar medidas que te permitan recuperar la felicidad perdida.
Según mi punto de vista, si no hay sexo físico con otra persona, no hay infidelidad. Es lógico en algún momento, en especial en relaciones de varios años y que pasan por diversas etapas (noviazgo, casamiento, llegada de hijos, cambios laborales o en el status económico, etc.), sentir cierta atracción por alguien distinto: tenemos ojos y sentidos y, por alguna razón, puede pasar que nos sintamos muy a gusto con alguien y se nos disparen ideas de distinto tenor.
Si sólo se trata de pensamientos y queda enmarcado allí, significaría que nuestra pareja es sólida y estamos ante una atracción que se generó, meramente, por nuestra condición de seres humanos. Como adultas, la observamos y la dejamos pasar porque estamos conscientes de que es lo mejor para nosotros y para quienes nos rodean. Ahora, si el deseo comienza a volverse inmanejable e interfiere en nuestra vida diaria, el problema, lógicamente, es otro y radica en nuestro vínculo de pareja, no en lo que pensamos o sentimos.
Por Merlina Meiler

Por Any Ventura | leido en La Nacion
Nunca como ahora las mujeres hemos logrado un lugar interesante en la sociedad. Muchas han llegado a cumbres insospechadas sin necesidad de un hombre que las patrocine. Nunca como ahora, la independencia espiritual y económica coincidieron tanto. Nunca como ahora, médicas, políticas, empresarias, empleadas, sindicalistas han logrado estar donde están por sus propios méritos y esfuerzos. Las dirigentes sociales por el apoyo sistemático de la gente y por su contracción al trabajo. Otras por la justeza de sus objetivos. Porque todas supieron desmentir la idea tradicional de que no saben moverse fuera de la casa. En cada uno de los lugares de poder se puede descubrir fácilmente a una mujer. La sociedad parece aceptar sin retaceos este ascenso. Sin ese famoso "techo de cristal" del que se hablaba un siglo atrás. Y nunca como ahora los varones nos han considerado sus pares.
Ahora bien: ¿por qué si esto es así, la televisión no lo refleja? ¿No puede o no quiere? Si la televisión es una ventana por donde uno puede mirar a una sociedad, esta ventana permanece polarizada en cuanto a este avance femenino. Y si es un espejo, resulta deformante de esta realidad social.
Nunca como ahora, médicas, políticas, empresarias, empleadas, sindicalistas han logrado estar donde están por sus propios méritos y esfuerzos
Nuestra televisión insiste en mostrar en todas sus facetas a mujeres de todas las edades en su carácter de "disponibles" para la mirada masculina. Y no sólo la mirada: se habla de botineras, raqueteras, en fin todos los adjetivos con los que se califica a las que viven de. y que se presentan en televisión para lograr ser capturadas por un varón que oficie de príncipe azul de la Bella Durmiente, que viene a despabilarlas de un largo sueño. Hoy ofician de "príncipes" empresarios, deportistas, financistas, herederos. Todo aquel que pueda dar fe de un mínimo patrimonio. En realidad casi cualquier hombre que cubra las necesidades más insatisfechas que básicas de estas mujeres. Y ellas deberán satisfacer las fantasías del personaje en cuestión.
Así se discutía si Karina Jelinek se había casado con un poderoso-poderoso o un poderoso de ficción. Y mostró autos, fiestas, departamentos viajes, aviones particulares para confirmar que finalmente había logrado salvarse gracias a este matrimonio. Hay infinidad de ejemplos de rubias rubísimas, morochas, castañas, naturales o artificiales que van en este sentido.
Es más, mujeres de edades diferentes logran su minuto de gloria al confesar sus amores con señores poderosos. Sin embargo, parecen mujeres que han podido pagar cada una de sus cuentas de su propio pecunio. No parece creíble que a las mujeres argentinas las descalifique ser consideradas amantes de un personaje influyente. Al contrario. Por eso, esta catarata de confesiones en los medios locales.
Nuestra televisión insiste en mostrar en todas sus facetas a mujeres de todas las edades en su carácter de "disponibles" para la mirada masculina
Hay un mundo de seudo vedettes, seudo modelos, seudo artistas, seudo bailarinas que son un símbolo poco amoroso de la figura femenina. Porque no parece que la salvación estuviera centrada en encontrar el amor de su vida sino en el dueño de ella.
Es interesante ver cómo la mayoría de los programas de televisión y algunos de radio hacen la apología de estos logros en las mujeres. Es decir "la salvación a través de un casamiento afortunado". Por eso es interesante preguntarse. ¿por qué la televisión no nos refleja? Sobre todo en un momento en que gracias a muchos esfuerzos nosotras mismas podemos hacernos cargo de nuestros propios deseos.
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Golpeó, ahorcó y enterró en un baldío a su esposa y fue condenado a prisión perpetua. Pero el Tribunal de Casación de la provincia atenuó la condena porque el matrimonio “estaba desnaturalizado” y la relación “estaba turbada” desde hacía años. Los jueces decidieron entonces reducir a 15 años la pena y además le otorgaron al condenado el beneficio del arresto domiciliario porque tiene más de 70 años.
Entre los argumentos que encontraron los magistrados para sostener el fallo figura el relato del homicida: “Ella no me cocinaba, siempre (me llevaba) la contra. Entonces me tuve que buscar una concubina, pero a mi señora no le gustaba. La puteaba de arriba a abajo”, declaró V.V. (iniciales del asesino) en el juicio hace 5 años en Lomas de Zamora.
En esa instancia quedó acreditado que el 11 de diciembre de 2004, en una casa de la calle Defensa, V.V. atacó a trompadas a su esposa hasta quebrarle las costillas. Después la estranguló con sus manos. Y luego ocultó el cuerpo en un terreno, a 10 cuadras. Lo condenaron sin considerar atenuantes y le impusieron la máxima pena.
Sin embargo, la defensa apeló el fallo con estos argumentos: que el esposo no tuvo intención de matar. Y que existieron “circunstancias extraordinarias” que motivaron la acción del agresor. El primer fundamento fue descartado por los jueces de Casación.
Sobre el segundo punto hubo debate y disidencia entre los integrantes del cuerpo. Pero, por mayoría, la Sala III de Casación resolvió modificar la pena y condenar a V. V a 15 años de prisión por el delito de homicidio agravado por el vínculo mediando circunstancias extraordinarias de atenuación. El hombre completará la condena en su domicilio.
PorFabián Debesa
La Plata. Corresponsal
fuente: Clarin

Los lugares para ser hombrecito
Sólo una vez antes he estado ahí, pero confieso que hoy, lunes, vuelvo con cierta saña. Quiero entender lo que sé que voy a ver. Un restaurante-bar en el que no dejan entrar mujeres. Sí, no es un lugar donde no hay mujeres en una suerte de “selección” no explícita. Éste es un lugar donde los meseros no le sirven a una mujer que pida servicio, sólo por ser mujer, y los comensales, si sienten ser suficientes para echar montón, le chiflan y la abuchean hasta que se salga.
Le pido a un amigo que me acompañe. Entramos al bar “Del Bosque” en la esquina de Circuito Interior y 13 de septiembre. Sólo hay hombres comiendo y bebiendo. Hay trajes, corbatas, blackberrys, y mancuernillas.
Los meseros todos son hombres. Veo a los comensales sonreír, bolearse los zapatos, alardear con una mano en alto. Los imagino funcionarios públicos, abogados, publicistas, periodistas, políticos o empresarios.
Ésta no es una cantina en un pueblo pequeño en donde lo que llaman “tradición” se explique por su aislamiento. Esta “tradición” en el corazón del DF parece sobrevivir con cierta arrogancia frente al cambio.
Le insisto al mesero si pueden entrar mujeres, y me dice que no, que ni ahí (excepto los sábados) ni en otro bar que está al extremo de la calle: “El Mirador”. Intento entender: ¿por qué hay hombres que quieren ir a un lugar público en el que esté prohibido que haya mujeres?
¿Quiénes creen que pueden ser ahí que no pueden ser cuando existe la posibilidad de que haya una mujer, incluso en otra mesa? ¿Qué idea de masculinidad tienen? ¿La de ser “hombrecito” de Santiago Creel o la de quien promueve a Alonso Lujambio diciendo que “el tamaño sí importa”?
Vuelvo el martes, quiero confirmar lo que me dijo el mesero en la víspera. Me acompaña una amiga. Entramos al bar. Sólo hay dos mesasocupadas con cinco personas cada una. Nos ven con sorpresa pero con una cara que parece decir: “¿nadie les explicó a estos dos?”. Los meseros nos rodean y nos dicen: “la señorita tiene que salir”. Muy amables la invitan a pasar a un privado -contiguo a la cantina-, en donde “también puede jugar dominó”, o al restaurante que es parte del mismo negocio en donde con gusto la atenderán. Ella se resiste. Pregunta a los meseros
por qué no le pueden servir en el salón principal de la cantina como a los demás. Sin dejar de sonreír, sin dar un paso atrás y con una mano que indica el pasillo para pasar al privado y al restaurante le insisten: “por tradición”. Pasamos al restaurante. Los meseros y el capitán nos ven con desconfianza.
La pregunta que me hace mi amiga resulta casi evidente:¿cómo reaccionaría la ciudad a un “lo sentimos, por tradición aquí no servimos a personas con X color de piel”? Al ofrecer servicio en un espacio contiguo, ¿están dándole la vuelta a la ley con el truco que durante décadas dividió al sur estadounidense “iguales, aunque separados”? ¿Por qué este lugar es impune al discriminar de manera tan explícita? Al
salir alcanzamos a ver un diploma que otorgó al lugar el Secretario de Turismo del GDF, Alejandro Rojas, por la calidad de su servicio.
El miércoles, quiero conocer a la competencia de “Del Bosque”. Ahora con un amigo voy a “El Mirador”. El restaurante y el bar están divididos por un pasillo, con entradas distintas, y en el segundo no sirven a las mujeres. El lugar está lleno. Hay camionetas, choferes, coches de lujo sobre la banqueta y guardaespaldas afuera. La separación es tan explícita que en la cantina sólo hay baño para hombres. Le pregunto al mesero si no dejan entrar mujeres, y me da la misma respuesta: “No. Por tradición”.
Pienso en las tradiciones de esta ciudad. Pienso en la tradición de no discriminación que tanto nos enorgullece en el DF y que se refleja en leyes. Pienso en esa tradición que alguna vez se atrevió a enfrentar a los cadeneros de los antros. Pienso que las tradiciones no cambian sólo con leyes. Cambian con crítica e invasión. Veo a mujeres cambiando tradiciones todos los días, retando las expresiones más ridículas de
masculinidad. Las veo sentadas en esos bares enfrentando a los que las quieren excluir por ser mujeres. A los que sólo quieren que departan con ellos, en sábado -cuando están de asueto- y no entre semana cuando, entre hombres, no se quieren distraer de lo “verdaderamente importante”.
De lo que los hace hombrecitos.
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Las mujeres ganan más dinero en la Bolsa y lo administran mejor, son mejores espías, soldados, policías y demás, acaso por una diferencia hormonal que les permite tener los pies en la tierra.
La revista Time tiene un interesante artículo el que se sostiene, de manera un poco sesgada, que las mujeres hacen casi cualquier cosa mejor que los hombres.
Un estudio realizado por Barclays Wealth y Ledbury Research encontró que las mujeres se desempeñan mejor en el mercado burástil, haciendo más dinero, debido a que en general toman menos riesgos.
La investigación, llevada a cabo por los investigadores financieros Brad Barber y Terrance Odean, descubrió que las mujeres obtuvieron mejores resultados en sus inversiones que los hombres, resultado confirmado en el 2005 por Merrill Lynch, que halló que el 35% de las mujeres mantuvo una inversión demasiado tiempo a diferencia del 47% de los hombres. Asimismo la compañía Vanguard concluyó que durante la reciente crisis financiera, los hombres tuvieron más probabilidad de vender sus acciones en el punto históricamente más bajo.
Algunos estudios sugieren que los hombres “creen que saben lo que están haciendo cuando en realidad no saben lo que están haciendo”, porque muchas veces tienen un exceso de confianza. Esto parece estar relacionado a las recompensas de testosterona que reciben los hombres cuando ganan algo.
El llamado “efecto del ganador” explica que cuando dos hombres compiten sus niveles de testosterona se elevan, aumentando su masa muscular y la capacidad de oxígeno de la sangre. Esto también aumenta su apetito al riesgo. Generalmente el que gana la competencia mantiene el derrame de testosterona; el que pierde, por el contrario, se retira sin esta descarga hormonal “a lamer sus heridas”. La próxima vez que compite, el hombre que ganó tiene el plus de tener un estado de testosterona reforzado.
Sin embargo, los esteroides, como la mayoría de los químicos en el cuerpo, desarrollan una curva de respuesta en forma de U invertida (o herradura). Cuando los niveles de testosterona aumentan, incrementa también la destreza y la concentración. Pero si sigues ganando el nivel llega a su pico y se desliza hacia el otro lado, dando comienzo a la caída porque empiezas a hacer cosas estúpidas. Sales mucho de tu zona de confort. Te peleas con cualquiera. Dejas de proveer a los demás. Expandes demasiado tu territorio (esto visto desde la perspectiva animal).
Las mujeres, que solo tienen el 10% de la testosterona del hombre, no presentan este efecto de exceso de confianza.
En el libro Man Down: Proof Beyond a Reasonable Doubt That Women Are Better Cops, Drivers, Gamblers, Spies, World Leaders, Beer Tasters, Hedge Fund Managers, and Just About Everything Else, Dan Abrams argumenta que las mujeres son mejores en casi cualquier cosa, especialmente en las actividades que incluyen riesgos. En el caso de los soldados, Abrams nota que las mujeres son mejores que los hombres porque se quejan menos del dolor y recuerdan mejor las caras y las palabras. Además tienen menos probabilidades de ser golpeadas por un rayo (o caer en una emboscada) porque no se exponen a una tormenta. Son mejores espías, también, porque son logran que las personas hablen con ellas cándidamente.
Evidentemente los hombres son mejores que las mujeres en muchas otras cosas (y seguramente esta discusión es absurda, todo el discurso de “la guerra de los sexos” es estéril). Aunque aquí el problema en cuestión es, sobre todo, la actitud. Si bien los impulsos de la testosterona también tienen su lado positivo (principalmente un aspecto de descubrimiento y desarrollo tecnológico: de conquista), quizás el nuevo paradigma en el que vivimos —em el que ese impulso ha hecho de la Tierra un espacio frenético de consumo y explotación, tomando el riesgo sin medir las consecuencias— hace que sea el momento de preferir o al menos incluir de manera significativa el acercamiento femenino a hacer las cosas. Hay algo que el artículo del Time no menciona en lo que las mujeres son mejores que los hombres: sentir. Las mujeres han desarrollado históricamente una mayor capacidad para sentir y entrar en contacto tanto con sus emociones como con las emociones de los demás. Esto se puede deber a la biología, al instinto maternal, a los arquetipos de la mente humana o a los roles sociales que han tomado. De cualquier forma desarrollar la capacidad de sentir y dejar libres los sentimientos, escucharlos y expresarlos, otorga un tipo de inteligencia vital que en muchas ocasiones penetra donde la razón no llega (como dijera Pascal: “El corazón tiene razones que la razón no entiende”). Cuando nos ponemos a pensar e indagar profundamente para qué estamos en la Tierra, para qué tenemos un cuerpo, es difícil llegar a una respuesta más sincera y sencilla que para sentir.
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